Se hace Camino al... rodar en bici

El peregrino Juan Miguel Alcobas, junto a su bici. :: m.j.z.
El peregrino Juan Miguel Alcobas, junto a su bici. :: m.j.z.

Un peregrino septuagenario viaja desde Roma a Santiago tras superar un cáncer

Con arrugas en las manos, algunas heridas en las piernas y la piel curtida. Así llegó a Logroño Juan Miguel Alcobas, un cartagenero jubilado que hace por quinta vez el Camino de Santiago.

«Papá, te va a gustar», fue lo único que le hizo falta para empezar. La primera vez fue desde León, donde acumuló sus primeros 330 kilómetros a la espalda. Las otras cuatro veces los kilómetros se repartieron en las piernas y en su bici de segunda mano.

Del puerto pesquero de Santa Lucía en Cartagena arrancó su segundo Camino que duró quince días. «Atravesé España en diagonal», recuerda Juan Miguel. En el 2014 lo hizo desde San Juan de Pied de Port. Pese a lo que asegura el dicho, a la tercera no fue la vencida y hubo una cuarta ruta jacobea. Recién cumplidos los setenta decidió regalarse un viaje a Holanda, del que volvería pedaleando y yendo a Santiago antes de pasar por casa. Tres mil kilómetros en veintiséis días. Comenzó en Haarlem, a unos veinte kilómetros de Amsterdam, donde incluso le recibió la prensa.

«Perdí el conocimiento en el tren. Había estado pedaleando con una úlcera sangrante»

«Me pegué una paliza; no sé la razón pero nunca disfruto del viaje, siempre intento hacer más y más kilómetros hasta que se me hace de noche», explica Juan Miguel que añade que ese recorrido lo cubrió en menos de un mes. El esfuerzo le pasó factura y la voz se le entrecorta al recordarlo: «De vuelta ya para Cartagena, perdí el conocimiento y me trasladaron al Hospital de La Paz. Había estado pedaleando con una úlcera sangrante». Una semana después recibió el alta y diez días más tarde «me llamaron diciendo, por desgracia, que era cáncer». Su respuesta inmediata a la llamada fue: «Vamos a solucionar este problema». Se operó en septiembre del año pasado y el cirujano le dijo que, gracias al esfuerzo de esos tres mil kilómetros, el cáncer había aflorado, «si no llegas a hacer eso, -aseguró- hubiera salido dentro de dos años».

A los seis días de la operación le dieron el alta y, en menos de quince, volvió a coger su bici. Unos amigos italianos le recomendaron no hacer el Camino de Santiago solo desde Roma. Pero él hizo oídos sordos y, una vez más, cogió la tienda de campaña, el hornillo, su bicicleta de segunda mano adornada con la bandera española y las ganas. Y coronó los Alpes con 71 años. Esta semana ha pasado por Logroño, dejando su huella en el Camino. Y nada más.

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