«Bajamos en grupo a comprar por el miedo a que nos sigan»

Manifestación frente a un cuartel de la Guardia Civil en Cataluña / EFE

Una estudiante riojana alojada en una residencia de la Guardia Civil en Barcelona es testigo del acoso de algunos grupos radicales

M. SOBRINOLOGROÑO.

«Puedes querer a tu tierra y puedes odiar al Estado, pero lo que se está promoviendo es una idea violenta». Los hechos de las últimas semanas en Barcelona han forzado a Silvia (nombre ficticio) a tener una idea del conflicto independentista, del que hasta ahora se había mantenido al margen. De ese margen, precisamente, la han sacado los grupos independentistas que desde «hace un par de semanas» se concentran a las afueras de los cuarteles de la Guardia Civil en la ciudad condal. En uno de ellos recibió ella, gracias a un padre guardia civil en La Rioja, la plaza de residencia que le permitió dejar Logroño para estudiar en Barcelona sin tener que hacer frente a las prohibitivas rentas de alquiler de la ciudad, y desde allí escucha a diario las consignas que llegan del exterior. Junto a ella, otros 19 estudiantes son protagonistas sin quererlo de un conflicto con cada vez más tensiones.

«Dormimos con tapones», explica, y relata cómo decenas de independentistas «se juntan todas las noches frente al cuartel para hacer caceroladas. Empiezan a las seis y están aquí hasta las dos de la mañana, con micrófonos y música. Algún compañero me ha dicho que hacen turnos para aguantar más tiempo». La zona de residencia estudiantil dentro del cuartel da a la puerta principal, por lo que son testigos directos de las protestas. «Cuando nos asomamos, nos llaman fascistas y nos dicen que ojalá nos caigamos», atestigua.

Si la vida en la residencia se ve afectada, abandonar el cuartel para ir a clase o a comprar no es más sencillo. «Bajamos en grupo a comprar comida porque nos da miedo que nos sigan, porque te ven salir por la puerta principal», reconoce esta joven riojana que jamás se hubiera imaginado en mitad del conflicto. Ella es de las pocas que permanece en la residencia durante este fin de semana, ya que diecisiete de los veinte alumnos han optado por pasarlo en casa «para no estar aquí el día del referendum». Durante la semana, ha hecho acopio de agua y comida ante el aviso de riesgo de cortes de luz y agua a raíz de posibles disturbios.

«Cuando nos asomamos nos llaman fascistas y nos dicen que ojalá nos caigamos» silvia (nombre ficticio)

«Se está promoviendo una idea un poco violenta», repite Silvia, «y sobre todo de cara a los cuerpos de seguridad». Y, por extensión, a quienes por una razón u otra hacen su vida dentro de las paredes del cuartel. Otro estudiante de la residencia, natural de Manresa, argumenta que la razón es sencilla: «La Guardia Civil siempre ha sido la representación del Estado, aquí en Cataluña y había quien la veía como una policía casi extranjera. Todo lo que está sucediendo ha sido la gota que colma el vaso y hay gente, como los que están aquí delante, que han convertido esa animadversión inicial en odio».

¿Y qué pasará después de hoy, fecha fijada para la votación? «Prefiero no darle demasiadas vueltas», cierra la joven riojana. «Lo único que quiero -concluye- es que no afecte a mi situación y poder seguir estudiando aquí».

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