La derrota de los condestables

Arriba, una imagen del palacio de los condestables, en Casalarreina, en ruina pero todavía firme, en el siglo XX. /
Arriba, una imagen del palacio de los condestables, en Casalarreina, en ruina pero todavía firme, en el siglo XX.

El palacio era propiedad de varias familias y no todas querían vender. No hubo acuerdo. En julio del año 2003 se cayó el tejado. En junio del año 2008 se desplomó buena parte de la fachada

PÍO GARCÍA

Los Fernández de Velasco eran gente muy empinada: condes de Haro, señores de Vizcaya y condestables de Castilla. A mediados del siglo XV se les ocurrió levantar un alcázar a orillas del río Oja, en la aldea de Casalarreina. Dicen las crónicas que al principio pensaron que tuviera forma de castillo, como el que ya habían construido en Medina de Pomar -una mole imponente y rotunda-, pero al final, quizá porque levantaron las suspicacias de los aristócratas rivales y hasta de los propios Reyes Católicos, decidieron darle una forma más amable y grácil, menos guerrera. Nació así el Palacio de los Condestables, uno de los edificios civiles más notables, hermosos y elegantes del Renacimiento riojano... hoy convertido en un puro escombro.

En su edición del pasado domingo 15 de abril, este periódico pasaba revista a algunos monumentos en trance de derrumbarse si alguien (sus propietarios, la administración, algún mecenas) no interviene con cierta urgencia; por ese infausto barranco ya se ha despeñado el Palacio de los Condestables. En el año 2001, el Ayuntamiento, ante el deterioro progresivo del edificio, pidió ayuda a la Consejería para recuperarlo y asumir su restauración. El palacio era propiedad de varias familias y no todas querían vender (o no por el precio que las administraciones estaban dispuestas a pagar). No hubo acuerdo. En julio del año 2003 se cayó el tejado. En junio del año 2008 se desplomó buena parte de la fachada. Por dentro, el palacio era ya simple agujero sin majestad ni porte; un fantasmagórico recuerdo de lo que alguna vez fue: en lugar que sirvió de posada al papa Adriano IV.

Los venerables condestables de Castilla llevaban lustros de agonía, pero fueron definitivamente derrotados en el siglo XXI, víctimas de la incuria y de una cierta dejadez social: a nadie le importó demasiado que el palacio se cayera. No hubo manifestaciones populares ni declaraciones altisonantes ni lamentos esdrújulos. El castillo de Davalillo, en San Asensio, puede ser la siguiente víctima de este virus indolente que va corroyendo el patrimonio riojano hasta reducirlo a cenizas.

La actual propietaria del Palacio de los Condestables, una constructora guipuzcoana, Lantegui, lleva años prometiendo su resurrección. Pero de momento solo hay curiosas maquetas.

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