¿A qué altura se encuentra el interruptor de la luz?

L.J.R. LOGROÑO.

La clave puede estar en un interruptor de la luz. O eso creen las partes. Y es que, paradójicamente, la distribución eléctrica de la vivienda adquirió ayer en la Audiencia Provincial cierto protagonismo. El acusado dijo que consumaron con la luz encendida; la víctima sentenció que estaba apagada y que cuando conseguía encenderla desde el interruptor que hay junto a la cama, K.G.T. la apagaba. «Eso es imposible», sostuvo el imputado, que argumentó que dadas las dimensiones del catre, el punto de luz era inaccesible. «Eso es mentira», contradijo la víctima recordando, tras un biombo, los gestos que hacía estirando la mano.

Incluso la ubicación de ese punto de luz provocó el 'enfrentamiento' entre los letrados. El propietario del piso, que alojaba a los dos hermanos para no sentirse solo, aseguró que está a 30 centímetros. No hay quien se lo crea, dijo la acusación particular; en pisos antiguos sí, créame, contestó la defensa.

Pero esa es solo una de las posibles claves de un proceso en el que, como sucede hasta en las buenas familias, las partes se echaron los trastos en la cabeza y sembraron dudas respecto a todo. Así, por ejemplo, se habló de candidiasis vaginal. La que le diagnosticaron a la víctima y que vinculó, dijo ella, a la agresión. Eso obligó a la defensa a airear el historial ginecológico de la víctima y de parte de familia.

Todo en un escenario en el que el fiscal se mostró irritadísimo con la desmemoria del hermano del agresor (mucho menos frágil a preguntas de la defensa) y dio por perdido el testimonio de la madre de la víctima, que acabó por sembrar tantas dudas como para construir una tercera versión de los hechos.

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