Arte con almazuelas

Maricruz Martínez de la Piscina posa con varias de sus obras. :: /Iñaki García
Maricruz Martínez de la Piscina posa con varias de sus obras. :: / Iñaki García

Maricruz Martínez de la Piscina, vecina de Ábalos, expone en Laguardia muchos de sus elaborados trabajos textiles

Iñaki García
IÑAKI GARCÍALogroño

Maricruz Martínez de la Piscina nació en Navaridas, pero desde los 23 años vive en La Rioja, concretamente en Ábalos. Allí cuenta con una pequeña casa museo en la que aglutina juguetes antiguos, herramientas, antigüedades y labores, entre otros muchos objetos. En ese último grupo, el de las labores, las almazuelas gozan de gran atractivo y, de hecho, se han convertido en las protagonistas de una muestra que permanecerá hasta después de Reyes en la Casa Garcetas de Laguardia.

La afición de Martínez de la Piscina por las almazuelas se remonta a hace prácticamente 30 años. «Aunque yo las he conocido durante toda la vida, desde que iba a la escuela», recuerda. «También sé que a mi madre no le traían muy buenos recuerdos porque le llevaban a tiempos anteriores de miseria», apostilla. No en vano, las almazuelas se elaboran uniendo varios retales o telas en desuso.

Aun así, esta vecina de Ábalos no dudó en introducirse en ese mundo. «Recuerdo que descubrí en los Cameros una pieza del siglo XVII e hice una réplica», explica Martínez de la Piscina al hablar de sus primeros contactos con este arte. Asegura, además, que todo lo aprendido en este terreno ha sido por su cuenta. «Yo nunca he ido a clases, me he hecho a mí misma», afirma.

Martínez de la Piscina tiene también una casa museo en Ábalos

Así, al margen de la casa museo, restaurada y potenciada por la propia artista textil, Martínez de la Piscina protagonizó hace unos meses una exposición en Ábalos. «Colgué aproximadamente 54 almazuelas por dos barrios del pueblo y lo cierto es que a la gente les gustaron mucho», cuenta. A raíz de entonces le surgió, a través de una amiga, la oportunidad de exponer también en Laguardia, donde ha llevado una veintena de muestras de su buen hacer. «Hay de todo un poco y muchas de las piezas llevan incluso un bordado por encima», relata. «De hecho, hay una de ellas en la que he incluido los 47 apellidos que conozco de mi familia y, junto a ellos, los pueblos de los que proceden cada uno de ellos», añade. También hay una sobrecama, bolsos y otros muchos trabajos, todos ellos de almazuelas.

Todas las piezas tienen detrás una ardua y minuciosa labor y muchas horas de confección. Aun así, esta vecina de Ábalos anima a todo aquel que lo desee a que se introduzca en este mundo. «A mí, por lo menos, me ayuda a despejar mucho la cabeza porque te obliga a estar totalmente concentrado en aquello que estás haciendo», explica. Y el resultado final vale la pena.

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