Un alimento para la sierra riojana

Óscar Santolaya siembra quinoa en una pieza de las antiguas eras, junto a sus hijos Íñigo y Carmen y la perra Luci. rodríguez/ JUSTO RODRÍGUEZ
Óscar Santolaya siembra quinoa en una pieza de las antiguas eras, junto a sus hijos Íñigo y Carmen y la perra Luci. rodríguez / JUSTO RODRÍGUEZ

San Román de Cameros acoge un campo demostrativo de quinoa ecológica para la obtención de semillas comerciales | La iniciativa, una de las pocas sobre el pseudocereal que se realizan en Europa, supone un nuevo recurso económico para zonas de montaña afectadas por la despoblación

Pilar Hidalgo
PILAR HIDALGO

Siempre fue un terreno donde se cultivaron desde cereales a patatas, enclavado en las eras de San Pedro que se sitúan en las afueras de San Román de Cameros. Quedaron abandonadas en torno a los años 60, cuando el éxodo rural vació de habitantes la sierra riojana. Más de medio siglo después, esta pieza de unos 500-600 metros cuadrados de superficie vuelve a sembrarse con uno de los pseudocereales más de moda en la actualidad por sus valores nutritivos.

Óscar Santolaya y Amaya Menchaca desarrollan en San Román de Cameros un campo demostrativo de quinoa ecológica (de las variedades Salcedo Inia y Blanca de Junín), según los criterios de la permacultura (un sistema de diseño agrícola basado en el ecosistema natural).

La quinoa se ha cultivado tradicionalmente en las tierras altas andinas, desde Colombia hasta Argentina. Fuera de Sudamérica son muy pocas las experiencias que se han llevado a cabo para verla crecer, por lo que el campo demostrativo de San Román constituye «una de las pocas que se están realizando en España y en Europa», según reseña Santolaya.

La iniciativa persigue ofrecer datos sobre siembra y recolección a agricultores interesados

«Hemos obtenido ya simiente de San Román», señala el impulsor del proyecto, Óscar Santolaya

La iniciativa, acogida a la orden de subvenciones de campos demostrativos de la Consejería de Agricultura, persigue atender a la demanda existente con la obtención de semillas ecológicas de quinoa comercial y, sobre todo, ofrecer datos agronómicos (relativos a variedades, técnicas de cultivo, recolección y mecanización) a los agricultores que quieran iniciarse en este cultivo. «Buscamos que nuestros resultados sean extrapolables y sirvan a otros productores», indica el impulsor de esta experiencia en San Román.

La iniciaron en el 2016 y, llegados a su tercera campaña, los frutos se antojan prometedores. «Toda la bibliografía que tenemos es de Latinoamérica y por la diversidad de climas en España apenas nos sirve. Hacen falta estos campos experimentales para ver la viabilidad y adaptabilidad en las diferentes regiones de nuestro país», contextualiza Santolaya. Así que funcionan un poco por ensayo-error. «Vamos experimentando», reconoce.

Íñigo y Carmen muestran plantas de quinoa de la cosecha anterior.
Íñigo y Carmen muestran plantas de quinoa de la cosecha anterior. / j.r.

Tiempos y suelo

En la primera campaña pusieron la quinoa muy tardía, en julio. «Salieron pocas plantas, pero fructificó bien», recuerda Santolaya. En el 2017 adelantaron la siembra a marzo y «obtuvimos una vegetación impresionante, casi sin regar». «Aquí brotaban como si se tratara de 'malas hierbas'», apostilla. Esto supuso un espaldarazo para el proyecto, puesto que Santolaya explica que «el suelo suele ser un factor limitante para la quinoa».

Pero parece que el terreno ligeramente calizo y arcilloso de San Román se adapta a la perfección a este cultivo que en Sudamérica se da desde el nivel del mar hasta los 4.000 metros. La localidad del Camero Viejo se asienta a 850 metros de altitud.

«Hemos conseguido ya semilla de aquí», apunta. En este 2018, el húmedo invierno les obligó a retrasar la siembra hasta la pasada semana. «Tenemos que ir perfilando mejor los tiempos de siembra y de recolección», expone Santolaya como objetivos para la presente cosecha.

El cultivo se ha demostrado viable en este rincón del Camero Viejo, lo que ofrece una alternativa económica a esta zona gravemente afectada por la despoblación. Sin embargo, por estos lares el impulsor de la iniciativa admite que «el gran condicionante es la tipología de las fincas», de pequeño tamaño y situadas en una orografía abrupta de montaña, que dificulta el acceso de la maquinaria. «Podemos poner quinoa para obtener semilla, pero no podríamos competir con otras áreas de La Rioja donde existen piezas mucho más extensas en superficie», reconoce. A este respecto, señala que agricultores de otras comarcas de la región ya se han interesado por el cultivo de la quinoa, sobre todo profesionales del campo de Rioja Alta.

Santolaya y Menchaca lo llevan a cabo en San Román siguiendo el modelo tradicional en Perú, donde este pseudocereal se pone en las fincas junto a la patata y el maíz. «Nosotros también los hemos sembrado en los márgenes, puesto que se trata de asociaciones de cultivos favorables».

Más allá de la oportunidad de una nueva actividad económica en la sierra, la siembra de quinoa en San Román ha reportado otros beneficios como la recuperación de un terreno degradado. Este año finaliza el proyecto de Santolaya y Menchaca, que podría obtener una prórroga por dos años más.

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