HASTA LAS BICIS, CON CADENAS

JOSÉ A. DEL RÍO

Ayer se sorteó la Lotería de Navidad, Emilio. Uno de esos días, ¿recuerdas?, que para los periodistas preconciliares como nosotros tenían sabor a oficio. Cada 22 de diciembre el mismo ritual. Si hacía frío llegabas a la Redacción, te frotabas tus manos de pedernal y surgía la chispa: «Buf, dos grados y en Soria a 22». Y si nevaba, disparabas: «En Soria, hasta la bicicletas van con cadenas... y los perros, también». Reíamos. A pesar de todo siempre reíamos contigo los que fuimos tus últimos compañeros de esta profesión que te eligió porque no te quedaba otra que ser periodista. Pero periodista de los de chupar calle, de los de hacer miles de encuestas sobre la subida del precio del pan, o sobre el ascenso del Logroñés, o... El caso era llevar al papel la opinión de la gente que dejaba de ser anónima por un día gracias a ti. Y volver al curro con noticias. Fulano cierra, Zutano abre, Perengano está muy mal... O esos sucesos que nadie ha vuelto a relatar como tú, con esa capacidad para sugerir lo que no se podía contar que te hizo merecedor del respeto, primero, y del reconocimiento, después, de la pestañí, como gustabas decir desde el cariño recíproco que intercambiabais de tanto rozaros.

Emilio, todo esto ha cambiado. Mucho. No te has enterado. Mejor para ti. Ahora nos verás a los que seguimos jugando esta partida desde la tribuna de prensa del más allá, donde te habrá esperado tu llorada Lola. Emilio, compañero, me quedo, nos quedamos con el recuerdo del gran hombre que fuiste. Y te recordaremos cada 22 de diciembre, nieve o no.

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