Pan caliente para aliviar el duro invierno camerano

Javier Martínez despacha el pan entre los pocos vecinos que han salido a esperarle a la plaza de Villanueva de Cameros. /Justo Rodriguez
Javier Martínez despacha el pan entre los pocos vecinos que han salido a esperarle a la plaza de Villanueva de Cameros. / Justo Rodriguez

Incluso con temporal, la panadería de Pradillo acerca barras a diario a muchos pueblos del Camero Nuevo

Pilar Hidalgo
PILAR HIDALGO

La familia Martínez Soriano, desde su panadería El Horno de Pradillo ubicada en este municipio serrano, provee de pan a buena parte de las localidades y aldeas de la franja intermedia del Camero Nuevo (Pradillo, Nieva, Montemediano, El Rasillo, Peñaloscintos, Villanueva y Gallinero). El convertir esta zona media en un rebosante 'merengue' ha sido cosa del último temporal de nieve.

Ayer la LR-253 que circunda el pantano González Lacasa y que conecta Nieva con El Rasillo y Ortigosa hasta su desembocadura en Villanueva presentaba restos de nieve y hielo, que aconsejaron suspender el transporte escolar a Ortigosa. Pese a ello, Javier Martínez cumplió con su ruta diaria para acercar cerca de medio centenar de barras huecas y sobadas a los vecinos de estas pequeñas poblaciones serranas. Él atiende esta área, aunque en el Camero Nuevo hay unos pocos municipios con obrador y de otros se encargan otros panaderos. «He podido llegar dos o tres horas más tarde, pero jamás he dejado a la gente sin pan», dice quien lleva cerca de un lustro carretera arriba y abajo con su todoterreno cargado de este alimento básico.

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Su hija Anaís y su esposa Mari Carmen empiezan a hornear el pan sobre las 4 de la mañana y hacia las 6.30 horas Javier baja a Logroño para dejarlo en una decena de establecimientos de la capital riojana y en otro de Villamediana. Luego retorna a Pradillo e inicia el periplo cotidiano sobre las 9.30 horas. «Febrero es el peor mes porque los pueblos están bajo mínimos», apunta Mari Carmen. Y en días de temporal la cosa está aún más calmada. «Paran menos coches de los que circulan por la N-111 para coger el pan», agrega Anaís.

Con un puñado de sacos en la parte trasera del todoterreno, Javier enciende la radio y emprende el camino hacia El Rasillo. «Hoy (por ayer) el riesgo es el 'hielo negro'», concreta desde la experiencia de quien transita a diario por estas carreteras. En El Rasillo entrega las barras en las puertas de varias casas rurales o se las da en mano a los pocos vecinos que desafían las gélidas temperaturas por la calle. Se trata de un servicio casi personalizado.

Justo Rodriguez

La opción de congelar

«Hay gente que te dice que les des tres para congelarlas porque estos días no les apetece salir de casa por el frío», comenta. A él no le inquieta tener que meterse en carretera en jornadas así. «No me gusta la nieve, pero a estas vías no hay que tenerlas miedo, sino respeto», asegura. Por el hielo y porque siempre puede irrumpir alguna «sorpresa» en forma de vaca, yegua o ciervo que baja del monte a beber agua. «Es rara la mañana que no veo uno», sostiene. Su secreto para enfrentar los rigores del invierno en Cameros: «ir más despacio y llevar tacos en las ruedas».

En 'El Mentirón', un espacio techado que da a la plaza de Nieva de Cameros, le esperan Julio Alfaro y Vicente Soriano. El primero acude a por su barra al «punto de encuentro» en el que puede cruzar alguna palabra en una invernal mañana con los pocos vecinos que residen de forma permanente en esta localidad. El segundo es el alguacil y, cuando las calles se congelan, recoge el pan de los vecinos más mayores, la mayoría de los habitantes de Nieva. «Les quito de que puedan sufrir algún resbalón», afirma. Vicente lo reparte luego por las casas de estos abuelos.

Ernesto García colabora con la Dirección General de Obras Públicas despejando de nieve y hielo la LR-253. Mientras él se afana en limpiar esta vía, Javier le deja una barra en la bolsa que cuelga de la entrada de su casa en Montemediano. «Otra misión casi cumplida», exclama.

Justo Rodriguez
Justo Rodriguez

La siguiente parada la realiza en Peñaloscintos, donde no le esperan más que las ventanas donde deposita tres barras para dos familias que trabajan fuera y la cuesta donde en la anterior gran nevada sufrió un patinazo. En Villanueva, cuatro vecinos lo aguardan en la plaza. Pero por poco tiempo, que el frío arrecia y «hay que volver a la lumbre, que es donde mejor se está», admite Pedro Arroyo.

Los martes y sábados sube además a Gallinero. «Si la cosa va bien sobre las 11 horas, he terminado el reparto», precisa. Ayer el temporal le ralentizó, pero para las 11.40 había completado el servicio y tenía «la misión» definitivamente «cumplida».

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