Devoción en la Limpieza del Cristo

Fieles en torno al Cristo Yacente, que mañana saldrá en la procesión del Santo Entierro. :: juan marÍN
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Fieles en torno al Cristo Yacente, que mañana saldrá en la procesión del Santo Entierro. :: juan marÍN

Como cada Miércoles Santo, La Redonda acogió uno de los actos más emotivos de la Semana Santa Miles de logroñeses cumplen con una tradición que cada vez cuenta con más seguidores

ÁFRICA AZCONA* AAZCONA@DIARIOLARIOJA.COM

logroño. Toda la vida pendiente de asistir a la Limpieza y Veneración del Cristo del Santo Sepulcro, pero las obligaciones unas veces y el descuido otras hicieron que Teresa González fuera dejando pasar año tras año sin cumplir su deseo. Hasta ayer que, recién cumplidos los 80, esta logroñesa fiel a las tradiciones de su ciudad no quiso dejar pasar el momento y se presentó puntual en La Redonda. «No he venido por ninguna petición, sólo vengo a dar gracias por toda mi vida, por lo feliz que he sido», aseguró. Como a ella, la limpieza del Cristo volvió a citar en la Capilla de los Ángeles a cientos de devotos, que desfilaron emocionados, cada uno con su particular homenaje y petición a una imagen a la que cada vez se sienten unidos más logroñeses. Y, aunque se repita cada año desde hace más de 60, la expectación era plena. El prolongando desfile de fieles con niños incluidos para besar y tocar la talla, una de las más veneradas, se vivió con la intensidad de la primera vez. No en vano se trata de un momento muy especial, ya que es la única vez en todo el año que se saca de su urna la imagen, también conocida como el 'Cristo de la Salud'.

Como cada Miércoles Santo, las campanas de La Redonda avisaban del inicio del acto a las 12 en punto. El obispo Carlos Escribano entraba en la Capilla de los Ángeles abarrotada en medio de un silencio emocionado. Acto seguido, se daba la orden de extraer el Cristo de la urna donde se guarda durante todo el año. Los cofrades del Santo Sepulcro, este año liderados por la recién elegida hermana mayordomo, Idoya García Ezquerro, desprecintaron el arca de cristal para colocarlo, a continuación, con mimo sobre cojines frente a la puerta principal de La Redonda. Allí se colocó a disposición de los logroñeses que querían verlo y que hacían fila desde hacía rato en la plaza del Mercado.

El Cristo 'sereno'

Algunos llevaban en la manos objetos personales para pasarlos por la imagen, sobre todo eran pañuelos y medallas, aunque también se acercaron gafas, llaves, relojes, anillos, bastones... Nati, acudió en esta ocasión con las fotos de sus hijos y nietos para pedir protección, lo hacía acompañada de su hermana Margari, en deuda con su Cristo por un favor o un «milagro» -como decía ella- que le concedió hace más de 30 años. «Desde entonces vengo mucho y hablo con él», relataba.

Y es que la imagen del Cristo Yacente, una figura de más de 3.000 kilos donada por el capitán logroñés Gabriel de Unsáin, pasa por ser una de las que más milagros concede. Milagrera y generosa. El hermano mayor de la Cofradía del Santo Sepulcro, Gerardo León, de 49 años, reconocía que lo que más le sobrecoge del Cristo es su serenidad y, más concretamente, «la caridad que transmite, que te mete en un mundo de tranquilidad», se sinceraba poco después de que los miembros de la Cofradía del Santo Entierro iniciaran el 'aseo' correspondiente de la imagen. Mañana Viernes Santo paseará por las calles de la ciudad. Será en la magna Procesión del Santo Entierro, con salida a las 19.30 horas desde la Plaza del Mercado.

Tradición y fervor también se dieron la mano anoche en los minutos previos a la popular y multitudinaria procesión del Encuentro, pero la lluvia -que empezó débil- obligó a mirar al cielo y decidir suspender uno de los actos centrales de la Semana Santa de la capital riojana. «Las imágenes de 'Jesús Nazareno' en la Iglesia de Santiago el Real, y 'La Dolorosa' en la Capilla de los Ángeles de Santa María de la Redonda, se quedan al culto y veneración de sus cofradías y el pueblo en sus respectivas sedes canónicas», comunicaban con tristeza desde la Hermandad de Cofradías. Como con trapunto, en Arnedo, Haro y Calahorra, vivieron con intensidad y fervor sus propias procesiones.

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