«Es muy difícil el consenso en educación, los intereses partidistas y tacticistas mandarán»

Julio Rubio, rector de la UR, en un momento de la entrevista. :: jonathan herreros
Julio Rubio, rector de la UR, en un momento de la entrevista. :: jonathan herreros
Julio Rubio | Rector de la Universidad de La Rioja

Escéptico con el «sueño» de pacto, prefiere batallar con los problemas presentes, como la elevada interinidad, y pulir la EBAU para el próximo año

Carmen Nevot
CARMEN NEVOTLogroño

Desde que de forma sorpresiva en abril del 2016 fue elegido rector de la Universidad de La Rioja, Julio Rubio (Tarazona, 1963) ha imprimido un nuevo aire a una institución que el pasado mes de mayo cumplía 25 años. Uno de sus principales objetivos era abrir el campus a la sociedad, un camino que dice haber emprendido y que comienza a dar sus frutos. En el horizonte, este hombre menudo tiene unos cuantos frentes abiertos, como la lucha contra la interinidad, un mal endémico de la universidad española, para, más allá de las restricciones presupuestarias, dignificar la labor de los docentes e investigadores.

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- Vayamos al grano. Hace unos días, se adjudicaron las obras de la Escuela de Enfermería y ya han arreciado las críticas por la rebaja de casi 5 millones sobre el presupuesto base de licitación. ¿Comparte las críticas?

- No es tanto una cuestión de crítica, sino de que como somos administraciones públicas estamos atados por la ley y la ley dice que siempre tenemos que coger la oferta más baja. Pero nuestra experiencia, con la cuarta fase del Complejo Científico Tecnológico (CCT), es muy mala en ese sentido. Pero no quiere decir que ahora vaya a ocurrir lo mismo.

- En los últimos años ha habido una caída del número de alumnos. ¿A qué atribuye el descenso?

- Esa afirmación hay que ponerla en contexto. Primero, toda la universidad española pierde alumnos por una cuestión demográfica. Segundo, nosotros somos muy eficaces en la captación, es decir, en primer curso. Lo que sucede es que hay una tasa de abandono motivada por cuestiones muy diversas y hay que intentar actuar sobre ellas.

- ¿Influye el precio de las tasas en segunda y sucesivas matrículas?

- Es un hecho explícito que aumentan mucho la tercera y cuarta y vemos que el abandono se está produciendo no en primero sino en cursos superiores y nos preocupa. La sociedad ha hecho una inversión y al final es un fallo para todos que abandonen. En este sentido, hemos abierto un diálogo con la Consejería de Educación para intentar que el próximo año las tasas que son más elevadas se puedan aligerar. Sería en la segunda, tercera y sucesivas matrículas y también en los másteres no habilitantes.

- Otra de las cuestiones que introdujo Wert, además del incremento de las tasas, es la devolución de la beca si no se aprueban el 50% de los créditos o el 60% en función de los estudios. ¿Entiende la medida?

- Estamos totalmente en desacuerdo con la política de becas del Gobierno y cuando hablo en plural me refiero a que la CRUE (Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas) en el último consejo de universidades votó en contra del decreto de becas. Ni estamos de acuerdo con el número de becas que se conceden, tienen que ser más y de mayor cantidad, y hay que ser mucho más flexibles tanto en la concesión como en el mantenimiento de las becas. No puedes estar castigando a los estudiantes que son de clases desfavorecidas de una forma exagerada y que el niño de la clase pudiente, ese da igual si suspende mucho o poco. Hay que tener en cuenta que tenemos normativas de permanencia muy severas, en tiempos era tradicional el estudiante que acababa la carrera de cinco años en doce, eso se terminó. Un estudiante que no cumple se le echa de la universidad. Entonces, no castiguemos doblemente a los que tienen menos dinero. La universidad pública tiene que ser un mecanismo de igualación social, tiene que ser equitativa, si no no sería pública. Al mal estudiante ya lo echan las normas de permanencia. La política de becas del Gobierno de España es mala en general. No está haciendo el servicio que debe hacer.

-Al final se llamó EBAU y es transitoria, pero, visto lo visto, ¿usted por qué apostaría, por una segunda EBAU en junio del 2018 o por la nueva prueba fruto del consenso?

- Son mucho más estables las cosas que se hacen transitorias que las que se hacen con ánimo de perdurar. Las grandes leyes que se hacen con ánimo de perdurar con una reflexión enorme llega el año siguiente el gobierno de turno y se las carga y las cosas que se hicieron deprisa y corriendo en ocasiones ahí quedan. En la medida en que promovimos la EBAU y como está clarísimo que se va a mantener el año que viene, tenemos la responsabilidad de intentar que mejore, porque aunque hemos quedado relativamente satisfechos, ha habido detalles que han chirriado. Que las reglas de juego no estuviesen claras hasta febrero, marzo o incluso mayo, eso es una irresponsabilidad del Ministerio enorme.

- ¿Es posible el consenso para abordar la futura la Ley Educativa?

- Es muy difícil, el partidismo mandará, los intereses partidistas y tacticistas respecto a las elecciones mandarán.

- Pero cuando a finales del año pasado los grandes partidos acordaron negociar un pacto nacional por la educación nos lo creímos.

-Lo desearía muy mucho, pero soy muy pesimista. Prefiero tener una EBAU mejor que soñar con que hay un acuerdo global que dé estabilidad al sistema, que sería deseable, pero que lo veo muy lejano.

- Las plazas convocadas para este año ¿serán suficientes?

- Nos hemos beneficiado de las negociaciones de última hora en el Senado de los Presupuestos del Estado. Se logró que el personal docente e investigador de las universidades, que en principio estaba excluido, apareciera. Tenemos un problema de interinidad enorme y ahora sacaremos 9 plazas, que son pocas pero son muchísimas comparadas con la oferta de empleo que ha habido hasta ahora. Esto significa que hay una apuesta firme de este equipo de dirección, más allá de las restricciones presupuestarias, por intentar dignificar la labor de nuestros docentes investigadores y en eso tenemos el acuerdo de partida del Gobierno de La Rioja, que lo incorpora también a su plan de lucha contra la interinidad.

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