El BBVA augura que La Rioja creará 4.500 empleos hasta el 2019 y el paro se acercará a niveles precrisis

Domínguez, Doval, Martínez Arregui, Cardoso, Pérez-Caballero, Gamarra, Gorría y Llorens. / JUAN MARÍN
Domínguez, Doval, Martínez Arregui, Cardoso, Pérez-Caballero, Gamarra, Gorría y Llorens. / JUAN MARÍN

El servicio de estudios de la entidad prevé que, pese al irregular arranque del 2018, el PIB regional crecerá el 2,6% este año y en el próximo ejercicio

Luis J. Ruiz
LUIS J. RUIZLogroño

Los nubarrones del primer semestre del 2018, esos que han traído alguna que otra turbulencia a la economía riojana, son pasajeros. Tanto que Miguel Cardoso, economista jefe para España de BBVA Research, vino a sostener ayer, durante la presentación del informe 'Situación La Rioja' en el encuentro 'Escenarios económicos' que organiza Diario LA RIOJA, que buena parte de ellos han alcanzado ya su punto de inflexión. Eso, junto a un escenario de futuro optimista basado en la recuperación del número de afiliados a la Seguridad Social, de la recuperación de las exportaciones y del creciente protagonismo de la construcción, hace que BBVA Research augure para La Rioja un crecimiento del PIB para los dos próximos años del 2,6% -para el 2017 su previsión del 2,9% quedó constreñida al 1,7% al cierre del ejercicio-.

Si se cumple lo señalado por los expertos del centro de estudios, la economía riojana será capaz de crear unos 4.500 puestos de trabajo hasta el cierre del 2019 y reducir su tasa de paro al 8,5%, un nivel de desempleo similar al del 2008, el de la gestación de la crisis económica pero aún tres puntos por encima de los años previos a la recesión.

Dentro de un entorno «mundial relativamente positivo en el que la actividad económica se mantendrá aunque no exenta de riesgos», Cardoso sostuvo que la brecha entre la evolución del PIB de La Rioja y del conjunto de España -lastrada por el sector del tabaco (el cierre de la planta de Tabacalera) y la escasa producción vitivinícola del 2017- comenzará a anularse durante la segunda mitad del 2018, tendencia que también replicará el índice de producción industrial. Con ese punto de partida, el repunte de la economía riojana lo sostendrá, sobre todo, «el aumento de las exportaciones» que han ido creciendo a lo largo de los últimos años y que durante el segundo semestre del 2018 serán capaces de «revertir» la «cierta desaceleración» que han sufrido entre enero y junio de este año.

Repunte de la inversión

«Buena parte de la debilidad de la demanda en algunos destinos europeos va a ir desapareciendo en la segunda mitad del año. Hemos venido observando que la inversión en el sector manufacturero ha ido creciendo y no hay mejor indicador que lo que sucede en la inversión ya que explica muy bien qué piensan los empresarios sobre su futuro», argumentó Cardoso.

Junto a las exportaciones, el economista jefe para España de BBVA Research también hizo hincapié en la recuperación del sector de la construcción que arroja, en La Rioja, algunos indicadores «escandalosos» como el repunte de la compra de vivienda tras el ajuste de los precios. «En los próximos años será uno de los principales factores de crecimiento en La Rioja y en España» tanto en términos del PIB como en lo que a creación de empleo se refiere.

A todo lo anterior añadió la política fiscal expansiva recogida en los recientemente aprobados Presupuestos Generales del Estado que tienen medidas específicas como «el aumento de las pensiones, los salarios públicos o la caída del IRPF en ciertos tramos que deberían aumentar el dinero disponible en las familias y generar una aceleración de la demanda interna en los próximos meses». Según Cardoso, «las expectativas económicas presentes y futuras de los empresarios riojanos son positivas» algo a lo que se une un «entorno internacional relativamente favorable con tipos de interés que deberían apoyar el crecimiento económico», completó.

Pero el camino que trazó para la economía riojana no está exento de riesgos. En clave global, podrían lastrar esa progresión augurada, por un lado, el aumento del precio del petróleo que acarrea una reducción paralela de la capacidad adquisitiva y que merma la competitividad de las empresas. Lo ideal, apuntó, sería que ese precio se estabilizara en el entorno de los 70 dólares por barril para que se compensaran los efectos positivos y negativos. A esto añadió las políticas arancelarias impulsadas desde algunos países: «Los primeros escarceos afectan a bienes bastante específicos, no son muy importantes, en general, para España y sus efectos para la economía riojana son bastante limitados más allá de que ciertas empresas o sectores los sufran más», dijo.

Un escenario antagónico depararía una batalla arancelaria que revierta «el proceso de globalización» que ha impulsado el crecimiento de los últimos 30 o 40 años». Como solución, más allá de la intensificación de ese proceso de globalización al margen de EEUU, «la política monetaria podría permitir unos tipos de interés bajos durante más tiempo del previsto y un euro más depreciado que apoye las exportaciones».

Entre las incertidumbres domésticas (y políticas) apuntó la de Cataluña, que puede seguir influyendo en el desarrollo económico regional y que, cifró, tiene «un impacto negativo de entre 3 y 4 décimas. Los aspectos políticos tienen un coste y que crezcamos no significa que no podríamos haber crecido más», concluyó Cardoso antes de asegurar que el riesgo es «elevado. Estamos entrando en la parte final del ciclo político y hay incentivos perversos para aumentar gastos y para reducir impuestos y esto puede hacer que los desequilibrios se incrementen aún más».

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