«No le deseo a nadie la noche que hemos pasado»

Estado que presentaba la A-12 en el alto de San Antón (pasado Nájera) a última hora de la tarde del pasado sábado. :: /Txaro
Estado que presentaba la A-12 en el alto de San Antón (pasado Nájera) a última hora de la tarde del pasado sábado. :: / Txaro

Diario LA RIOJA recoge el testimonio de viajeros que relatan toda una madrugada «en vilo y en vela» | La nieve dejó atrapados durante horas en la AP-68 y en la A-12 a cientos de conductores camino de Logroño, que se quejan de escasez de medios y desinformación

Javier Campos
JAVIER CAMPOSLogroño

Jamás se hubiesen imaginado que, una vez cogido el coche, un viaje tantas veces completado sin problemas se convertiría en semejante odisea. «Un infierno», según unos, que afortunadamente «quedó en anécdota», según otros. Cada cual se queda con una parte de una tarde-noche -incluso madrugada- «en vilo y en vela». Las previsiones, como el común coincide en señalar, «daban malo», pero nadie se pensaba que la situación pudiese llegar a complicarse tanto. El temporal de nieve trajo el más absoluto de los caos a las carreteras riojanas, y no precisamente en las secundarias, sino en las principales: la N-111 (que quedó cortada), pero sobre todo en la autopista AP-68 y en la A-12, la autovía del Camino, donde centenares de vehículos quedaron atrapados con sus ocupantes durante horas, hasta nueve y cinco respectivamente.

Hablan de falta de previsión, de medios insuficientes, de desinformación y de poca eficacia en el dispositivo de gestión de una alerta que, una vez en casa y tras recuperar horas de sueño, por fortuna quedó en un susto. En un gran susto, eso sí, pues el pánico es libre... Trayectos de apenas media hora pasaron a durar cuatro horas y de poco más de una hora llegaron a ser nueve por la nieve (que cayó copiosamente hasta bien entrada la madrugada)... los vehículos cruzados aquí y allá... y la imposibilidad de avance de las máquinas quitanieves. Un cúmulo de circunstancias que coincidieron convirtiendo las vías en 'ratoneras'. Algunos no dudan en que cada cual reacciona como puede en estos casos y a otros no se les olvidará ya la imagen de efectivos de la Guardia Civil, Protección Civil y Cruz Roja tratando de liberar a los vehículos pala en mano.

«Fue de película de supervivencia, de locura. Vi buena voluntad, pero muy poca eficacia» Martín Ochoa | Nueve horas en la AP-68

«Durante las primeras seis horas no supimos nada, pero los que llegaron a ayudar lo dieron todo...» Mónica Carrión | Nueve horas en la AP-68

«Ni todos llevamos el mismo coche ni sabemos actuar... el caos, a veces, lo provoca el conductor» Javier Romero | Cinco horas en la A-12

«Se notaba la falta de liderazgo, no había indicaciones claras y la gente se paralizó» Iñaki (nombre figurado) | Cinco horas en la A-12

«Las quitanieves llegaron tarde, queda claro que no estamos preparados para este tipo de imprevistos» Fernando Pérez-Aradros | Cinco horas en la AP-68

«No le deseo a nadie la noche que hemos pasado, viajando con mi familia, que se han portado de 10 empezando por los niños, con mi padre enfermo... A mí desde luego que no me volverá a pasar más. Te aseguro que no vuelvo a coger el coche cuando estemos en alerta». Las palabras de Martín Ochoa tras nueve horas 'retenido' en las Conchas de Haro mientras regresaba de Marquina (Vizcaya) de la tradicional comida de Reyes son uno de los testimonios que Diario LA RIOJA recababa ayer después de que la situación se normalizase.

El cruce de un camión articulado en la AP-68 poco después de las 19 horas a la altura del kilómetro 79, a su paso por Haro, cortaba el tráfico en sentido Logroño provocando un kilométrico atasco que fue aumentando según pasaban las horas. La vía no quedó despejada hasta pasadas las cinco de la madrugada. Un punto en el que Martín, y otros muchos, quedaron detenidos hasta nueve horas y sin saber muy bien qué sería de ellos. «Salimos a las 18.10 de la tarde de un restaurante de Marquina, yo, mi mujer, mis dos hijos, de 10 y 13 años, y mis padres, de más de 70, después de que mi cuñada nos llamase desde Murillo a las 17.30 horas diciendo que estaba nevando en La Rioja... Y fue a cinco minutos de llegar a los riscos de Haro cuando me paré... yo y todos», cuenta emocionado.

El hijo de Mónica, junto a la quitanieves. ::
El hijo de Mónica, junto a la quitanieves. ::
La A-12 estuvo colapsada hasta la medianoche, donde no paraba de nevar. ::
La A-12 estuvo colapsada hasta la medianoche, donde no paraba de nevar. :: / Sonia Tercero
Un intento de ayuda en la A-12. ::
Un intento de ayuda en la A-12. :: / Sonia Tercero
Asistencias en la AP-68 captadas por uno de los testimonios recogidos por Diario LARIOJA. ::
Asistencias en la AP-68 captadas por uno de los testimonios recogidos por Diario LARIOJA. ::
Un intento de ayuda en la A-12. ::
Un intento de ayuda en la A-12. :: / Sonia Tercero

Eran las ocho de la tarde y hasta las 5.15 de la madrugada Martín y familia apenas pudieron avanzar 500 metros en un cambio de carril y otros 500 en otro. «En el último me quedé a nueve kilómetros de Haro», recuerda quien asegura que paró justo enfrente de la señal que daba la bienvenida a la comunidad autónoma de La Rioja. «El coche era incontrolable, me patinó en cada uno de esos dos movimientos y eso que llevaba un espray para las ruedas... gracias a Dios que llevaba el depósito lleno», explica para añadir que hubo conductores que se quedaron sin gasolina necesitando ser socorridos. Martín, al ver que la situación iba para largo, apostó por apagar el motor y las luces. «Pasé frío y hoy, de hecho, me sigue doliendo una rodilla», dice tras comentar que las asistencias no llegaron hasta pasadas varias horas.

«Creo que el dispositivo se activó muy tarde. Y una vez que llegaron la Guardia Civil y Cruz Roja de Miranda todo fueron buenas palabras, mucha educación, pero poca eficacia», lamenta mientras añade que de madrugada le hablaron de la posibilidad de trasladar a los niños a un albergue -posibilidad que nunca se dio- y de que apenas tenían agua y leche caliente para ofrecer. «Fue de película de supervivencia, una locura», rememora. Martín y los suyos arrancaron a las 5.15 y llegaron a Logroño pasadas las 6.30 agotados, asustados, «y a 50 kilómetros por hora después de lo vivido».

La familia Ochoa coincidió, incluso creen que iba «dos o tres coches delante», con el diputado popular Emilio del Río, quien vivió la misma situación camino a Logroño, y en su caso, tiró de Twitter para ir dando cuenta de sus venturas -y desventuras-.

Mónica Carrión, de la misma manera, regresaba de Bilbao a Logroño a las 19.15 de la tarde y llegó a su domicilio a las 6 de la madrugada. Casi once horas con niños pequeños, de 8 y 10 años, y con la crítica recurrente de que durante las seis primeras horas «no supimos nada de nada ni vimos a nadie salvo a los conductores atrapados como nosotros». «A las nueve de la noche apareció un quitanieves, pero ahí se quedó durante horas... de hecho, a mi hijo pequeño, cansado y nervioso, llegó un momento en el que tuvimos que bajarle del coche y subirle en la quitanieves para que lo viviese como una aventura y se tranquilizase». «Lo más curioso del asunto es que en dirección Bilbao estaba complicado pero no paraban de pasar vehículos, incluso pesados... camiones y autobuses».

A esa hora ya había trascendido que, por ejemplo, en la A-12, el otro punto de colapso en la red regional, bomberos de Logroño, a la altura de Huércanos, trataban de localizar a una persona en los vehículos atrapados «con riesgo de infarto». Mónica, al respecto, pudo ver como en la AP-68, sobre las dos de la madrugada, la Cruz Roja, previa intervención de la Guardia Civil, rescataba y trasladaba a Haro a un niño «que según nos dijeron se había puesto enfermo».

«Pese a todo, me gustaría dar las gracias a las personas que intentaron ayudarnos. Si bien en mi opinión faltaron medios materiales, sí que los que consiguieron llegar hasta allí hicieron todo lo que pudieron», sentencia. Tampoco es que ellos vieran mucho criterio o, cuanto menos, un criterio único: y es que si a las dos de la madrugada les dijeron que les iban a intentar sacar en sentido contrario hasta Miranda -«y eso que a la 1.30 leí que el atasco ya no estaba y que todo se había solucionado»-, no fue hasta pasadas las cinco de la madrugada cuando los vehículos pudieron empezar a moverse.

La situación fue tal que, quien más, quien menos, se quedó atascado dejando motor en marcha y luces encendidas y según pasaban las horas y ante la incertidumbre de cuando podrían salir de allí optaron por retirar la lleva del contacto. «Imagínate a la una y las dos de la madrugada sin luces, nevando como si no hubiese mañana, sin nada que comer y con gente saliendo a orinar o a pasear el perro», describe

Si en la AP-68 el atasco fue de nueve horas, en la autovía del Camino, la A-12 y concretamente en los alrededores del alto de San Antón (pasado Nájera) sentido a Logroño, el colapso llegó a las cinco horas. Javier Romero, con la mujer y los suegros a bordo (y sus cuñados justo en el coche de detrás), veían interrumpido su viaje desde Viloria de Rioja a la capital nada más llegar a Nájera. A partir de ahí... «cinco horas y media en el vehículos tras salir y dar la vuelta en hasta dos comarcales para un viaje que dura 35 minutos», resume. Desde las 19 hasta las 00.30 horas, pasada la medianoche, viendo a las asistencias sobrepasadas y desbordadas. «Y eso que la carretera en sí estaba bien, pero lo cierto es que parte del problema era que los accesos desde Nájera seguían abiertos y los conductores caían en la trampa». De la misma manera, Javier entona el 'mea culpa' y lo hace extensible a los conductores. «Ni todos llevamos el mismo coche ni sabemos actuar en estos casos, con lo que el caos a veces lo provocamos nosotros mismos pues nos ponemos nerviosos y no atendemos a razones». Y es que Javier cree que hubiese bastado con apartarse a un carril, dejando despejado otro, cuando las condiciones, al principio de la tarde, lo permitían.

Iñaki, nombre figurado por cuestiones laborales, también alude a lo mismo. Salió sobre las 18.20 horas de San Domingo quedando 'varado' en Nájera. «Llegué a la 1 de la madrugada a Logroño», dice quien añade que conducía un 4x4 con ruedas de nieve y todo cuenta. «Se notaba una clara falta de liderazgo, no había indicaciones claras y la gente se quedó parada sin saber qué hacer cuando aún se podía hacer algo». Niños pequeños llorando, gente saliendo del vehículo en busca de respuestas... «En mi caso, tomé la iniciativa, y despacito y con precaución fui avanzando hasta llegar a mi destino», cuenta.

La situación de muchos, centenares, la resume el testimonio de Fernando Pérez-Aradros, quien junto a su mujer viajaron desde Arnedo a Bilbao a llevar a su hijo al aeropuerto de Loiu, desde donde cogía un vuelo a Stuttgart (Alemania) tras las navidades. «Llegó él antes que nosotros», bromea después de regresar a casa poco antes de la medianoche y con su hijo ya soñando entre germanos. «Yo sería de los primeros en quedarme parado en las Conchas de Haro, sobre las 19.30 horas, y delante de mí no habría más de 20-25 coches. Y ello pese a que es un tramo con tres carriles y, superado el camión que supuestamente lo provocó todo, este no cortaba más de dos», dice extrañado.

En cualquier caso, Fernando tuvo suerte y superó tal obstáculo cuando otros tuvieron que esperar varias horas más. «Las quitanieves llegaron tarde, y no hay duda de que no estamos preparados ni para este tipo de imprevistos ni para estas condiciones de conducción». El arnedano, que vio el camión antes que nadie y, por tanto, escapó del atasco de los primeros, se queda con la parte, amable, si es que la tiene, de la odisea compartida. Y esa no fue otra que la visión de un niño que, en plena retención, no dudó en ponerse unos esquíes y aprovechar tan mullido manto blanco para deslizarse cuando otros permanecían estancados.

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