Los cinco eslabones de la saga Somalo

Las manos de sus cuatro generaciones anteriores arropan a Paula. :: f. d./
Las manos de sus cuatro generaciones anteriores arropan a Paula. :: f. d.

Juana Somalo, matriarca y flamante tatarabuela a sus 95 años, encabeza un clan con raíces en Brieva de Cameros y asentado en Alberite El nacimiento de Paula el pasado domingo completa cinco generaciones de una familia

Pilar Hidalgo
PILAR HIDALGO

En las comidas familiares Juana Somalo Parra lo solía dejar caer. «Me ha metido 'caña' diciendo que no se quería morir sin ser tatarabuela», admite Zaira Sáenz Anés. Así que esta joven se tuvo que dar prisa para complacer a la «matriarca» y el pasado domingo trajo al mundo a Paula Barroso Sáenz, la bebé que completa cinco generaciones de esta extensa familia riojana asentada en su mayor parte en Alberite.

«Ahora que dure muchos años más para que disfrute de la tataranieta», señala Zaira; para quien Juana ya tiene «un motivo» para vivir al menos cerca de una década más: «verla hacer la comunión».

A Juana ayer se le caía la baba sosteniendo a Paula en brazos en la casa de la joven en Alberite. No le quitaba ojo, y eso que a sus magníficamente bien llevadas 95 primaveras (se le aproximan los 96) lamenta que esté «empezando a perder vista». «Pero hasta el año pasado iba a la Universidad Popular a clases de literatura, también al Centro Cultural Ibercaja y participaba en las jornadas de poesía de los periodistas», comenta. «Hacía mucha vida social», confirma.

Siempre inquieta, recuerda que ante su retina han pasado la evolución política de España desde tiempos de la II República y la expansión de la capital de La Rioja. «Me la conozco de cabo a rabo. Recuerdo el primer ascensor que hubo en Logroño, he conocido la construcción del seminario y cuando la ciudad terminaba en avenida de Portugal, la antigua calle Salmerón», evoca.

Y, sin embargo, Juana nació en Brieva de Cameros, donde ha vivido la mayor parte de su larga vida. Allí dio a luz a Viviana Fernández Somalo, uno de sus cinco chiquillos y la que con 76 años acaba de convertirse en bisabuela. «Siento una doble emoción porque, aunque yo sólo tuve hijos varones, luego éstos me han dado nietas y biznietas», apunta.

Viviana fue la que encaminó los pasos de esta saga hacia Alberite. Bajó de joven a sacarse una muela a Logroño y ya no volvió al pueblo a seguir guardando cabras. Comenzó a trabajar en el servicio doméstico de su dentista y, en una de las estancias de verano en Alberite, conoció a su esposo. Fruto de ese matrimonio nació Jesús Sáenz Fernández, de 53 años y flamante abuelo. «Hubiera preferido que fuera niño para me ayudara en la 'pelea' con tanta mujer», bromea.

Jesús admira a la yaya Juana. «No conozco a ninguna tatarabuela a la que le falte un riñón», declara. Y ella achaca a esa operación su longevidad y su buen estado rozando la centena. «Las mujeres del pueblo rezaron tanto por mí para que me curase que aquí me tienes», dice resoluta. Aunque confiesa que algún secretillo sí que atesora: «No tener vicios desde joven, tomarme un vino todos los días en la comida y fumarme un cigarro cuando hay algo que celebrar».

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