«Este chaval no se va por mis narices»

Aitor Ortiz de Mendibil, ayer junto a las piscinas de Valgañón. :: j.a./
Aitor Ortiz de Mendibil, ayer junto a las piscinas de Valgañón. :: j.a.

Aitor, socorrista de las piscinas de Valgañón, salvó la vida a un pequeño de 12 años que el lunes entró en parada por ahogamiento

JAVIER ALBO VALGAÑON.

«Este chaval no se va por mis narices». Este es el pensamiento que acompañó a Aitor Ortiz de Mendibil mientras el lunes trataba de salvar la vida de un niño de 12 años que entró en parada cardiorespiratoria, por ahogamiento, en las piscinas municipales de Valgañón. Y no se fue, aunque la batalla fue muy dura: diez minutos -le dijeron después que duraron las labores de reanimación-, hasta que llegaron los refuerzos sanitarios y puso en sus manos al chaval, con vida y bastante estable.

Todo ocurrió en torno a las 16.30 horas. A las piscinas había entrado un grupo de chavales de Madrid que se encuentran de campamento y la tranquilidad tornó en bullicio; el normal entre niños ávidos de agua y diversión. «Duchaos que el agua está fría» les había insistido Aitor, como hace siempre. En un momento dado reparó en un niño en el fondo de la piscina, donde más cubre, boca bajo e inmóvil. «Está jugando», le dijeron desde el agua. «No, esto dura ya demasiado. ¡Sácalo y dámelo!», le pidió a un monitor que se encontraba cerca, dado que así la maniobra sería más rápida que si se zambullía a por él. Ben, el niño, estaba en parada. «No tenía pulso, no respiraba...», recuerda el socorrista, que le practicó un masaje cardíaco. A las tareas de reanimación se sumaron dos monitoras. El niño respiraba con dificultad. Le abrieron las vías aéreas y le introdujeron una cánula Guedel por la boca. Más masajes...

Poco a poco «empezó a dar señales de vida», recuerda Aitor, que lleva 16 años de socorrista en Valgañón y el lunes hizo su primer masaje.

Un monitor había llamado al 112 y al lugar llegó personal facultativo del centro de salud de Ezcaray y Guardia Civil. También dos ambulancias medicalizadas, una de las cuales trasladó al niño al hospital de Logroño, donde quedó ingresado aunque, al parecer, fue derivado después a Burgos. Según algunas fuentes, tenía agua en los pulmones pero no presentaba daño cerebral alguno, y de la UCI pasó ayer a planta.

El niño pudo sufrir un 'shock térmico' como consecuencia del contraste entre la temperatura exterior, ayer alta, y la del agua, que rondaría los 17-18 grados. A Aitor también le dijeron que no sabía nadar. «Entiendo que los que vienen como cuidadores, ya sean padres o monitores, son los que tienen que estar pendientes de esas cosas. Los socorristas estamos para esto que ha pasado, o por si alguien se hace daño, para curar... Pero tanto los padres como los monitores deben tener claro que, en las piscinas, los niños siguen estando bajo su responsabilidad y que no pueden bajar la guardia», dijo.

Lo importante es que, afortunadamente, a la noticia puede escribírsele un final feliz y Ben, el niño, podrá recordar este mal trago -literalmente- y contarlo. Muchos felicitaban ayer al socorrista e, incluso, tildaban de heroica su actuación. «En qué mundo vivimos que por hacer tu trabajo te llaman héroe...», dice. El caso es que salvó una vida. «Me siento muy raro, como que esto no me ha pasado a mí», confesaba ayer.

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