Amargos ladridos a pie de carretera

El perro de la víctima mira la zona del accidente. /Justo Rodriguez
El perro de la víctima mira la zona del accidente. / Justo Rodriguez

El perro de la joven fallecida ayer en Enrena, una de la imágen es de una jornada trágica

LA RIOJA

En la LR-254, pasadas las 15.30 horas, reinaba un silencio doloroso. La Guardia Civil cortaba el tráfico en la vía -lo hizo durante más de dos horas y media- para facilitar los trabajos de los equipos de emergencia y apenas sí se escuchaba el ruido de las máquinas trabajando y de los agentes de la Guardia Civil intentando reconstruir el accidente.

A unos 200 metros, respetuosos, un grupo de vecinos de la zona contemplaba la trágica escena. En el interior de una ambulancia reposaban los restos mortales de la vecina de Entrena.

Pero un perro rompía esporádicamente el silencio. No lo hacía desde ninguna de las fincas colindantes ni desde el extremo contrario de la correa de su dueño. Lo hacía desde uno de los quitamiedos de la vía. Hasta allí, a unos 50 metros de distancia de donde, destrozados, permanecían los vehículos, lo había trasladado algún miembro de los equipos de salvamento.

Se movía inquieto, nervioso y no perdía ojo del vehículo blanco en el que, minutos antes, viajaba. Él consiguió salir indemne del violento choque. Estaba expectante, casi ansioso, buscando algún rostro conocido entre los chalecos amarillos. Alguien que le llevara de vuelta a casa... y cuando alguien se le acercaba, intensificaba esa llamada.

No pudo recibir respuesta.

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