A buen hambre no hay bicho duro

Insectos para uso alimentario en una empresa francesa. :: remy gabalda/afp/
Insectos para uso alimentario en una empresa francesa. :: remy gabalda/afp

Los insectos para consumo humano dejan el limbo: ya son legales en Europa | Los fabricantes y exportadores pueden empezar el proceso para obtener autorización, que puede durar un año

Pablo Álvarez
PABLO ÁLVAREZLogroño

Al final, todo es una cuestión cultural. Hay extensas regiones de Asia, África e incluso América (sobre todo en México) donde el consumo de algunos insectos es más o menos habitual. Pero no en Europa, o en el mundo occidental en general, donde los insectos son el paradigma de lo repulsivo.

Pero estar, están, y hasta ahora este tipo de alimento estaba en una situación curiosa: en Europa era alegal. No explícitamente ilegal, pero sí extrañamente fuera de la legislación. Podían aparecer esporádicamente en algún restaurante (y alguno hay en la capital de España donde forman parte del menú) pero en realidad su venta no podía ser autorizada en la Unión, porque ningún reglamento lo contemplaba.

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Hasta ahora. El 1 de enero entró en vigor un reglamento conocido como «Novel Food», que básicamente viene a dar entrada en el territorio de la bandera azul el consumo de muchos alimentos que hasta el momento no habían recibido demasiada atención en los mercados europeos.

Las autoridades creen que los insectos no tienen ningún riesgo para la salud si se crían correctamente

Entre ellos los insectos, ya sean completos o sus partes (cabezas, alas, extremidades). El reglamento no es una carta blanca general, sino un procedimiento de autorización. Es decir, que no es que los lineales de los supermercados se vayan a llenar ahora de hormigas mexicanas, sino que desde este momento los importadores o fabricantes de alimentos basados en insectos pueden pedir autorización para que sus productos puedan ser vendidos y consumidos en la UE. Algo que puede durar entre 12 y 15 meses.

El reglamento abre una puerta a considerar más fácilmente para el consumo humano 'bichos' que ya sean «tradicionales» en otros países. Así se entiende que podrán ser autorizados alimentos que lleven al menos 25 años siendo consumidos por una cantidad «significativa» de personas en un tercer país.

Riesgos y alergias

Europa es un lugar muy garantista en cuanto a las autorizaciones de productos para el consumo. Así que la llegada de un nuevo grupo de alimentos no deja de levantar suspicacias entre las autoridades de consumo y salud pública.

Así, la EFSA (la agencia europea de seguridad alimentaria, el «policía» de los alimentos en el territorio UE) lleva tiempo con un ojo puesto en los insectos y en sus potenciales riesgos. Y las conclusiones son que, en eso, un saltamontes es igual que una vaca: no hay nada de por sí peligroso en su consumo (más allá de posibles intolerancias o alergias de cada uno), sino que el riesgo está en la alimentación que se usa para el crecimiento y engorde de los bichos.

Pero lo que sí determina la EFSA es que, si se alimentan con «piensos» ya autorizados para otro tipo de animales de consumo humano, los insectos no tienen ningún riesgo particular. Un insecto es igual de sano que una ternera... si se ha alimentado igual de bien que ella.

Mucha proteína

Insectos hay muchos. Pero muchos: se calcula que alrededor del 80% de las especies conocidas son insectos. Y unos 1.500 de ellos son consumidos con más o menos frecuencia alrededor del mundo.

¿Qué tienen los insectos? Pues como todos los animales, mucha proteína. Cien gramos de saltamontes tienen alrededor de 20 de proteínas. Lo que no está mal, pero es menos que, por ejemplo, un bistec de ternera. A partir de ahí, cada uno elige.

Y sobre su preparación, hay de todo. En Japón comen insectos casi crudos, marinados con salsa de soja o similares. En Asia tienden a freírlos, y en México a tostarlos; allí su caparazón (el exoesqueleto) les da una característica que en Europa puede parecer más bien asquerosa, pero que allí se aprecia: su carácter crujiente.

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