La FP Básica suma adeptos y logra atajar el abandono escolar temprano en La Rioja

Alumnos en prácticas de uno de los diferentes títulos de Formación Profesional. /Justo Rodriguez
Alumnos en prácticas de uno de los diferentes títulos de Formación Profesional. / Justo Rodriguez

El 13,26% de los alumnos que este curso accedió a un ciclo de grado medio lo hizo desde los estudios que en el 2014 sustituyeron a los PCPI

Carmen Nevot
CARMEN NEVOTLogroño

En el 2014 arrancaba la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce) y con ella una de las propuestas de José Ignacio Wert llamada a frenar el cada vez más preocupante abandono escolar temprano. Se trataba de un itinerario escolar alternativo para los alumnos de entre 15 y 17 años con dificultades para completar la Educación Secundaria Obligatoria (ESO). La nueva vía nacía para sustituir a los Programas de Cualificación Profesional Integral (PCPI), con los que convivió durante un año.

Cuatro cursos después, la tasa de abandono educativo temprano ha caído al 12,5%, ocho puntos menos que en octubre del 2016, cuando este porcentaje era del 20,5%, y muy lejos del alarmante 37,2%, una de las peores cifras de la historia que se alcanzó en el 2008. Entonces, casi cuatro de cada diez alumnos dejaban los estudios de forma prematura.

Vista la evolución, la FP Básica, que ha despegado con fuerza, está cumpliendo el cometido para el que se gestó. De hecho, La Rioja, que se mantiene muy por debajo de la media nacional (18,2%), según los datos de la Encuesta de Población Activa, es la tercera comunidad con menor tasa de abandono escolar, sólo por detrás del País Vasco (7,3%) y Cantabria (9,2%).

La experiencia

En cuanto al número de alumnos, desde la implantación de la FPB, se ha producido un incremento notable. El primer año, el 2014-2015, cuando estuvo conviviendo con los PCPI, 613 estudiantes formalizaron su matricula en primero. Un año después había 912 y representaban el 14,6% de todos los estudiantes de Formación Profesional. El curso 2016-2017 ya eran 972 y suponían el 14,9% y este curso han superado la barrera de los 1.000 alumnos, en concreto, son 1.056, el 8,6% más que un año antes y el 15,6% de todos los alumnos que se decantan por la vía de la Formación Profesional.

Continuidad y menos filtros

No obstante, comenzar este itinerario alternativo, que tiene validez en todo el territorio nacional y permite el acceso directo a los ciclos formativos de grado medio, no es garantía de obtener un título que tendrá los mismos efectos laborales que el de ESO tanto para el acceso a empleos públicos como privados. De hecho, durante el curso 2016-2017, el 45,8% de los alumnos de primero promocionaron a segundo y de todos los que ese mismo año estaban en segundo, sólo el 30,8% obtuvo finalmente el título. Además, el 56,2% obtuvo un certificado de profesionalidad al superar las asignaturas específicas de su grado de FPB, pero no aprobar alguna de las asignaturas comunes, como Lengua y Matemáticas. Un curso antes, pasaron de curso el 45,3% de los estudiantes de primero y 3 de cada 10 de segundo curso lograron el título. No obstante, la mitad consiguió el certificado de profesionalidad.

Para el consejero de Educación, Alberto Galiana, una de las consecuencias de la favorable evolución de la FP Básica es precisamente la reducción de la tasa de abandono, sobre todo en La Rioja. Un fenómeno que, a su juicio, propicia este itinerario educativo, y que no favorecía los antiguos PCPI.

«De alguna manera -estos últimos- conducían a una estación de término. Dentro del sistema era enormemente difícil poder continuar, había demasiados filtros», apunta el titular de Educación. Por contra, con la Formación Profesional Básica se produce una continuidad automática, de manera que si se saca adelante, se puede acceder directamente a un grado medio de FP sin tener que hacer ningún tipo de examen y «eso es lo que se intenta favorecer».

Si bien sólo un tercio de los alumnos que comienza logra finalmente el título, no hay que obviar, explica, que se trata de alumnos que tienen «ciertas dificultades en continuar por el sistema ordinario y por eso se les encamina hacia este tipo de estudios con un enfoque más práctico». No obstante, un porcentaje elevado de estudiantes, que ronda el 80%, obtiene un certificado de profesionalidad que habilita para determinadas profesiones que requieren de una capacitación específica. «De esta manera, si no tienen el título como tal, sí que obtienen una formación profesionalizada que les permite ir al mercado laboral». Por tanto, en torno al 15% sería la tasa de alumnos que no obtiene nada.

«Hablamos de cifras razonablemente positivas, que conseguiremos que crezcan pero que comparativamente con lo que había antes son mucho más efectivas», apostilla.

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