Adiós a la caducidad «obligada»

La rotura de algún elemento del teléfono suele provocar el cambio del terminal, en lugar de su reparación ::
La rotura de algún elemento del teléfono suele provocar el cambio del terminal, en lugar de su reparación :: / FOTOLIA

La UE empieza a tomar medidas contra la 'obsolescencia programada'

Pablo Álvarez
PABLO ÁLVAREZLogroño

Las cosas podrían durar mucho más. Algunas lo hacen: en componentes cruciales de elementos de vital importancia, la humanidad ha desarrollado su capacidad técnica lo suficiente como para que las cosas duren y duren. Como el conejito del anuncio.

Finanzas de andar por casa

Y sin embargo... Sin embargo, a nuestro alrededor todo caduca. Y no sólo los yogures, sino las cosas que no deberían: desde las impresoras (que levante la mano el que tenga una de más de cinco año que funcione) a las lavadoras, los frigoríficos, los lavavajillas. Todo «caduca». Y no digamos elementos con más furia innovadora en su desarrollo, como los teléfonos móviles.

Es lo que se llama «obsolescencia programada»: la creencia generalizada de que los fabricantes hacen sus productos para que duren... lo justo, para que el consumidor tenga que volver a comprar y la rueda siga girando. Aunque es un tema no exento de su propia leyenda urbana, lo cierto es que algo hay. Y las autoridades (las europeas, que suelen ser la punta de lanza en los asuntos que tienen que ver con el consumidor) han empezado a moverse. En Francia, de hecho, la obsolescencia programada es delito desde una regulación de hace tres años.

El Parlamento Europeo cita el ejemplo de algunas marcas de móviles que no permiten cambiar las baterías de sus terminales

El fomento de la reparación podría acarrear un tirón en el empleo

Así, estos días el Parlamento Europeo ha aprobado una resolución en la que pide a la Comisión europea que legisle contra la obsolescencia programada. Y que sugieren una serie de medidas para que el fabricante tenga más incentivos para que sus productos duren más tiempo, y se evite así tanto el daño al consumidor como el perjuicio al medio ambiente de una excesiva utilización de recursos. A saber: la propia resolución cita el ejemplo de algunas marcas de teléfonos móviles (y no precisamente de escaso recorrido) que no permiten cambiar las baterías de sus terminales. Si la batería deja de ser operativa, el teléfono ha de ser cambiado, aunque una sustitución de esa pieza permitiría que el aparato siguiera funcionando perfectamente.

Reparaciones

El texto (que no es vinculante, como suele pasar con las resoluciones del Parlamento) incluye por ejemplo un etiquetado en el que se indique la durabilidad prevista del producto y sus posibilidades de reparación. E incluso sugieren que si esa reparación se prevé costosa en el tiempo, eso incluya una extensión de la garantía del producto. Se trata de evitar el manido «esto le cuesta más repararlo que comprarse uno nuevo».

Porque además, señala el Parlamento, un fomento de la reparación podría conllevar un tirón en ese sector del empleo. Y para eso, el informe aconseja una medida que podría ser revolucionaria en muchos sectores: prohibir que las marcas obliguen a que sus producto sean reparados obligatoriamente por el servicio técnico de la empresa.

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