Bahamontes, un tipo fantástico

Bahamontes, en ruta por La Rioja. /Foto Teo/ Archivo Casa de la Imagen
Bahamontes, en ruta por La Rioja. / Foto Teo/ Archivo Casa de la Imagen

El ganador del Tour de 1959 visitó La Rioja un año después durante una semana

Miguel Martínez Nafarrate
MIGUEL MARTÍNEZ NAFARRATELogroño

Quedar a la hora del café en julio tiene estas cosas. Sol a mazo y silencio por las calles. En el Marbella nos sentamos a los pies de la tele. Dan el Tour. Escapada de dos o tres (tengo un dejá vu y mezclo el día) y el pelotón tira monótonamente para dar caza a los fugados. Comentarios igual de monocordes. Nos hemos quedado sin siesta. Saludo a Teo y nos sentamos a charlar. Teo Martínez Gorrachategui cumple pronto 87 años. Fue fotógrafo de la Gaceta del Norte y también corredor ciclista. Reserva en su memoria, y en unos fantásticos negativos que guardan celosamente en la Casa de la Imagen, la visita de Bahamontes a Logroño y a Cenicero hace ahora 57 años. La charla gira en torno a aquella tira de contactos, pero casi es lo de menos. Pasamos de un tema a otro sin dudar.

Teo trabajaba como técnico de la Electra y le propusieron hacer las fotos para La Gaceta del Norte. No fue Teo la primera opción, pero había fallecido 'Albe' (padre) y no lo dudó. No le vino mal ganar más dinero. No olvidó nunca a sus compañeros 'chispas'. A fin de cuentas entre todos le pagaron a escote una BH «cojonuda» para que pudiera correr en las carreras. Dos platos enormes y cuatro piñones atrás. Teo es un tipo grandote. Le hicieron el cuadro a mano en Ciclos Rioja, en Duquesa de la Victoria.

Pronto se dio cuenta de que las fotos, como el oro, con el tiempo cotizan al alza. Se compró una cámara y un libro de fotografía en Balmes que le costó dos pesetas. Y empezó a disparar. Ser fotoperiodista te permite ser un privilegiado de la historia y, si guardas las fotos 30 o 40 años, tienes un tesoro. Decía eso, que Teo es un tipo grandote, y los años y el bastón no le han rebajado el porte. Subía clavado las cuestas y arrancaba de lejos para conservar ventaja cuando los juncos escaladores le pasaban. Compitió de los 19 a los 27 años y compartió rebufos en el equipo Firestone con Félix Medrano 'El Florero', Bernabé Villanueva, Josechu Navarrete, 'Lecherillo', Jacinto, José Luis Nalda y otros.

El caso es que Fede Bahamontes llegó a Logroño a pasar una semana. Teo lo cuenta como si fuera ayer. Le invitaron Jorge y Paco, los dueños del Bar Bilbao. En ese local sacaban la pizarra a la calle con las clasificaciones del Tour. Era pura pasión. La etapa, la montaña, la general... Alguien tomaba los apuntes de la radio y los escribía con tiza. El ganador del Tour del 59 llegó a La Rioja en 1960. Era la locura. A falta de imágenes, la radio y el papel construían mitos. Las legendarias actuaciones de Fede en Francia eran un filón y quedaban engrandecidas por la maquinaria más potente del ser humano: la imaginación. De reojo miro la tele y han pasado 30 kilómetros con más de lo mismo. Eso sí. Ahora las etapas se ven enteras en las distintas plataformas audiovisuales y hay cámaras por todas partes, pero más de lo mismo, insisto.

Teo recuerda que Bahamontes aprovechó su visita para entrenar y que no bebía gaseosa de no sé que marca porque tenía que beber de otra, que le patrocinaba. En eso, nada ha cambiado. Claro que Teo también observa la tele de vez en cuando y hace un repaso airado del ciclismo. «¡Ja!, con agua mineral no se hace un Tour», sentencia y suelta estopa sobre la gran sospecha que lastra siempre a este agónico deporte.

Y puede que lleve razón cuando se compara el ciclismo de antaño con el de ahora. Evoca la época del ciclismo heroico, de la épica sobre ruedas, del helado de Bahamontes y del café solo doble y un sorbito de coñac para entonar el cuerpo antes de pedalear. Puede ser. Las historias de antaño, al menos suenan mejor. Los comentaristas, en ese momento, hacen quinielas, ¿cogerán a los escapados o no? Queda un suspiro para el final y la fuga aún conserva un minutillo. No lo dudéis, los cogen fijo. Bahamontes salió a entrenarse por La Rioja. Hay fotos por la N-111, puede que a la altura de Villanueva, en Viana y otros lugares. Teo se subía a la moto de Jorge para hacerle fotos en marcha con su vieja cámara Exakta, de construcción alemana. Paraban, almorzaban en una cuneta y seguían ruta. Nada de licra, carbono y sales. Pantalones polaina, medias de cuadros altas y unos desarrollos para echarse a temblar en una época en la que sobresalían en el pelotón los gemelos con varices.

«¿Bahamontes? Un tipo fantástico. Cuanta más talla tiene una persona, más fácil es su trato», sentencia Teo, harto de ver 'correveidiles' ante su objetivo. «Bahamontes no era la primera vez que venía a La Rioja. Vino unos años antes de ganar el Tour para correr la Vuelta a Piqueras. Lo hizo nada más ganar la montaña en Asturias. Era una gozada verle subir», evoca.

El Águila de Toledo firmaba autógrafos a todo el mundo y paseaba por Logroño. En Portales le seguía una multitud de fieles. En una foto se ve a un niño con paperas al que delata el pañuelo que le rodea la cabeza y que mira al as del ciclismo con admiración. En Cenicero también se armó un buen revuelo con su presencia, pero todo fue muy natural. Se preparó lumbre en la bodega de José Mari Pascual para asar unas chuletas. Allí se encontraban Parra, Parrita, Pepe Pascual, Victoriano Pascual, Cantón, Manillas, César Pascual, Gangutia, Calvete, Villanueva, Montejito, Tanis Puellas 'Cubillo', Queleto y otro gran aficionado como Jesús Olano, que ha sembrado de ciclismo el resto de generaciones familiares como Jesús, que acaba de cubrir la Quebrantahuesos y la Clásica La Rioja.

La cámara de Teo estaba allí también para inmortalizar el momento. Ni el propio Bahamontes lo olvida. «La lié gorda ese año porque no competí en el Campeonato de España», dijo a este periódico a propósito del reportaje 'La Bici de Cubillo', previo al aterrizaje de L'Eroica en la localidad vinatera. «Si tienes ocasión dales un saludo a aquellos muchachos», agregó Bahamontes, consciente de que habían pasado muchos años y que sería complicado encontrar a todos.

La conversación con Teo seguía dos horas después. Las historias de la bici, como las de la mili, dan para mucho, a veces, incluso para bastante más que un Tour encorsetado y que queda retratado entre el sonrojo mientras uno sestea entre las vistas de sus evocadores castillos.

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