«La despoblación es un problema menos grave frente al de la natalidad»

Alejandro Macarrón. :: a.p./
Alejandro Macarrón. :: a.p.
Alejandro Macarrón | Fundación Renacimiento Demográfico

Macarrón defiende la importancia de poner en marcha un plan de natalidad para afrontar una realidad que tilda de «suicidio demográfico»

Luis J. Ruiz
LUIS J. RUIZLogroño

«Hay que incentivar la natalidad». Ese es el mensaje que lanza desde la fundación Renacimiento Demográfico su director, Alejandro Macarrón, que esta tarde participa en el centro Fundación Caja Rioja-Bankia (19 horas) en un coloquio organizado por La Bitácora XXI bajo el título 'Suicidio demográfico: ¿una muerte silenciada?'. Esa, sostiene, es la única solución para acabar con la falta de relevo social. Aboga por la implantación de medidas fiscales, por la recuperación de valores tradicionales y endurece su discurso criticando que las administraciones públicas, con medidas como el divorcio 'exprés' o sufragando «medidas contraceptivas» envíen a la población mensajes equívocos que «en nada ayudan» a solucionar la crisis demográfica.

- Buena parte de España se queda desierta sin relevo poblacional. ¿Es ese uno de los retos demográficos a abordar?

- Hay dos fenómenos superpuestos. Por un lado, la despoblación de las zonas rurales, que es triste y forma parte de la economía moderna; y por otro, que es lo que verdaderamente nos debe preocupar, el hecho de que nazcan menos niños de los que necesitamos para mantenernos como población. Un suicidio demográfico. La despoblación es triste, pero un problema menos grave. Por ejemplo, en La Rioja nacen menos españoles de los que mueren desde 1990.

- Y frente a esa realidad, ¿qué soluciones propone?

- Primero hay que hacer el diagnóstico del problema y después entrar a fondo. Cuesta dinero criar a los niños y es justo que a los padres se les incentive de manera fiscal, con bonificaciones, reducciones de cuotas a la Seguridad Social, se puede añadir un extra en la pensión de quienes tuvieron más hijos y que hicieron un mayor esfuerzo por mantener el país... También es importante que los costes de la natalidad no recaigan en las empresas. Por otro lado es una cuestión de valores. Tenemos que prestigiar la maternidad, la paternidad y la familia. Que a la madre que tiene muchos hijos no se le vea como una coneja sino como una heroína. En España la gente casi no se casa y se divorcia mucho y las parejas con menos estabilidad, como las de hecho, tienen menos hijos. En la misma línea, no tiene sentido que el Estado y las comunidades paguen sistemas contraceptivos, se llame aborto o anticonceptivos. España necesita niños y el que no quiera tenerlos, si eso cuesta dinero... Sucede lo mismo con la ley del divorcio 'exprés'. Si el Estado facilita que te cases y no te divorcies también influye en la natalidad. El Estado tiene que se neutral o favorecer lo que promueva la natalidad, no al contrario.

- ¿La inmigración ha venido a resolver ese déficit de natalidad?

- Antes el inmigrante tenía un solo plan que era trabajar. Ahora, con los estados de bienestar, vienen a trabajar y si no consiguen trabajo tienen subsidios. Todos sabemos que hay problemas de integración en no pocos lugares y en el 2015, según el Eurobarómetro, era el principal problema en todos los países menos en Portugal, que era el segundo. La inmigración no ha solucionado el problema del todo porque ya no tienen muchos hijos. Si vienen muchos, no se integran y cuestan mucho en subsidios, es un problema. Lo fundamental es un plan de natalidad.

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