Arnedillo y Grávalos, joyas riojanas del turismo termal

Un grupo de bañistas del balneario de Grávalos realizando ejercicios en el agua de la piscina interior. :: sonia tercero/
Un grupo de bañistas del balneario de Grávalos realizando ejercicios en el agua de la piscina interior. :: sonia tercero

Los dos balnearios riojanos están trabajando este otoño a pleno rendimiento

SANDA SAINZ Y ERNESTO PASCUAL

arnedillo/grávalos. «¡Ana! ¿Cómo estás?», saluda con la sonrisa cantarina de quien se reencuentra con alguien querido tras un largo tiempo. «Te traigo a medio Bilbao -añade pícara H-. Y creo que Ester llega mañana y Maribel ya está...». «Sí, ya llevará algún remojillo», le corresponde Ana.

Es el ambiente familiar, hogareño, del hotel más grande de La Rioja, del Balneario de Arnedillo. «Arnedillo es mi segunda casa... llevo ya seis años viniendo -sonríe Rosa Elena mientras encuentra su habitación en la tercera planta-. Hay un clima muy familiar, un ambiente muy acogedor. Conocemos gente de otros años y quedamos para encontrarnos aquí. Y hablo grandezas de Arnedillo, porque los barros me hacen bastante bien para las articulaciones y paso el invierno muy bien. Me gusta venir en esta época para admirar sus paisajes, su cielo azul... Mis amigos me oyen hablar de estas grandezas y se apuntan».

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A Rosa Elena le recomendó Arnedillo una amiga de San Asensio. Y una de sus contagiadas es Piedad. «La mejor propaganda es el boca a boca», afirma. «Es mi tercer año: los barros para mí son fundamentales y el ambiente es inigualable, como venir a casa», comparte con su amiga planeando que dedicarán la tarde a pasear, a un café o a visitar Arnedo o Calahorra.

De los 110 balnearios que hay en España, se pueden contar con los dedos de una mano los que abren todos los días del año, como hace Arnedillo desde 1996. De esos 110 balnearios, sólo tres aplican tratamientos de barro: Archena (Murcia), El Raposo (Badajoz) y el que se baña en el Cidacos. Así, el riojano construye una sólida identidad y diferenciación. «A pesar de que el cliente es fiel, prueba otros sitios... pero siempre vuelve a Arnedillo, donde encuentra una delicadeza que nos hace diferentes», asiente Ana Balmaseda, jefa del Balneario tras 34 años entre sus aguas y muros. «El cliente regresa a Arnedillo porque le fideliza la mejoría que siente», añade José Miguel Guzmán, gerente de la instalación donde trabaja desde hace 27 años.

Alimentado por siete manantiales de los que mana el agua a entre 48 y 52,5 grados, su identidad es el agua termal, el agua mineromedicinal recomendada para dolores reumatoides y óseos. Para ello, los peloides, los tratamientos de barro, son la bandera de Arnedillo. Tiene un cliente fiel, que vuelve año tras año, buscando una mejoría, alivio. De ellos, el cliente número uno llega desde Madrid, seguido del País Vasco, Cataluña... Y crecen los de Aragón. «Nuestra historia aquí comienza en el año 2000 por prescripción de nuestro médico de cabecera de Getxo, por problemas de cervicales de mi mujer -recuerda Ángel antes de ir a comer a Cornago con un descendiente de la villa del Linares-. Empezamos y no hemos perdido ningún año. Hemos seguido viniendo por satisfacción personal, porque lo pasamos de maravilla... Y esperamos poder siguiendo volver muchos años más».

Al abrir todo el año, Arnedillo no siente una temporada alta o baja. «Nuestra mejor temporada es el otoño, este momento», apunta Ana. «Por ser tratamiento terapéutico, la gente busca pasar un invierno mejor, sin dolores», añade Guzmán. Eso sí, las tendencias de los últimos lustros han afianzado otro tipo de usuario de balneario, más allá del medicinal. En verano o los fines de semana, llegan parejas jóvenes o grupos familiares que simplemente buscan relax durante estancias más cortas en sus tres piscinas de agua termal -la de olas y la del río bravo abiertas y la cubierta-. «Pero incluso ese cliente de descanso, si toma unos lodos, aprecia la mejoría y luego vuelve», asiente Guzmán.

Grávalos, al completo

La oferta termal riojana se acaba de enriquecer con la llegada por fin -tras muchos años anhelada- del balneario de Grávalos. Perteneciente a la cadena Relais Termal, este fin de semana han estado completos, con un 80% de clientes particulares y un 20% de termalismo social. Entre semana, el tipo de usuario se equipara más, al 50%. En estos meses de otoño, hay quien busca tratamientos terapéuticos para pasar mejor el invierno y quien prefiere la escapada para disfrutar de varios días de relax. Pero todos aprovechan para visitar bodegas o lugares como Contrebia Leucade en Aguilar o el museo de Igea, entre otras propuestas. «Nosotros les ofrecemos la información de todo lo que hay en un radio de 20 kilómetros y pueden tener ocupado todo el fin de semana», adevierte el director del complejo, José Ramón Arauzo.

Llegan principalmente del País Vasco y de Aragón, también de Burgos, Valladolid, Soria, Madrid y Cataluña. «Se van encantados y piensan repetir». El 10 de diciembre el balneario de Grávalos cerrará la temporada y abrirá en febrero del 2018. En este tiempo se seguirá trabajando en labores de mantenimiento y en el ámbito comercial para la próxima campaña.

Entre los clientes encontramos a Inmaculada Martínez Murúa, natural de Autol y residente en San Adrián (Navarra), que busca tranquilidad y relax en el termalismo. Suele acudir a menudo a este tipo de establecimientos y, en el caso de Grávalos, es la segunda vez este año. «Me fue muy bien la primera y por eso repito», comenta. Además del circuito termal, utiliza el servicio de masajes. Fernando Parra, de San Adrián, destaca las propiedades de las aguas para limpiar la piel y relajar. «Estamos a media hora de camino, normalmente no disponemos de muchos días, por el trabajo, y aprovechamos que está cerca para escapamos. Hay cosas al lado de casa que están muy bien y no se conocen», explica. Se alojan durante dos noches y ambos tienen 47 años.

María Dolores Mínguez Hernández tiene 62 años y viene de Trapagaran, a diez kilómetros de Bilbao. No es usuaria habitual del termalismo social, pero este año se ha decidido. «Estoy operada de cáncer de mama y noto que me duelen mucho los huesos con el tratamiento. He venido para, además de relajarme, ver si disminuyen las molestias y me encuentro mejor», indica. Va a estar diez días y le gusta todo en general. Su marido, José Miguel López, de 64 años, acompaña a María Dolores. Tiene las rodillas un poco desgastadas y ya piensa repetir. «Nos está yendo muy bien, hemos encontrado a personas de todos los sitios y la época es la idónea».

Ángela Quirós Medrano llega desde más lejos: es asturiana pero reside en Vigo, tiene 57 años. También es novata en el termalismo social. Unos familiares le hablaron muy bien y se animó a participar en este programa. Tiene artrosis en la espalda y busca descanso. «Mi marido sufre problemas de piel, dermatitis y le está yendo de maravilla», dice Ángela: «Los tratamientos terapéuticos nos han encantado y el servicio está muy bien. Hemos ido a spas y esto no tiene nada que ver, es otro mundo. No conocíamos la zona y nos está gustando mucho». Grávalos se va haciendo un hueco en el corazón de los aficionados españoles al termalismo.

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