«Para nosotros el colegio es ir a un campo de batalla todos los días»

Nidia Represa posa con su libro. :: l.r./
Nidia Represa posa con su libro. :: l.r.
Nidia Represa | Víctima de acoso y escritora

La joven exvíctima de acoso participa esta tarde en las jornadas organizadas por ARPANIH y ARNAC

Pablo Álvarez
PABLO ÁLVAREZLogroño

Nidia Represa fue una víctima. Sufrió acoso escolar durante toda su adolescencia, desde que tenía 13 años. Pero consiguió dejarlo atrás, e incluso usar su experiencia para tomar impulso: estudia psicología, hace dos años publicó una novela ('Bajo mi piel') y ahora, junto con su padre, el especialista educativo Carlos Represa, ofrece su ayuda en forma de talleres y charlas sobre el acoso escolar. Hoy ambos estarán presentes en las jornadas organizadas por las asociaciones riojanas ARPANIH y ARNAC, (18.00 horas, Universidad de La Rioja). Allí presentará también 'Gritos de silencio', un documental rodado sobre su trayectoria.

- Todo parte de una experiencia personal desgraciada.

- Al principio ni siquiera me daba cuenta de lo que estaba pasando, al fin y al cabo eran compañeros que conocía desde que era pequeñita. Al principio parecen de verdad bromas entre amigos, pero de repente te das cuenta de que esas bromas van haciéndote cada vez más daño, y llega un momento en que te lo crees. Te crees que eres estúpida, que eres fea... Ya no es una destrucción por parte de tus compañeros, sino que es una autodestrucción. Y es el patrón que he visto en muchos chicos.

«Me arrepiento mucho de haberme callado. Los sentimientos negativos se acumulan y te hacen caer»

- Otro patrón que se repite es el del silencio, lo que les cuesta a las víctimas reconocerlo y contarlo.

- Yo no llegué a contarlo nunca. Fue mi madre la que lo descubrió; es miedo a aceptar la realidad, y miedo a que la situación empeore. Para nosotros el colegio es ir a un campo de batalla todos los días. Y piensas «si yo se lo digo a mis padres, a los profesores, va a empeorar porque ellos se van a vengar». Y acabas creyéndote que te mereces ese castigo.

- ¿Te sientes culpable... por ser la víctima?

- Sí, justo. Al final se genera un sentimiento de culpabilidad, pensamos que es nuestra responsabilidad lo que está sucediendo.

- Supongo que lo primero que habría que decirle a alguien que está sufriendo algo así es que eso no es cierto, que no es culpa suya.

- Me arrepiento mucho de haberme callado. Porque al final todos los sentimientos negativos se van acumulando, se hacen una bola y es lo que te hace caer de verdad. Simplemente por el hecho de expulsar lo que llevas dentro, es necesario hablar. Yo siempre les digo que busquen a alguien con quien tengan confianza, y al final eso te ayudará.

- Pero hay que luchar contra lo que pasa. ¿Qué le recomendaría a alguien que esté sufriendo?

- Lo primero es contarlo. Sé que muchas veces cuesta contarlo a los padres, sobre todo si tienes la sensación de que no te escuchan o no lo van a entender. Pero hay que ir y decir «me está pasando esto». Antes no había recursos ni maneras de ayudar. Ahora todavía nos cuesta, pero los padres y los profesores están más concienciados, y hay planes. No van a dejar que el chico siga sufriendo, van a tomar medidas. Y buscarte un pequeño círculo de amigos o apoyos donde te sientas protegido, porque el problema es la soledad. Te sientes tan solo que tienes la sensación de que no vas a conseguir nada.

- ¿A qué señales deberían estar atentos los padres para darse cuenta de que su hijo está sufriendo esto?

- Si estás pendiente de tu hijo y sabes cómo se comporta, vas a ver muchos cambios. En el ámbito escolar hay una bajada en el rendimiento; no quiere salir de casa los fines de semana, tiene miedo de encontrarse con sus compañeros, evita las redes sociales, tiene cambios bruscos de comportamiento... Hasta en la manera de andar, de expresarse: está más cohibido, va a intentar esconderse. Hay algunos que lo muestran incluso con agresividad: dan portazos, se encierran, algunos son más depresivos. Empiezan a tener más malestares; no quieren ir al colegio, dicen que están malitos, cosa que puede ser fingido o puede ser verdad, porque a veces las enfermedades son somáticas, se convierten en reales. He encontrado muchos casos en los que los niños generan una enfermedad de la tripa, o de la garganta, o incluso se han quedado paralizados. Hay conductas, lo que pasa es que muchas veces no las diferenciamos de la adolescencia como tal. Queremos pensar que es por eso, cuando realmente, juntando todos estos síntomas, nos vamos a dar cuenta de que pasa algo malo.

- Nos falta un 'actor', en este drama, el acosador. ¿Por qué cree que alguien hace estas cosas?

- Yo siempre digo que al acosador no hay que tacharlo como «malo». Ha hecho algo mal, pero no es un demonio, es un niño. Aunque hay que castigarles, porque tienen que saber que está mal y no lo pueden repetir, muchas veces son víctimas. Por cualquier cosa el niño está sufriendo, incluso puede tener problemas de personalidad, que tenga una mala imagen de sí mismo y una manera de expresarlo sea dañando a quien tiene alrededor. Además de ese castigo, el acosador también necesita una terapia, porque también lo suyo es una llamada de atención, nos está pidiendo ayuda.

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