COMIDA SIN GRASAS TRANS

JUAN QUINTANA LA TRILLA

Araíz del último informe de políticas alimentarias mundiales la FAO ha dejado claro que es necesario revisar el modelo mundial y apostar por alimentos sanos y nutritivos y no solo por alimentos baratos. La amenaza de la obesidad se empieza a considerar tan importante como el hambre, debido a la enorme cantidad de personas que está previsto fallezcan por este motivo.

En este contexto, la Organización Mundial de la Salud ha lanzado un programa para eliminar de los alimentos las grasas trans, que se producen en el proceso industrial. Se estima que dichas sustancias provocan alrededor de medio millón de muertes al año en el mundo. Algunos alimentos las contienen de manera natural en bajas proporciones, como la carne de vacuno, porcino y cordero, así como sus productos derivados lácteos (queso, mantequilla y leche). El problema principal se encuentra en aquellos que las generan en el procesado (snacks, patatas fritas, bollería industrial, margarinas, etc.)

Algunos países desarrollados, como Dinamarca, las han eliminado de la alimentación, mientras que otros lo han hecho en parte. También la iniciativa de la distribución va a jugar un importante papel, como ya supone en algunos países la supresión en lineal de huevos de gallinas criadas en jaula o el objetivo de que la oferta de productos ecológicos iguale a los convencionales.

El alargamiento de la esperanza de vida ha cambiado el paradigma de la salud. O bien se asume la responsabilidad colectiva e individual de mejorar nuestra salud en las últimas décadas de la vida, o el sistema puede colapsar. Por otro lado, no está demostrado que a largo plazo un modelo alimentario actual sea inocuo. El ingente marco regulatorio que garantiza nuestra seguridad alimentaria no tiene una visión holística del problema, actuando caso por caso. Por ello, es necesario actuar de forma preventiva.

La producción primaria es una fuente de productos con escasa o nula transformación, que debe ser una prioridad en nuestra dieta. Por ello, es aún más importante fortalecer nuestro sector agrario, no solo como fuente de materia prima para la industria transformadora, sino también para el consumidor final.

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