«Se desconoce lo que hacemos; de nuestra actividad, las autopsias son menos del 10%», explica Fernández de Luco, Médico Forense

La médico forense María Fernández de Luco, en el Instituto de Medicina Legal. :: andrea aragón/ANDREA ARAGÓN
La médico forense María Fernández de Luco, en el Instituto de Medicina Legal. :: andrea aragón / ANDREA ARAGÓN

En La Rioja se practicaron, en el 2016, 127 autopsias y más de 1.600 informes médicos periciales

M. CASADO LOGROÑO.

Las ideas preconcebidas no suelen ser las acertadas. En el sótano del nuevo Palacio de Justicia se ubica el Instituto de Medicina Legal de La Rioja. De primeras, ni rastro de salas que impresionen. Estancias acristaladas, muy luminosas a pesar de estar en el -1, que todavía huelen a nuevo. Sólo a nuevo. Y ahí una médico forense, natural de Viana, María Fernández de Luco, se lanza a desmitificar una profesión desvirtuada. Las series americanas tienen parte de culpa: CSI, Bones o El cuerpo del delito son sólo ejemplos. «Muestran cosas que no pasan en realidad, al menos en España los análisis no son al momento y los casos no se resuelven en horas».

A menudo, como reconoce, «la gente no sabe que soy médico, ni qué hago exactamente». Para el gran público, el forense pasa sus días entre cuerpos inertes. «De toda nuestra actividad, lo que tiene que ver con muertes judiciales, es decir, aquellas que están sujetas a investigación judicial (bien de las llamadas violentas -por accidentes, suicidios u homicidios- o naturales), ocupa un porcentaje bastante bajo».

En cifras, el año pasado en La Rioja se realizaron 127 autopsias, de ellas 69 fueron por muertes violentas, 56 naturales y dos correspondieron a restos óseos encontrados. «Podemos andar en unos doscientos casos clínicos (valoraciones periciales con vivos) al año por médico forense, más de 1.600 en total, y en torno a una veintena de autopsias, es decir, menos del 10%».

El seguimiento de las citadas muertes judiciales comienza cuando el médico forense está de guardia y es reclamado por el juzgado de instrucción de guardia para que vaya al lugar de los hechos y abra diligencias para el levantamiento de cadáver. «Acudimos, estudiamos las circunstancias, todo, lo que nos aporta la Policía...». Al día siguiente se lleva a cabo la autopsia, en la que como mínimo participa un médico forense y un técnico auxiliar. Ahí se hace el informe provisional donde se marca la data (hora del fallecimiento), causas provisionales de la muerte y la tipología médico-legal. También se recogen muestras para varios tipos de análisis y se envían a Madrid. Una vez recibidos los resultados se emite el informe definitivo, pero para eso pueden pasar meses.

Mucha responsabilidad

Sin embargo, su quehacer diario es mucho más extenso. «Realizamos valoraciones periciales para temas de psiquiatría, de drogas, asistimos a juicios cuando se nos cita, valoramos daños corporales (por accidentes de tráfico o por agresiones), también cuando estamos de guardia nos tocan temas de abusos sexuales previa denuncia, etc. Todo ello, atendiendo a requerimientos judiciales», subraya. Asimismo visitan casos en el hospital... «Es un trabajo muy variado. Yo estudié por vocación, por investigar y las autopsias, pero cada vez me gusta más la parte clínica. Tenemos mucha responsabilidad: de nuestra valoración puede depender la imputabilidad de una persona o su incapacitación, por ejemplo».

Pero estamos en el Instituto de Medicina Legal y no podemos irnos sin comprobar lo que todo el mundo espera: sí, al fondo hay una sala de autopsias, y cámaras para preservar los cadáveres. La zona está aislada. Pasamos las dos estancias previas. Cambian las sensaciones... Pero no podemos seguir, acaba de finalizarse una autopsia. Cosas del directo.

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