«En Cataluña se está produciendo una profunda división que costará mucho revertir y cicatrizar»

Carlos Manuel Escribano, al término de la entrevista, en un salón anexo a su despacho en el Seminario de Logroño :: / JONATHAN HERREROS
Carlos Escribano| Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

«En nombre de la religión no cabe matar, no tiene sentido y desfigura propuestas religiosas como puede ser la islamista», comenta Escribano

Carmen Nevot
CARMEN NEVOTLogroño

Ha pasado más de un año desde que llegó a La Rioja directamente desde Teruel para suceder en el cargo a Juan José Omella. En este tiempo, este gallego de nacimiento (Carballo, La Coruña (1964)) pero aragonés de sentimiento, ha recorrido prácticamente todos los rincones de la región. Aquí, donde dice sentirse como en casa, Carlos Manuel Escribano Subías, un hombre de discurso tranquilo, respuesta meditada y sonrisa fácil, encara desde hoy el nuevo curso de la diócesis riojana mirando de frente a la realidad que le rodea y sin escatimar su opinión sobre Cataluña, terrorismo islamista y juventud.

-¿Qué balance hace de este tiempo al frente de la Diócesis?

- Ha sido un año muy intenso y muy grato. He tenido la oportunidad de conocer más de cerca a los curas, voy viendo la riqueza de la región y de la iglesia riojana. Es una provincia llena de tradición e historia y la verdad es que me he encontrado muy a gusto.

«Occidente tiene que mantener un gran equilibrio entre seguridad, libertad y solidaridad»

- Uno de los problemas de la iglesia es la falta de vocaciones ¿se puede hablar de crisis?

- No sé si es una crisis. Quizá se han cortado lo que eran las vocaciones dentro de las iglesias. También es fruto de la realidad social cambiante. Lo que es el hecho religioso se ha diluido mucho en el tejido social. Al final, la fórmula para revertir esta situación es trabajar, proponer, acompañar a los jóvenes y no tan jóvenes, redescubrir valores que el evangelio sigue proponiendo, que siguen teniendo una gran actualidad.

- Precisamente estamos ante una de las generaciones más preparada, pero también ante uno de los panoramas laborales más duros. ¿Qué ofrece la iglesia a los jóvenes?

- Es verdad, los jóvenes en este momento tienen una realidad muy compleja. El Papa nos pidió que en el próximo sínodo, que es la fórmula con la que la iglesia se siente convocada a hacer una reflexión sobre un tema concreto, reflexionemos sobre el problema de los jóvenes y creo que será muy productivo. Es verdad que cuando hablas con los jóvenes se aprenden muchas cosas de ellos y una cosa que realmente merece la pena es escucharles porque tienen muchas cosas que decir.

-El Papa dijo que quería sacerdotes con olor a oveja y no con gesto de vinagre. ¿Dónde se encuadra usted?

- No lo sé (se ríe). Al final, yo creo que hace un relato de cercanía. Cuando uno se mete en esto una de las cosas más bonitas que le toca es estar con la gente y compartir momentos con ellos forma parte de nuestra vocación y de nuestro ministerio. Yo, particularmente, lo hago a gusto, que tenga olor a oveja o no ya no lo sé.

- Se ordenó sacerdote con 25 años, antes estudió Empresariales. ¿Fue una vocación tardía o se resistía?

- Me resistí. No lo veía como para mi vida, tenía otros planes profesionales y laborales y mi idea no era ser sacerdote. Cuando empecé a tener la inquietud tenía unos ciertos años, estaba en la universidad. Tuve la fortuna de que hubo gente en mi entorno que me supo poner ante Jesucristo. Hice mi propio discernimiento, tomé mis decisiones y fui capaz de descubrir qué se desvelaba ante mis ojos. Uno nunca sabe si con acierto o no, pero llevo 21 años de cura, 7 de ellos de obispo, y soy un hombre feliz, dentro de los avatares de la vida.

- En una entrevista a un diario alemán el pasado marzo, el Papa Francisco reconoció que había tenido crisis de fe. ¿Usted ha pasado por ese trance?

- El camino de la vida, incluso el camino de vida de fe no es fácil. De todos es conocido el gran vacío que durante años tuvo la madre Teresa de Calcuta y sin embargo perseveró. Cuando ves a personajes tan espectaculares y la fuerza e impronta que tiene Francisco y que ellos en un momento determinado tienen cierta turbulencia espiritual, entiendes que son cosas que pueden pasar. Las crisis personales no son signo de derrota, sino oportunidad para crear una realidad nueva o para reafirmarse en el camino en el que uno está. La experiencia a mí me dice que muchas veces es así.

- Seguimos viendo las imágenes de refugiados hacinados y sin embargo Occidente no ha cumplido su compromiso de acogimiento. ¿Ha vencido el miedo?

- Es verdad que la población puede tener miedo a circunstancias que generen situaciones de violencia, pero eso no tiene que hacernos perder de vista la dignidad que tienen las personas y la dignidad debe ser defendida y compartida por todos los que estamos en disposición de poder hacerlo. Es verdad que hay que buscar un equilibrio y ver cómo se hace de la manera más adecuada. Hay que pensar en el bien de esas personas, en la integración en nuestras sociedades e indudablemente también en el retorno, porque ellos no salen porque quieren, salen porque hay una situación de violencia en su lugar de origen, pero se sienten ciudadanos de su tierra, quieren a su tierra y les gustaría construir su tierra. Es un problema muy complicado de política internacional que hace sufrir a mucha gente, que no puede permitirse que haya miedo.

- Los atentados en nombre de Alá no favorecen la pérdida del miedo

- Atentados en nombre de Alá, es verdad. Francisco, cuando empezaba el curso hace un año y medio hizo un discurso al cuerpo diplomático que tiene representación en la Santa Sede y de algún modo tocaba este tema. En nombre de la religión no cabe matar, no tiene sentido. El problema es que al final este tipo de planteamientos lo que hacen es desfigurar una propuesta religiosa como puede ser la islamista y convertirse en una ideología que es destructiva. Esto a nivel social tiene un eco porque genera una desconfianza. Al final, Occidente tiene que mantener un gran equilibrio entre seguridad, libertad y solidaridad. Muchas veces la realidad de la construcción social requiere equilibrios que tienen que ser manejados y gestionados, no sólo por las autoridades gubernamentales, también por la sociedad. Ahí tienen un papel muy importante las ONG, las asociaciones que pueden surgir de manera espontánea dentro del tejido social, las iglesias.

-Esta semana gran parte del foco mediático se ha centrado en Cataluña con la aprobación y posterior anulación por parte del Tribunal Constitucional de la Ley del Referéndum...

- Hay cosas que desconciertan mucho. Los planteamientos pueden ser legítimos pero tienen que hacerse de acuerdo con el orden constitucional porque si no, se rompe la convivencia, con lo que ha costado construir la armonía dentro de la sociedad española. Es bueno que los dirigentes no olviden los planteamientos de convivencia de la transición porque si no, acaba produciendo desgarros y es lo que yo me temo que se está produciendo en la sociedad catalana, desgarros entre los favorables y los contrarios y eso genera un clima de crispación que nos es beneficioso para nadie, especialmente es pésimo para la propia Cataluña. La situación que se está creando no es deseable.

- ¿Habrá referéndum?

- Eso ya no me atrevo, no por no pronunciarme, sino porque los acontecimientos van de tal manera que no se sabe qué va a pasar. Lo que está claro que se está produciendo una situación de división que no es buena, que va a costar mucho revertir y cicatrizar. Una sociedad como la catalana y que esté en esta situación tan compleja es muy llamativo.

- ¿Cuáles son los retos del nuevo curso de la Diócesis riojana?

- Plantear una misión diocesana siguiendo las directrices de Francisco. Cuando los obispos cada cierto tiempo vamos a ver al Papa como conferencia episcopal, en lo que se llama la visita 'ad limina', él nos pidió a los españoles que tomáramos conciencia de que teníamos que ser una iglesia en estado de misión permanente y ese es el reto que tenemos planteado para los próximo años. Tomar conciencia de que estamos ante una realidad nueva, en una iglesia que también va envejeciendo, en sus agentes, en sus participantes e intentar buscar caminos que nos permitan renovarnos para proponer el evangelio de Jesucristo que nosotros creemos que es siempre nuevo. Eso supone una programación adecuada, un trabajo pausado, en ocasiones cambiar también nuestros modos de hacer nuestra tarea pastoral que a la gente le ayude a descubrir la fuerza que tiene nuestra propuesta de fe. Es una tarea que nos va a llevar tiempo, pero yo creo que podemos ir dando pasos con ganas.

- El Gobierno riojano ha puesto en marcha la Renta de Ciudadanía ¿hacía falta?

- Yo creo que si ha habido un consenso tan grande en el Parlamento riojano era una cosa necesaria. Es bueno además que se produzcan estas cosas por consenso. Si al final se hace con el acuerdo de todos y se consigue poner pautas que sean capaces de ayudar a la gente eso tiene que ser bienvenido.

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