Camino de lluvia y frío

El mal tiempo no arredra a los pocos peregrinos invernales, que disfrutan de la soledad y de la camaradería

El californiano Nicholas Chang camina con su mochila a la espalda en dirección hacia Navarrete/Justo Rodriguez
El californiano Nicholas Chang camina con su mochila a la espalda en dirección hacia Navarrete / Justo Rodriguez
Pilar Hidalgo
PILAR HIDALGO

Hay sitio de sobra en Santa María de la Redonda. Pese a ello, Karen Piñeros y Magalí Aguilera conversan sentadas sobre el mismo colchón en esta habitación del albergue municipal de peregrinos de Logroño.

Hubieran podido escoger casi cualquier otra litera, ya que en esta tarde de diciembre sólo cinco peregrinos han buscado alojamiento en el hospedaje de la capital riojana. En la jornada anterior llegaron quince, en otra siete, un día sólo un caminante... El número varía cada tarde, aunque en invierno siempre dista mucho de completar las 68 plazas del albergue municipal de Logroño.

El pasado noviembre sellaron su credencial en esta instalación de la capital de La Rioja un total de 342 peregrinos, frente a los 1.911 que lo hicieron en mayo, los 1.788 que pasaron en junio, los 1.793 de agosto o los 1.873 que durmieron en septiembre, los meses con mayor afluencia de caminantes. «Diciembre, enero y febrero son los más flojos. En cambio, de abril a junio y entre septiembre y la primera quincena de octubre recibimos al mayor número. En julio y agosto a veces se llena el albergue y otras no, porque hace mucho calor y no viene tanta gente al Camino de Santiago», indica el hospitalero Alberto Aldazábal.

Más orientales

Aldazábal destaca que durante la época estival la proporción de españoles crece, ya que coinciden las vacaciones. En primavera y verano también abundan los italianos, franceses y alemanes, las nacionalidades con mayor presencia en la ruta jacobea. Cuando el frío arrecia proliferan los orientales, sobre todo los surcoreanos. «Acuden más en invierno porque los vuelos les salen más baratos y porque a los jóvenes les reconocen en la Universidad las actividades de superación personal», argumenta.

Magalí Aguilera y Karen Piñeros, en el albergue
Magalí Aguilera y Karen Piñeros, en el albergue / Justo Rodriguez

Sin embargo, Karen nació en Colombia y Magalí procede de Paraguay. Estas amigas residen en Barcelona y se echaron la mochila al hombro en Pamplona con el inicio del puente de la Constitución porque Magalí se reconoce «muy fan» de la ruta jacobea. «He visto diez veces la película 'El Camino'», admite. Ayer regresaron a la Ciudad Condal ya que hoy trabajan, pero se decidieron a pasar el puente caminando dado que «como no encuentro un mes entero para hacer el Camino, unos amigos me sugirieron que lo hiciera por etapas», dice la paraguaya. Así que se pertrecharon bien y comenzaron la senda el pasado miércoles en la capital navarra. «No hemos pasado frío porque íbamos súper preparadas y hasta nos hemos ido quitando ropa a medida que andábamos», asegura Karen.

Nicholas Chang
Nicholas Chang / Justo Rodriguez

«Cuando mi mujer murió, supe que debía cumplir este sueño. A veces hay que hacer lo que debes hacer» Nicholas Chang | Peregrino californiano

A la ventana de la solitaria cocina se asoma Nicholas Chang para fumarse un cigarro. A este californiano, de Los Ángeles, no le arredran ni la lluvia ni los vientos huracanados con que la borrasca 'Ana' barrerá hasta hoy la Península. «Estoy aquí por una decisión personal», admite. Nicholas perdió a su esposa hace un par de meses por causa de una enfermedad. Algún tiempo antes, su suegro recorrió España y quedó prendado de la ruta jacobea, que recomendó a la pareja. «Cuando mi mujer murió, supe inmediatamente que tenía que cumplir ese sueño. Entonces sentí que el tiempo se detenía y mi vida paró. No tenía otra opción más que hacerlo porque no era mi decisión». Así que caminar en invierno resulta algo «circunstancial» para el estadounidense. «Creo que a veces simplemente hay que hacer lo que debes hacer», declara acerca de esta experiencia con la que quiere rendir homenaje a su esposa y reflexionar sobre el sentido de la vida.

Hasta Santiago tendrá con quien compartirla. «En invierno se produce una mayor camaradería. Como hay pocos peregrinos, se juntan más y van en grupo», constata el hospitalero. Solo o acompañado, Nicholas asume que «el Camino es una metáfora de la vida, en la que te encuentras con personas que vienen y que van».

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