La agricultura en La Rioja extrema

César Usirena, Javier Fernández y Raúl Díez pasean por los campos del entorno de Jubera. :: /Miguel Herreros
César Usirena, Javier Fernández y Raúl Díez pasean por los campos del entorno de Jubera. :: / Miguel Herreros

Tres agricultores relatan lo que implica su labor en uno de los últimos reductos cultivables antes de la sierra | Los profesionales del campo en zonas 'límite' como el Alto Jubera deben lidiar con la continua entrada de animales salvajes a sus fincas

Pilar Hidalgo
PILAR HIDALGOJubera

Rodeados de un silencio ensordecedor y de la belleza desnuda de la cuenca del Jubera desarrollan su labor Raúl Díez (47 años), Javier Fernández (33 años) y César Usirena (41). Estos tres hombres -el primero de la localidad de Jubera, y los otros dos de Santa Engracia del Jubera- han apostado por la agricultura en una tierra 'límite'. La franja de terreno entre estos dos pueblos constituye el último reducto cultivable, antes de que una cadena de escarpados montes delimite la frontera física y administrativa con la provincia de Soria.

Laborear en estas tierras 'extremas' conlleva una serie de dificultades añadidas a la práctica agrícola habitual, ya de por sí exigente y muchas veces no bien remunerada. Como el resto de agricultores de La Rioja mañana celebrarán San Isidro y continuarán sembrando estos confines para los cultivos porque «hemos nacido aquí y aquí nos enterrarán», admite Raúl. Él tiene viña, almendros y cereal. Al igual que César. Raúl también cuida de un rebaño de ovejas. Como Javier, que se encarga a su vez de una explotación de vacuno junto a sus hermanos; además de llevar fincas de viñedo y de cereal propias.

Raúl y César charlan en una finca cercana a Jubera.
Raúl y César charlan en una finca cercana a Jubera. / Miguel Herreros

El pueblo de Jubera representa la puerta de entrada a la inmensa serranía que se abre ante sus ojos. Un poco antes se sitúa Santa Engracia. Así, sus parcelas, localizadas en los cada vez menos espacios llanos que dejan las laderas, constituyen «un restaurante» para los animales salvajes. «La entrada de corzos, ciervos y jabalíes es el principal problema que tenemos. En cada época del año le toca pegar a uno», expone Raúl. «Este año los corzos se han comido los brotes de viñas que había en las orillas de algunas piezas, y nos las han dejado rasas», continúa César, quien señala que «ya nos hemos quejado por daños al coto de caza».

«Deberían concederse más batidas porque aquí hay una plaga de fauna silvestre» RAÚL DÍEZ / AGRICULTOR DE JUBERA

Y es que esto es lo que tiene desarrollar la práctica agrícola al pie de la sierra. «Medio Ambiente debería conceder más batidas en esta zona porque aquí hay una plaga de fauna salvaje», se queja Raúl.

«Cada vez necesitas más piezas o más ganado que llevar para poder vivir» JAVIER FERNÁNDEZ / AGRICULTOR DE SANTA ENGRACIA

También favorece la entrada de corzos, ciervos y jabalíes el que cada vez haya más terrenos abandonados, fruto de la acuciante despoblación que azota a la cuenca alta del Jubera. «Hay muchas fincas de las que se ha adueñado el monte y si éstas estuvieran limpias, no vendrían tantos animales salvajes», razonan.

«En el Alto Jubera no va a quedar nadie, no hay relevo generacional» CÉSAR USIRENA / AGRICULTOR DE SANTA ENGRACIA

«Se reduciría el riesgo de incendios y se evitaría la cantidad de accidentes que se producen entre Jubera y Ventas Blancas porque los animales invaden la carretera», plantean como otras de las bondades que conllevaría la regulación de ciertas especies.

Hace cuatro años en Santa Engracia del Jubera se llevó a cabo la concentración parcelaria. Como resultado del proceso, Javier admite que la labor resulta «mucho más rentable». «Antes sembrabas piezas de fanega (en La Rioja suele equivaler a unos 2.000 metros cuadrados de superficie) o fanega y media, mientras que ahora son de hectárea (10.000 metros cuadrados) o hectárea y media», precisa. «Además, dispones de mejores entradas a las parcelas, mejores caminos...», prosigue.

Mayor volumen

Pese a todo, Javier indica que «cada vez necesitas más volumen de tierras que llevar o de ganado» para que la actividad resulte rentable. «Ahora tienes que tener 1.000 ovejas para poder vivir, cuando antes te apañabas con 300», ilustra.

La cuenca del Jubera era antaño un territorio eminentemente ganadero, fundamentalmente volcado en la cría de la oveja. El pastoreo es «esclavo» y no corren buenos tiempos para el ovino, así que para «sobrevivir» en el agro en este área «tenemos que compaginar mucho». «Ahora mismo aquí nos dedicamos en un 50% a la agricultura y en el otro 50% a la ganadería», detalla.

César Usirena, Javier Fernández y Raúl Díez, en los campos del Alto Jubera.
César Usirena, Javier Fernández y Raúl Díez, en los campos del Alto Jubera. / Miguel Herreros

Raúl, Javier y César se sienten los últimos agricultores del Alto Jubera. «Aquí no va a quedar nadie», vaticina César, quien apunta que en su pueblo, Santa Engracia, apenas 40 personas duermen en invierno. Aún son menos en Jubera. «Hay muchos sin hijos y a los que tienen, se les van fuera de aquí o se dedican a otras cosas», comenta.

Dirigen una mirada al cielo que les cobija cada día con cierta añoranza. «Esto es precioso», declaran de común acuerdo antes de desgranar un puñado de sugerencias que visitar en un radio reducido: las minas de plomo de Jubera o el cañón del río San Martín. Lamentan que la zona no esté mejor comunicada con el valle de Ocón, por si pudiera atraer turistas. Pero, sobre todo, que «no viene nadie por detrás».

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