«Caía a mares»

Vista de la N-232 tras la riada del sábado. / JOSÉ ÁNGEL SÁENZ

Varios testigos de la tormenta de ayer relatan su experiencia en el momento de mayor virulencia de la tromba

LA RIOJALogroño

Después de la tormenta llega la calma. Aunque depende. Si has estado en el epicentro de la misma, te has visto envuelto por las inclemencias del tiempo o directamente has sido uno de los afectados, la cosa cambia. Varios de los testigos que ayer vivieron de cerca el episodio tormentoso en La Rioja han hablado con este medio para explicarnos cómo vivieron esos momentos de los que dejaron constancia visual en modo de fotos y vídeos.

Todos los caminos conducían al Ebro. El agua se abrió paso con brutalidad hasta posarse en el río. En el camino hizo destrozos y afloraron las viejas rutas del agua, esas que nunca hay que taponar porque más pronto que tarde, vuelven a defender lo suyo. En San Asensio conocen bien las manías del agua. Pero ayer no fue la localidad riojalteña la protagonista. La caprichosa nube descargó con virulencia en el entorno de Recajo y Agoncillo.

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David volvía con la familia de vacaciones. Salió de Castellón con un solazo tremendo y las nubes negras fueron, de alguna manera la que le acompañaron en el horizonte todo el camino. Ya muy cerquita de casa se encontró con la tromba de agua. Un combinado complicado. Parados en la Nacional 232. La Guardia Civil en la carretera. Pensó que había un accidente y que si daba la vuelta para tomar otro camino. Línea contínua y agentes en la carreterrra le invitara a pensar que no era una buena idea. Por si veían algo desagradable le dijeron al peque que se pusiera a jugar con la tablet.

"Enseguida nos dimos cuenta que no había accidentes. Eran las siete de la tarde y caía a mares, pero lo peor de todo no era ni la lluvia ni el agua acumulada, lo peor era la velocidad del agua cayendo de La Rad. Era tremendo", relata David. Nos indicaron que podíamos pasar, despacito y con mucho cuidado y así hicimos. Nos guiamos por los quitamiedos para seguir el camino", explica tras su regreso de vacaciones.

Limpieza en El Campillo y en la AP-68

Joseba Coronel lo tenía fácil. Los acontecimientos se desarrollaban a los pies del bloque en el que habita en el barrio del Campillo. Asomado a la ventana, como el resto de vecinos, contemplaba la caída del agua y el embalsamiento de la misa en el entorno de la gran rotonda que adorna el barrio. "Pensé en sacar la colchoneta hinchable para inmortalizar el momento", bromea. Hoy le ha tocado conducir por la AP-68 y nos atiende en un descanso. "Todo limpio en el Campillo y todo limpio en la autopista", sentencia Joseba.

"Esta mañana me ha tocado madrugar y a eso de las seis de la mañana ya estaban los servicios de limpieza trabajando en la ciudad. Mangueras y cepillos para dejar el entorno limpio. Tenían para rato, pero los equipos no han tardado en ponerse manos a la obras", admitía.

También ha destacado que en su ruta dirección Zaragoza por la AP-68 se ha encontrado todo limpio. "Parece que no haya pasado nada", declara.

Materiales de arrastre en Murillo

Gracias a que el coche de María es algo más alto que un turismo al uso pudo pasar ayer de camino a Murillo de Río Leza. Igual que David subraya que lo que más le llamó la atención fue la velocidad con la que corría el agua por la carretera. "Vimos a un montón de coches parados en el entorno de la gasolinera y coches que preferían parar en los lados antes que continuar el camino".

«Había un coche patrulla de la Guardia Civil en un lado de la carretera y los agentes estaban dentro sin poder salir. El agua les llegaba hasta la altura de la puerta» María (testigo)

Normal. La decisión parecía lógica si un conductor normal ve lo mismo que María. "Había un coche patrulla de la Guardia Civil en un lado de la carretera y los agentes estaban dentro sin poder salir. El agua les llegaba hasta la altura de la puerta", explica María.

Entre que unos pasaban y otros paraban... El caso es que el marido de María decidió continuar. Se dirigían a Murillo y, con mucho cuidado, tomaron el cruce a la derecha hacia la localidad del Leza. "El tráfico aumentó porque muchos decicieron seguir camino a Logroño por esta alernativa (Murillo, Villamediana y Logroño). En el cruce las cosas estaban peor. Agua corriendo a toda pastilla y mucho material de arrastre que afortunadamente no dañó el coche".

María explica que Murillo no fue ajeno a las tormentas del sábado. "Cayó una barbaridad y esta mañana hemos ido a ver una finca, que desgraciadamente estaba bastante dañada por el agua", concluye esta testigo directa de las tormentas.

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