El arte embellece El Sequero

Pedro Revuelta, José Olarte, antiguo director General de MASA y el artista, junto a la escultura/
Pedro Revuelta, José Olarte, antiguo director General de MASA y el artista, junto a la escultura

La empresa MASA inauguró ayer una escultura de José Antonio Olarte en una rotonda del polígono industrial

África Azcona
ÁFRICA AZCONALogroño

La última obra del artista José Antonio Olarte, la escultura de titanio 'Sueño de Ícaro', se puede admirar desde ayer en un escenario atípico: la nueva rotonda construida en El Sequero junto a la empresa MASA. El conjunto, ocho planchas con forma de un ala delta, que representan la secuencia del vuelo ascendente de un avión desde su inicio, es una donación de la propia empresa de mecanizaciones aeronáuticas al polígono, la primera que llega a esta área industrial. MASA se ha propuesto con este gesto unir la actividad industrial con el desarrollo estético o, lo que es lo mismo, «que todos sus empleados y todas las personas que van a trabajar a diario puedan disfrutar de la obra». A su puesta de largo, acudieron autoridades locales, así como el propio presidente de MASA, Pedro Revuelta, el antiguo director general José Olarte y el propio artista jarrero, para quien esta incursión en El Sequero es «la manifestación más democrática del arte», ya que se consigue «llevar el arte a los lugares de trabajo, sin necesidad de tener que ir a una galería o a un estudio».

Los materiales y medios técnicos con los que se ha construido la escultura, de 8,5 metros de altura, son los mismos que MASA utiliza para la fabricación de sus piezas destinadas a la industria aeronáutica y aeroespacial. La estructura está compuesta por 66 piezas de hierro unidas por medios mecánicos. Todas están adecuadas a las dimensiones de la rotonda sobre la que se sitúa la escultura y que ya forma parte del paisaje del entorno del polígono embelleciéndolo. La construcción de 'Sueño de Ícaro', a lo largo de un año, es un trabajo que ha salido de las manos de José Antonio Olarte, aunque en su desarrollo se ha necesitado un proceso de ingeniería en el que han participado ingenieros e, incluso, un arquitecto. Diez personas en total para realizar el mecanizado, ensamblaje y el baño final de las planchas de titanio, con un color resultante que recuerda los reflejos del Guggenheim.

Olarte, por su parte, calificó su obra como un canto a la libertad: «Al igual que Ícaro intentó alcanzar la libertad volando para dejar atrás el laberinto del minotauro, esta escultura bien podría ser un símbolo para quienes con su trabajo intentan cada día alcanzar su libertad», resumió en su reflexión final.

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