CIENCIA CONTRA SENSACIONALISMO

La renovación de la autorización del uso del glifosato sigue siendo un tema recurrente en Bruselas. En 2016, el Parlamento Europeo ya emitió una primera resolución no vinculante pidiendo una prórroga de siete años de la autorización de esa sustancia. El 24 de octubre de este año, como consecuencia de la fuerte presión de la opinión pública, la Eurocámara adoptó otra resolución pidiendo esta vez una prolongación de tres años como máximo.

La autoridad competente para decidir sobre este tema es la Comisión Europea, después de consultar al Comité Permanente de la Salud de los Animales y las Plantas de la UE, constituido por expertos nacionales. Este órgano se reunió el 25 de octubre con el fin de someter a votación tres propuestas alternativas presentadas por la Comisión. Ninguna de ellas gozó de una mayoría suficiente.

Más allá del debate sobre la autorización de esta sustancia, lo que está también en juego es la credibilidad de la labor de las agencias científicas europeas, credibilidad que determinados grupos de presión quieren poner en cuestión. Pero los políticos debemos tomar decisiones basadas en la evidencia científica y no en reacciones emocionales, y para ello la UE se ha dotado de agencias especializadas, cuya honestidad no tiene por qué ser puesta en entredicho.

Tanto la Agencia Europea para la Seguridad Alimentaria (EFSA) como la Agencia Europea de Productos Químicos (ECHA) han declarado que el glifosato no presenta riesgo de cáncer administrado en las cantidades adecuadas. Tanto es así que, según algunos estudios publicados, una persona debería pasar 2 años seguidos comiendo más de 16 kilos diarios de soja para que el glifosato represente un riesgo para la salud.

No podemos dejarnos llevar por el sensacionalismo o el populismo. Ya no sólo como eurodiputada, sino también como ciudadana me indigna la labor deliberada de desinformación que se está llevando a cabo por determinados partidos y grupos de presión con motivo de esta decisión. Las acusaciones contra los órganos científicos europeos basadas en supuestos intereses particulares ocultos pretenden desestabilizar el modelo comunitario, caracterizado por la imparcialidad. Creo que ningún científico europeo en el que la UE deposite su confianza se atrevería a anteponer intereses económicos a los riesgos para la salud de las personas.

El glifosato es el herbicida más usado en la producción agrícola mundial o en las tareas de mantenimiento y limpieza de las vías de ferrocarril, por citar otro de sus múltiples usos en el día a día. Su eliminación pondría en serio aprieto a la producción agrícola de la Unión. Por supuesto, si en el futuro se demostrase peligro alguno en condiciones de uso reales para las personas o el medio ambiente, seré la primera en defender que se busquen otras sustancias sustitutivas, pero hasta la fecha no hay evidencia científica sólida al respecto.

Confío en que el próximo 9 de noviembre, fecha en la que volverá a reunirse el Comité Permanente de la Salud de las Plantas y de los Animales de la UE, triunfe la razón y se prolongue la autorización de esa sustancia, ya que, de lo contrario, sería proscrita a partir del próximo año, con las consecuencias que se derivarán de tal decisión para la agricultura europea.

Fotos

Vídeos