Carta a Rajoy

El político riojano Práxedes Mateo Sagasta, retratado en un lienzo, obra de Suárez Llanos.
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El político riojano Práxedes Mateo Sagasta, retratado en un lienzo, obra de Suárez Llanos.

«¿Quién duda que Cataluña se ha hecho rica por España? ¿Quién duda que ha habido necesidad de concederle privilegios, ventajas sobre las demás provincias de España?». PRÁXEDES MATEO SAGASTA

JORGE ALACID

Si el tiempo no lo impide, Mariano Rajoy protagonizará esta semana la anunciada visita a La Rioja, cancelada en febrero por una feroz nevada. No tiene suerte el presidente: ese día aterrizará en Logroño con España azotada por otro temporal, incluso más salvaje, de cariz metafórico pero consecuencias graves: el país que gobierna tiene mala pinta. Tan mala como el partido que le sustenta en el poder. Tan mala como la situación que vive la región que le acogerá ese jueves: lo constatan los datos y lo avisan quienes auscultan cada mañana el ecosistema regional. Que ha conocido días mejores: tal vez, los actuales también lo parezcan dentro de algunos meses. Por comparación con lo que vendrá.

Así lo confiesan apesadumbrados relevantes miembros del empresariado local, que coinciden en abandonarse al desánimo: según un dictamen muy compartido, ni el Gobierno regional ni el Ayuntamiento de Logroño, principales activos de la cosa pública en La Rioja, acaban de acertar con la tecla buena. «Si dedicaran el mismo celo que ponen a zancadillearse entre sí a gestionar mejor cada cual sus cosas...». Puntos suspensivos. El sombrío panorama se completa con otro frente abierto en el ámbito administrativo: de Madrid tampoco llegan buenas noticias. El último Presupuesto obsequia a la región con una caída del 16% en infraestructuras. Paisaje final, según la citada versión empresarial: «Si no tira el Gobierno regional ni tampoco tira el Ayuntamiento y la inversión estatal no ayuda, qué nos queda». Respuesta con forma de interrogante: ¿el vino?

A su manera, estos interlocutores que se dejan vencer por el derrotismo van redactando una hipotética carta a Rajoy, con la vana esperanza de que al presidente le lleguen sus lamentos con la intensidad suficiente como para servir de aguijonazo. Con la ilusión ingenua de que sirvan sus quejas para que algo cambie. A mejor. Porque sus temores viajan en la dirección conocida: hacia las regiones vecinas. Alimentando la conocida tensión del agravio comparativo. El Presupuesto, cuya negociación recién cerrada con tanto orgullo exhibe Rajoy, dedica un aumento sideral de euros destinados a la Comunidad Autónoma Vasca: el apoyo del PNV, como es norma, tiende a lesionar los intereses de los riojanos, que contienen la respiración aguardando la hora maldita en que el nacionalismo vasco presente sus enmiendas parciales. La Rioja entera cruza los dedos.

Normal que tanto lamento generalizado desemboque en una melancolía no menos común, que se apoya en la estadística reciente para recetar a la clase política regional, no sólo a su Gobierno, aquello con que amenazaban las madres de antaño a sus retoños: una buena inyección. Una dosis de energía adicional. Un antídoto contra la abulia gubernamental que extendiera sus benéficos efectos al conjunto de la oposición y revitalizara a la ciudadanía toda. La misma petición remitida a Rajoy en esa imaginaria carta donde se condensarían los ruegos procedentes de La Rioja: un Gobierno fuerte, que no dependiera de las desleales ocurrencias nacionalistas. De paso, un poco de coherencia: no se puede estar atacando por el día al nacionalismo mientras por la noche se pacta con él. Y algo de autocrítica, también con forma de pregunta. ¿Quienes se sientan a su lado en el Consejo de Ministros son lo mejor que tiene el PP? ¿Le parece bien que Dastis esté desaparecido? ¿Le convencen los desoladores disparates de Montoro?

Aunque lo sustancial de esa supuesta carta a Rajoy se incluiría en su epílogo: el ruego de que la decencia guíe sus pasos. Que tanto su Gobierno como su partido se distingan por principios y valores hoy arrumbados. Que no nos avergüencen a sus administrados. Lo cual parece difícil mientras la actual generación siga al frente del PP, al que cualquier mano amiga aconsejaría una renovación radical, salvo que quiera seguir desangrándose cada semana. Hasta que se obre semejante prodigio, podría aprovechar su visita a La Rioja para tener un detalle con sus anfitriones. Y reflexionar con ellos sobre cómo es posible que incluso la población extranjera, factor nutriente de la economía regional, prefiera hoy emigrar a otras regiones.

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