«La Infanta Cristina consintió y conoció»

La autora, en una imagen de archivo. :: l/I.A. GÓMEZ
La autora, en una imagen de archivo. :: l / I.A. GÓMEZ

La periodista presenta hoy en Logroño (19.30 horas, Espacio Santos Ochoa) su última obra en torno a los entresijos, aristas ocultas e intrigas del Caso Nóos

Teri Sáenz
TERI SÁENZLogroño

Pilar Urbano (Valencia, 1940) ha vuelto a hacerlo. Tirando del hilo de la actualidad ha escarbado en la fachada de los hechos para armar una pieza que navega entre el periodismo de investigación, el thriller de personajes angulosos y un realismo contundente. Su objetivo en 'La Pieza 25' ha sido el Caso Nóos y todo lo que el juez Castro no pudo contar sobre el juicio que puso a la Casa Real en el ojo del huracán. «La pulsión humana que no refleja ningún sumario», resume Urbano.

-¿Qué es real (con mayúsculas y minúsculas) en 'La Pieza 25'?

-Todo. Es una verdad cruda que va más allá de consideraciones técnico-jurídicas de las que he huido para conformar una novela trepidante a partir de las largas charlas que mantuve con el juez Castro después de que entregó el auto y tuvo la posibilidad de hablar de todo abiertamente. Es, respondiendo a su pregunta, la realidad no publicada: las reacciones de un juez, sus impresiones, lo que había detrás de las cámaras, las dudas en la soledad de su cargo...

«Sin la firma S.A.R. de la Infanta, a Urdangarin no se le hubieran abierto puertas ni llovido doblones de oro»

«El juicio fue una milonga; hubo personas que por un milagro entraron culpables y salieron inocentes»

-¿También sus miedos?

-Sus miedos no, porque nunca los tuvo a pesar de las presiones.

-¿No se agota el caso Nóos en los 71.000 folios del sumario?

-Lo que hay en esos legajos son hechos probados, diligencias de atestados y declaraciones de un procedimiento que se extendió desde el 2010 hasta finales del 2014. Lo que no contiene el sumario y reflejo ahora en el libro son opiniones, escalofríos, desvelos, insomnios, luchas de togas, las reacciones cuando al juez le embadurnan las puertas de su casa con excrementos o le ponen silicona en las cerraduras... En definitiva, la pulsión humana que no puede reflejar ningún sumario y que Castro experimentó dentro de él cuando tuvo delante a la Infanta Cristina o Iñaki Urdangarin antes de saberse que hubo un complot para salvar a la hija del Rey emérito.

-¿Existió realmente ese complot?

-Por supuesto. Está constatado y tuvo un amanuense que lo redactó: el fiscal Pedro Horrach.

-¿En qué consistía ?

-La hoja de ruta es larguísima. Como le digo, Horrach fue quien lo pergeñó con sus reflexiones sobre cómo se debía actuar facilitándoselo primero a su jefe en Madrid, el fiscal anticorrupción Antonio Salinas, y luego a la defensa de la Infanta, encabeza por Roca Junyent.

-El dato es inquietante.

-Mucho, porque en Horrach se produce una especie de travestismo en su función como fiscal de actuación contra el delito. Más aún tratándose de una figura que hasta ese momento había demostrado ser un mastín persiguiendo la corrupción independientemente si se detectaba en el PP, el PSOE o Unión Mallorquina. Ahí trabajaba codo a codo con el juez Castro hasta que, en un momento determinado, la relación da un giro de 180 grados y el fiscal mira para otro lado no sólo no ayudando a su compañero, sino poniéndole continuos palos en las ruedas.

-¿Nace esa estrategia al confirmarse que la Infanta y su marido se sentarían en el banquillo?

-El origen es anterior, cuando en Zarzuela empiezan a sonar 'tambores de guerra' y Urdangarin y su mujer se tienen que ir a Washington porque él ha sido autor material de 20 delitos y ella cooperadora no sólo necesaria, sino indispensable. Era hija de quien es, estaba sentada en Nóos donde entraba el dinero ilegal de las administraciones y en Aizon, donde se blanqueaba. Sin la firma SAR (Su Alteza Real) a Urdangarin no se le habrían abierto tantas puertas ni le hubieran llovido doblones de oro.

-¿Fue el juicio un punto de inflexión?

-Lo que fue es una milonga. Y lo digo así de claro, a riesgo de que alguien quiera 'empapelarme'. Por algún milagro no se sabe si de Fátima o de Lourdes, ahí hubo una serie de personas como la Infanta que entraron culpables y salieron inocentes. En aquellas sesiones no se desmontó una sola prueba. El fallo fue el que fue, pero no por ello es opinable.

-Lo que sí ha marcado es un estigma en la Corona que hasta entonces tenía una alta valoración.

-La mancha está ahí. La ciudadanía ha quedado decepcionada porque la Infanta Cristina no voy a decir que fue cómplice, porque eso requiere jurídicamente una acción que no tuvo, pero consintió y conoció. Con ese nivel de vida o no, cualquier mujer preguntaría a su marido ¿quién paga estos gastos? ¿y estos viajes? ¿de dónde salen estos lujos? En cualquier caso, en la actuación de la Casa Real deben diferenciarse dos fases. La actuación de Juan Carlos no fue buena en este caso. Tapó a Urdangarin con una manta protectora, le buscó muchos padrinos y empleos multimillonarios. La actitud de Felipe VI fue tajante porque era consciente no ya de que la Corona estaba en el aire, sino en el cráter de un volcán en erupción. Entró cortando el nudo gordiano, expulsando a su hermana de toda representación y marcando las distancias.

-Quizás no lo hizo por auténtica convicción, sino por la presión mediática y su propio interés.

-Es que su obligación es salvar el trono. No digo sólo preservarlo, sino preservarlo impoluto. La Corona, precisamente porque no la eligen los ciudadanos, debe ser intachable. El Rey y su familia tienen que refulgir porque nos representan a todos y si no es así, no interesa.

-Los actores principales han eclipsado a otros secundarios.

-Sobre todo Diego Torres, que era la auténtica eminencia gris, pero también su mujer, Ana Tejeiro, que estuvo en el circuito de evacuación del dinero negro. O 'Pepote' Ballester, quien se jugó la amistad que mantenía con los Reyes y declaró la verdad. Y muchos otros personajes aledaños como la inspectora Julia Vázquez. La misma que dirigió un registro de entrada en el que descorrió un armario, tanteó las paredes y descubrió un hueco donde hallaron billetes de 500 con planes y planos de blanqueo. Y todo eso, el día antes de casarse. ¿No es fascinante?

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