Como agua de mayo

LA RIOJA MAYO

JONÁS SAINZ

Que el plantea Tierra está sufriendo cada vez más severamente el cambio climático ya no lo niega ni el primo de Rajoy. Este año sus efectos se han hecho más evidentes que nunca y las alarmas han terminado por saltar en los cinco continentes: Asia, desbordada por unos monzones desmedidos; los huracanes Harvey, Irma y María devastaron el Caribe y la peor ola de incendios arrasó California; también en Portugal y en España, donde los efectos en forma de sequía son históricos; sequía que en África se traduce en hambrunas y guerras por el dominio del agua; mientras Larsen C, una de las mayores plataformas de hielo lleva varios meses resquebrajándose... El planeta entero parece estar rompiéndose en pedazos y la mano del hombre no es inocente. La pregunta es si todavía está también en nuestra mano revertir la situación.

Esta dinámica tan negativa ha encadenado los tres años más calurosos desde 1880; siendo 2017 el segundo peor de la historia cuando tenía que haber sido fundamental para combatir los ataques al clima. Bajo esa premisa se celebró la cumbre de Bonn. Aunque ya con la preocupante ausencia de los Estados Unidos del incendiario Donald Trump en el acuerdo de París, los demás países se comprometieron a cumplir una serie de objetivos por el bien del medio ambiente hasta 2020. Precisamente el acuerdo de París debía centralizar ya las vías para hacer un planeta más sostenible. El reto es comenzar a reducir los efectos negativos del cambio climático para esa fecha. Y no rebasar la temperatura media en dos grados más para final de siglo.

Mientras tanto, todo esto tiene una repercusión especial, como siempre, en las personas más desfavorecidas. De hecho, el cambio climático afecta dramáticamente a los llamados refugiados medioambientales. Acnur calcula que para el año 2050 los efectos del calentamiento expulsarán de sus tierras a unos 250 millones de personas. Efectos sociopolíticos que derivan en conflictos que terminan forzando movimientos humanos desde Darfour hasta Siria.

Perdonen si les digo que 2017, en definitiva, fue un año de mierda, tan nefasto que se hace más urgente que nunca que lo que ahora solo son propuestas sean soluciones reales ya. Y, mientras los dirigentes se deciden a redirigir la deriva de esta gran nave en la que todos viajamos, ¿qué haremos los ciudadanos de a pie? ¿Seguiremos esperando de brazos cruzados a que la solución caiga del cielo? Como agua de mayo.

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