De la ciudad al pueblo, de viajar por España a estar con el ganado

Enrique Serrano (dcha.), en el bar de la Herradura, donde se juntan al atardecer. :: Miguel herreros/
Enrique Serrano (dcha.), en el bar de la Herradura, donde se juntan al atardecer. :: Miguel herreros

M. CASADO ANGUIANO

«Hi, how are you? Nice to meet you». Los jueves por la noche en el bar La Herradura de Anguiano (uno de los cinco bares de la localidad) se habla en inglés, y así toca saludar cuando nos presentamos. En torno a una mesa varios anguianejos practican, cerveza en mano, con Paul, un 'nativo' británico que vive en Matute y es profesor de inglés de los niños y mayores de Anguiano. Aunque la cita de los jueves noche es para los adultos exclusivamente. Entre los alumnos está Enrique Serrano, de 36 años, y natural del municipio.

Titulado en Grado Superior de Salud Ambiental, Enrique estuvo diez años trabajando con su padre en una empresa de pinturas. «Nuestro ámbito de trabajo era por todo el Norte de España e incluso Francia», recuerda. Pero a él le llamaba lo rural. «Quería cambiar mi vida, me tiraba Anguiano, siempre me han gustado los animales, el relacionarme con la gente... y decidí empezar de nuevo: hace casi cuatro años que monté mi propia explotación ganadera, de vacuno», explica. «Me acogí a un Plan de Incorporación de Joven Ganadero del Gobierno de La Rioja, que dan formación y apoyo para empezar». Con el paso del tiempo su balance es claro: «Me encanta mi trabajo, es muy esclavo y el invierno, sobre todo este, es duro, pero en verano tengo más libertad».

Con su experiencia vital, Enrique se atreve a reflexionar: «Hoy en día se busca calidad de vida; tener el trabajo en la puerta de casa, como yo, lo es. Ahora aunque trabaje mucho tengo menos estrés y más calidad de vida». ¿Y el aprender inglés? «Siempre estoy formándome, aunque esté en mi pueblo. Los idiomas y el saber no ocupan lugar», concluye.

«Se infravalora a los pueblos»

También relacionada con el bar La Herradura, aunque de distinta manera, está la logroñesa Ángela San Martín (24 años). Ella no ha aparecido a echar unas cervezas al atardecer, como suelen hacer otros anguianejos cuando terminan la jornada, más bien acude por su novio Jon (26 años), el hijo de Ana, quienes regentan el establecimiento. Estudiante de un máster de Ingeniería Agronómica en la UR, graduada en Ingeniería Agrícola, Ángela lleva dos años residiendo de continuo en Anguiano, aunque sea natural de Logroño.

«Ya sé lo que es vivir en una ciudad y por tanto no lo idealizo. Me gusta residir en Anguiano, es una gozada poder darse un paseo por el monte cuando te apetece. Además, hay calidad de vida, te relacionas más con todos, sales todos los días», asegura la joven. Precisamente sobre este aspecto subraya que «se desconoce la vida del pueblo: se hace más vida social que en la ciudad».

Respecto a su futuro, «buscaré trabajo en alguna industria por los alrededores, desplazarme no es problema». Y sus amigos, ¿qué opinan sobre el cambio? «La gente me mira como si estuviera loca. Se infravalora la vida rural, como si fuera ir a menos, pero tiene muchas cosas positivas y en mi caso para estudiar es un entorno ideal: no hay distracciones, ni ruidos... Lo que sí se necesita es conducir, si no estás apañado»...

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