Consumidos por un drama

Sobre estas líneas, imagen de acceso a la unidad de trastornos alimenticios del Hospital de La Rioja. /Eduardo Bastida
Sobre estas líneas, imagen de acceso a la unidad de trastornos alimenticios del Hospital de La Rioja. / Eduardo Bastida

Con una treintena de casos crónicos, los trastornos alimenticios afectan ya en La Rioja a más de 1.200 adolescentes

Roberto G. Lastra
ROBERTO G. LASTRALogroño

Con sus garras afiladas e implacables, los trastornos de la conducta alimentaria se han convertido en una de las principales preocupaciones sanitarias y sociales en los últimos años. Conocida como la epidemia silenciosa, este monstruo de mil cabezas -además de las más conocidas, la anorexia y la bulimia, hay, al menos, otra decena de patologías- devora sin prisa pero sin pausa a miles de personas entre pacientes y familiares. Su voracidad no conoce límites ni edades, aunque entre sus víctimas favoritas figuran las adolescentes y cada vez más jóvenes, incluso niñas de 11 y 12 años.

Testimonios

En La Rioja, como en el resto del planeta, no se conocen las cifras de incidencia real. Tradicionalmente se ha hablado en la región de 40 nuevos casos anuales, pero desde Salud Mental rehúsan entrar en cábalas matemáticas más allá de las tasas de prevalencia que maneja la Estrategia Nacional, centradas en el colectivo más damnificado, la franja de edad de los 13 a los 21 años. Las estimaciones de los especialistas hablan de que el 4,7% de la población de esa edad sufriría alguna de las patologías alimentarias: 0,5% anorexia, 1,2% bulimia y el 3% restante otros trastornos, lo que elevaría la incidencia en nuestra región (con los 26.238 adolescentes y jóvenes censados) a más de 1.200 pacientes: unos 130 por anorexia, más de tres centenares por bulimia y casi 800 en el capítulo de otros.

Lo que debe saber

Anorexia nerviosa
Restrictiva o purgativa
En el primer tipo no se recurre a atracones y purgas, habituales en el otro caso.
Deseo específico de adelgazar.
Bajo peso y rechazo a mantenerlo en unos valores mínimos normales según la edad y talla.
Miedo intenso a ganar peso
Alteración de la percepción de la imagen corporal.
Práctica de dietas restrictivas.
Negación del hambre y la enfermedad.
En las mujeres, ausencia de al menos tres ciclos menstruales.
Bulimia nerviosa
Purgativa o no
El paciente, en el primer tipo, se provoca regularmente vómitos y recurre al uso de laxantes y diuréticos. En el segundo caso recurre al ayuno y a un ejercicio físico intenso.
Deseo específico de adelgazar y miedo intenso a ganar peso.
Peso normal e incluso sobrepeso.
Presencia de atracones frecuentes.
Pérdida del controlcon la comida (no puede parar de comer) por lo que recurre a nocivas prácticas para no ganar peso
vómitos, ayuno, ejercicio desmesurado...
Insatisfacción con su imagen corporal.
Otros trastornos
Trastorno por atracón
Viene a ser una suerte de bulimia episódica en la que el afectado se harta de comer y después pasa a un periodo de restricción alimentaria casi absoluta para compensar su sentimiento de culpabilidad. Pero tras la restricción, regresa el hambre atroz y nuevos atracones.
Hay otra decena de trastornos aunque algunos no están admitidos por muchos expertos
Entre otros, ortorexia, vigorexia, pregorexia, megarexia...
Alertas y consejos
Las alarmas
Mucha atención si detecta pérdida alarmante de peso, alteración del carácter y cambios de humor, negación de la sensación de hambre, dificultades de concentración y memoria, sentimiento de descontrol y soledad, falta de autoestima, pérdida de la menstruación, cansancio , disminución de las horas de sueño...
No catalogar los alimentos
como buenos y malos, y mucho menos como que engordan o no.
Alimentarse a horarios regularesde todo y en cantidades adecuadas.
Evitar utilizar la comida como estrategia de regulación emocional
Comer en familia y con buena comunicación.

También en la asociación ACAB-Rioja esquivan las estadísticas detalladas. «Nosotros recibimos entre 350 y 400 personas al año, de las que entre el 15 y el 20% presentan algún tipo de trastorno alimenticio, con lo que serían entre 50 y 60 nuevos pacientes anuales», explica su presidenta Gloria Martínez, quien asevera que «todos los grupos de edad están afectados y cada vez se amplía más la horquilla, con pacientes cada vez más jóvenes, incluso de 11 y 12 años, y también más mayores, de hasta 70 años».

«Hablamos de una enfermedad muy grave, claro que sí», afirma el doctor Miguel Ángel Ortega, jefe del departamento de Salud Mental de La Rioja, quien destaca que la preocupación y la trascendencia de estas patologías se refleja en el III Plan de Salud Mental 2016-2020 de La Rioja, ya en vigor, que contiene un programa específico de trastornos de la conducta alimenticia con acciones centradas preferentemente en los tratamientos y con la novedad de una atención diferenciada en dos niveles de edad. «Se crean dos dispositivos nuevos, dos hospitales de día, uno para adultos, que funciona en el Hospital de La Rioja desde el pasado mes de marzo, ya que hasta ahora solo existía allí el comedor terapéutico que se puso en marcha en el 2008; y otro infanto-juvenil, que estará en servicio a partir de octubre en el Hospital San Pedro», avanza el psiquiatra, que anticipa que ambos recursos contarán con programas intensivos con los pacientes tendentes a evitar la hospitalización y también con las familias, sobre todo encaminados a prevenir que este trastorno se cronifique. «Aunque no hay datos muy precisos al respecto, sabemos que se cronifican entre el 20 y el 30% de los casos de esta enfermedad, asociada además a patología psiquiátrica, como trastornos de personalidad, cuadros depresivos, obsesivos...», explica Ortega, para estimar que en La Rioja habría en la actualidad «unos 30 o 40 casos de patología cronificada».

Con un porcentaje de curación, por tanto, de entre el 70 y el 75% -«tras un proceso muy largo, con una media de entre 5 y 6 años», avisa el jefe de Salud Mental-, el experto advierte de que «estamos ante una patología en la que es preciso buscar la motivación de los pacientes para el tratamiento porque suelen ser enfermos a los que les cuesta tener conciencia del problema y eso dificulta aún más el abordaje asistencial».

El San Pedro pondrá en marcha en octubre un hospital de día infanto-juvenil, que se unirá al de adultos que funciona desde marzo en el Hospital de La Rioja para especializar la atención

Frente a ello se ha diseñado una línea estratégica de coordinación en la que además de «los recursos asistenciales específicos -los dos hospitales de día, la unidad de atención especializada infanto-juvenil en el centro de salud Espartero y las dos de adultos (Espartero y Siete Infantes), se cuenta con Atención Primaria, el sistema educativo y, en general, de toda la sociedad», remacha el doctor Ortega, flanqueado por sus colegas Ana Díaz de Cerio e Ignacio Álvarez, responsables de los dos hospitales de día de Salud Mental en La Rioja.

Ella, psiquiatra especializada en la atención infanto-juvenil, estará al frente del hospital de día del San Pedro. «Los trastornos alimenticios suelen empezar en la pubertad o la adolescencia, aunque es verdad que vemos casos cada vez a edades más tempranas», constata, para incidir en que «hablamos de una enfermedad grave que a estas edades es aún más peligrosa al estar en pleno desarrollo porque afecta a todos los órganos y a todos los niveles: digestivo, ginecológico, cerebral... Frente a ello, lo prioritario es normalizar la situación biológica y los patrones de conducta alimentaria».

Tras defender las bondades de un diagnóstico y atención tempranos «porque la evolución va a ser mucho mejor y habrá menos riesgos de que se cronifique la patología», la doctora Díaz de Cerio opta por el optimismo. «Efectivamente, la curación precisa de un trabajo de años, pero yo trasladaría un mensaje positivo porque en esa etapa de adolescencia se puede intervenir muy bien, ya que los chicos están abiertos a todo».

En esa labor el hospital de día infanto-juvenil será una herramienta clave. «Lo que va a aportar a los pacientes adolescentes es que puedan venir al tratamiento y a los programas y a la vez compatibilizar otras áreas muy importantes en su momento evolutivo, como son la familia, el colegio y los amigos», defiende la psiquiatra, quien añade que el nuevo recurso contribuirá a «tratar de evitar la hospitalización y, en los casos más graves en los que sea necesaria, a hacerla más breve.

«Van a funcionar dos hospitales de día para especializar la atención en dos niveles de edad» Miguel Ángel Ortega Jefe de Salud Mental

«Hablamos de una enfermedad grave que a esas edades tempranas es aún más peligrosa» Ana Díaz de Cerio Psiquiatra

«Para la eficacia del tratamiento psicológico, hay que estabilizar antes la parte física y nutricional» Ignacio Álvarez Psiquiatra

El nuevo dispositivo contará con un servicio de comidas terapéuticas supervisadas «para trabajar las pautas de alimentación y otros aspectos y, a partir de ahí, intervenciones en grupo de tipo cognitivo-conductual», avanza la doctora Díaz de Cerio, que como último mensaje resalta la labor de las familias: «Su trabajo es fundamental y para ello habrá grupos de psicoeducación en los que abordaremos la enfermedad, pautas, límites y establecimiento dinámicas familiares, entre otros aspectos».

Una labor similar pero con adultos se desarrolla desde el pasado marzo en el hospital de día del Hospital de La Rioja, un dispositivo que cuenta en sus mandos con el doctor Ignacio Álvarez, quien aclara que «aunque en esta patología la franja de edad más frecuente para el debut es entre los 14 y los 20 años, la mayoría de casos de adultos que nos llegan son sobre todo pacientes que ya se han visto en infanto-juvenil y que o no han evolucionado bien o que en momentos puntuales sufren recaídas».

«La repercusión de estos trastornos puede ser muy grande tanto a nivel familiar como laboral y social», señala el psiquiatra, que considera que en los adultos «los daños físicos probablemente vayan a más debido a lo que comentábamos de que el debut se ha producido ya en la adolescencia». Por ello, para la eficacia del tratamiento psicológico y farmacológico defiende que «lo primero es estabilizar la parte física y equilibrar el aspecto nutricional, lo que se puede conseguir en unos meses para, a continuación, abordar el aspecto psicológico, que es lo que requiere de una trabajo más largo, de años».