La aldea de Lugo millonaria

Los dueños y clientes del bar Cascudo, en la aldea lucense de San Juan de Alba, celebran haber vendido 50 series del Gordo. :: Eliseo Trigo / efe/
Los dueños y clientes del bar Cascudo, en la aldea lucense de San Juan de Alba, celebran haber vendido 50 series del Gordo. :: Eliseo Trigo / efe

Los responsables de este establecimiento compraron 50 series de las 130 que vendió la Administración número 1 de Villalba El bar Cascudo, situado en San Juan de Alba, reparte unos 200 millones entre vecinos y viajeros

D. ROLDÁN / J. DE IRUARRIZAGA MADRID.

Los camiones hacen tronar sus cláxones. Pilar Ferreira no oculta una carcajada al otro lado del teléfono. «Otro más», dice risueña y con una calma pasmosa. Reconoce que lleva toda la mañana recibiendo parabienes, besos y abrazos gigantescos de vecinos de toda la vida y visitantes asiduos del bar Cascudo. Pilar lleva al pie del cañón, «día y noche», desde hace 25 años, en este establecimiento a la salida de la autopista A-68, camino de Villalba (Lugo).

En este lugar suelen parar numerosas personas. Una afluencia que provoca que Pilar tenga décimos para el Sorteo de Navidad desde el mes de agosto. Y así se hizo con cincuenta series del 71198 que ha vendido «poquiño a poquiño» durante todos los meses. «Lo vendimos décimo a décimo, a gente de aquí y a gente de Vigo y Asturias. Algunos se fueron para mi familia en Bilbao», explicó. Son, a falta de comprobar que se ha vendido todo, 200 millones de euros de alegrías. Doscientos millones repartidos desde San Juan de Alba, una pequeña aldea de 300 personas.

Cree Pilar que casi todo el mundo de «los alrededores» lleva algo. Porque no solo el bar Cascudo repartió alegría. La Administración número 1 de Villalba -El Alcázar- distribuyó otros 320 millones. Parte de esa alegría se fue al colegio Insua Bermúdez de la localidad lucense. El director del centro, Arturo Gómez, fue el encargado de la gestión para todos los profesores. Incluso para algunos maestros que dieron clase en el centro y que están en otros destinos o jubilados.

«Una pareja me dijo que venían a comprar el Gordo. Me quedé flipada», confesó Oliva

Después de sacudir la población lucense, el otro gran foco de la alegría navideña estaba en la otra punta del país, en el extremo de la diagonal. En Málaga, tres administraciones vendieron el número más perseguido de la mañana. Y la emoción no se podía disimular. Como Salva, trabajador en la Administración 40 de la capital de la Costa del Sol. Él y sus compañeros hurgaban entre los papeles para saber cuántos décimos habían despachado. Tenían claras varias cosas. «No es un número abonado y llegaron pocos», dijo Salva. Todos se despacharon en ventanilla, cuenta mientras suena un sonoro beso al otro lado del teléfono.

Más calmado, gracias a los años de experiencia, José Cerralbo da la misma respuesta. «Se han vendido los décimos en las tiendas de la zona. Todo suelto», afirmó el responsable de Loterías Fray Leopoldo, nombre que homenajea a uno de los malagueños más ilustres del siglo XX. El boca-oreja empieza a notarse en las puertas de local, sito en la calle Santa Marta. Los vecinos quieren observar, cuchichear y dar la enhorabuena a sus loteros. Y, por qué no, descubrir quién de ellos tiene en su cartera o a buen recaudo en casa un décimo agraciado.

Por terminales

Tampoco lo sabía Oliva Muña. «No me pongas la 'i'. Que la 'i' se perdió», explicó con guasa y muy, muy tranquila. Al igual que sus colegas de profesión, hace recuento de los décimos que ha podido vender. Calcula que tenía asignada una serie completa del número y que la pudo vender entera por ventanilla. Entre los afortunados, una pareja «argentina o chilena». Tenían un acento «cálido». «La pareja me dijo que venía a comprar el Gordo. Me quedé flipada, no me lo podía creer. Y no soy nada supersticiosa, pero lo dijeron con rotundidad», indicó Oliva desde la madrileña calle San Delfín, una administración situada cerca de la orilla del Manzanares. Al otro lado del añorado Vicente Calderón. En Benetússer, a cinco kilómetros de Valencia, Bernabé también hacía cuentas. No sabe «si el 71198 se lo ha llevado un grupo grande, o si se han vendido muchos o pocos décimos». Las terminales provocan este descontrol en las administraciones. Al poder elegirse al gusto el número que el cliente quiere, los loteros tienes que mirar sus archivos para comprobar qué han hecho en las últimas semanas -o meses- con sus números.

José Luis Dezzy, encargado en la administración de lotería ubicada en la calle Obispo número 1 de Jaca, Huesca, explicó que han vendido una serie completa de diez números. «No sabemos con certeza si los afortunados son gente de aquí mismo, pero creemos que sí por las fechas en que fueron comprados», dice emocionado entre voces de festejo de una localidad con menos de 12.000 habitantes. «Somos una ciudad pequeña, no tenemos las colas que se producen en las grandes administraciones y todos saben que nos cayó el Gordo, por eso es un montón la gente que se ha acercado a celebrar».

Este Gordo también tocó en otras localidades. Provocó que se descorcharan botellas en Baeza (Jaén), Santander -que tuvo la suerte de tener varios premios-, Torrejón de Ardoz, Cádiz o Madrid capital. Alegría a destajo en todos estos puntos para un Gordo que, como sus predecesores, se hizo rogar. Le ha cogido el gusto el premio más soñado de este país al mediodía, cuando la tensión está en aumento y los nervios de los alumnos del colegio de San Ildefonso afloran.

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