El boom del yoga se consolida

Alumnos de la UPL realizan estiramientos en una clase. rodríguez/J.
Alumnos de la UPL realizan estiramientos en una clase. rodríguez / J.

Crece la oferta de espacios donde se imparte la tradicional técnica de origen indio | En los últimos años ha aumentado el número de personas que se forman para ser profesores de yoga

MARÍA CASADOLOGROÑO.

La luz anaranjada de las lámparas de sal se desliza entre las sombras; la suave música instrumental transporta las mentes al más allá o simplemente a ningún sitio; y la respiración se adueña de la sala. «Nos colocamos en la posición de 'La montaña' y tomamos consciencia de nuestro cuerpo y nuestros puntos de apoyo». Así comienza la sesión de yoga de Noemí Ramajo en Lasya Espacio de Relajación. Ella es una de las muchas profesoras que en la actualidad imparte en Logroño la práctica de esta milenaria disciplina, originaria de la India, que cultiva el cuerpo, pero también la mente y el alma.

La pinza, el saludo a la media luna, el indio, la mariposa, la tortuga o la rana son algunas de las posturas, o asanas, que se van practicando en los minutos posteriores. «Escuchamos al cuerpo», aconseja de vez en cuando Noemí, siempre basándose en la llamada 'pranayama' o control de la energía vital a través de la respiración. Después llega la relajación para cerrar la clase, que en otras sesiones es sustituida por la meditación. «Cada profesor tiene su propio estilo y cada persona debe encontrar al profesor con el que conecte», recalca.

En España hay numerosas escuelas de yoga y muchas de ellas ofrecen formación en Logroño

La mayoría mantiene la esencia, pero también hay mezclas; «eso no es yoga», aseguran los profesionales

Hallar oferta de clases de yoga en La Rioja es a día de hoy relativamente fácil: instituciones como la Universidad Popular o el Centro Cultural Ibercaja cuentan con una amplia programación de grupos de yoga, con distintas variantes: más dinámicos, más suaves, para familias, para mayores, para embarazadas y postparto... En total cientos de riojanos llenan las clases que en la mayoría de casos tiene lista de espera.

Pero no son las únicas posibilidades: múltiples centros privados también imparten esta disciplina. No hay más que mirar los carteles que decoran las paredes logroñesas para percibir que el yoga tiene tirón.

¿Y los profesionales cómo lo ven? Todos los profesores consultados, que adelantan la creación en ciernes de una asociación de instructores, coinciden: desde hace varios años hay mucha demanda de alumnos que lo quieren practicar, pero el boom actual es sobre todo de personas formándose; algunas con el objeto de profundizar más para sí mismos y la mayoría para ser profesores. Surge otra duda: ¿Está regulada la formación? En España hay numerosas escuelas formativas de yoga, muchas de ellas se están desplazando a Logroño a dar clases, mientras que otras personas prefieren recibir cursos en ciudades limítrofes.

Oficialmente, como recoge el BOE en el Real Decreto 1034/2011, de 15 de julio, en el Catálogo Nacional de Cualificaciones Profesionales de Actividades Físicas y Deportivas, para ser instructor de yoga se exigen 450 horas de formación reconocida. «Para formarte como profesor hay que interiorizarlo, no es solo cuestión de conocimientos o teoría, sino también de práctica», explica Urbano Hernández, profesor en el Centro Cultural Ibercaja, que durante cuatro años realizó una intensa formación en Zaragoza y ha probado varias de las ramas que conforman el yoga.

La tendencia actual de formaciones exprés pueden tener sus riegos, «no quiere decir que el mejor profesor de yoga es el que más horas de cursos tiene, pero sí que hay que tener una base sólida», apunta Hernández. Su caso, como el de otros, es el ejemplo de una ruptura con la vida anterior, llena de presión y estrés para elegir otra opción: «Mirarse a uno mismo, afrontar las cosas, porque cada vez estamos más lejos de nuestro interior».

Aunque la mayoría de clases mantiene la esencia, «también están surgiendo mezclas, tipo yoga con cerveza, u otras variantes; eso no es yoga, es usar esta técnica para el marketing», asegura la profesora Herminia Sáinz. Junto a ella, Mila Sáenz, Raquel Cárcamo y Martina Pérez Oliván, todas ellas instructoras de la UPL, reflexionamos sobre el yoga y el por qué de su éxito social. «La gente cada vez está más receptiva a estas técnicas; hay mucha ansiedad e incertidumbre, y se buscan otras vías, es una forma de gestionar el caos», indica Mila. Y Martina añade: «El yoga te hace ser consciente de lo que eres, de dónde estás. Te ayuda a gestionar lo que vives, a aumentar tu tiempo de reacción entre la reflexión y la acción. Además, cada vez tiene más apoyo de la comunidad científica que va recomendando su práctica y el llamado mindfulness (concepto psicológico de concentración de la atención y la conciencia)». «El yoga cala despacio, de afuera hacia adentro; muchos llegan por problemas de ansiedad o dolores de espalda y se acaban enganchando al concepto completo del yoga», reconoce Raquel.

«Cada profesor tiene su estilo y cada persona debe encontrar al profesor con el que conecte» Noemí Ramajo Profesora de Lasya Relajación

«Para formarte como instructor hay que interiorizarlo, no sólo es cuestión de teoría» Urbano Hernández Profesor en Centro Ibercaja

«Cada vez el yoga tiene más apoyo de la comunidad científica, que está recomendándolo» Martina Pérez Oliván Profesora en la UPL

«Es beneficioso para todas las edades, desde niños a mayores, se adapta a la necesidad de cada uno» Inma García Profesora de Gauri Yoga

Con la complejidad que otorgan miles de años de evolución, el yoga tiene muchas variantes, aunque la habitual es Occidente es el 'hatha yoga' basado en técnicas físicas, respiratorias y meditativas en busca del equilibrio y la armonía interna. «El yoga es beneficioso para todas las edades, desde niños hasta mayores; se adapta a la necesidad de cada uno. Y por sexos, aunque la mayoría son mujeres, cada vez hay más hombres», precisa Inma García, de Gauri Yoga.

¿Y los alumnos qué opinan? «Desconectas»; «Sales como nueva, es un paréntesis y para la espalda viene genial»; «Me ha enseñado a escucharme a mí misma y a mi cuerpo, a parar, a respirar». Así de claro lo tienen Antonio, Laura y María José mientras vuelven al tiempo real y se despiden hasta la próxima clase...

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