«Me da asco la mera existencia de pederastas»

M.M. se preparó su último alegato. Al cierre de la quinta sesión aceptó el turno de palabra concedido por el presidente del tribunal para trasladar una extensa reflexión sobre lo visto en el juicio. «Me da asco la mera existencia de pederastas. Si veo hacer algo así a un niño delante de mí, no sé qué pasaría», apuntó antes de mostrar su desasosiego. «No sé el porqué de esta denuncia: fantasía infantil, enfado de las niñas, maldad de mi exfamilia en connivencia con sus amigas... Solo sé que me han arruinado la vida. Llevo con esta espada de Damocles 1.800 días secuestrado, sin dormir, dando explicaciones cada vez que me paran en un control habitual, un aeropuerto, un hotel...».

«Pido a Dios que me acompañe y que les ilumine. Confío en una sentencia justa, dado que siempre he dicho la verdad. No me gustaría verme condenado por algo que no ocurrió», completó.

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