La Rioja

Australia, Canadá, Martínez Zaporta

Australia, Canadá, Martínez Zaporta
  • «Nada perece en el universo; cuanto en él acontece no pasa de meras transformaciones»

La semana pasada, la ministra de Trabajo anunció la creación de una ayuda, ideada como complemento salarial, consistente en 430 euros mensuales para aquellos jóvenes conocidos como 'ninis' (que ni estudian ni trabajan) que firmen un contrato de formación. Los beneficiarios cobrarán lo estipulado en su contrato, más 430 euros que les aporta el Gobierno central, presidido por el PP. Esto es, la derecha de toda la vida. Recientemente, el Gobierno de La Rioja, gobernando igualmente por el PP, aprobó la llamada renta ciudadana, un desembolso incluido en los Presupuestos regionales y dirigido a esos administrados que carezcan de otros ingresos. Se trata, como se deduce, de dos medidas que superan las fronteras ideológicas clásicas y confirman el auténtico triunfo de aquella corriente doctrinal llamada socialdemocracia: reflejan que todos los partidos se juzgan hoy herederos de los padres fundadores de ese movimiento sin el cual no puede entenderse el mundo civilizado.

De modo que si todos los partidos acaban convirtiéndose en socialdemócratas, aunque sea a ratos, los genuinos representantes de ese legado tienen más complicado hacerse un hueco en la disputa electoral. En España, semejante herencia perfuma tradicionalmente las siglas del PSOE, partido que siente comprometido por lo tanto su presente y su futuro en las urnas porque el resto de rivales compite, expresa o tácitamente, por ese mismo espacio. Pretenden hurtarle su marca de agua, su seña de identidad, discutida a su izquierda y a su derecha. Una formación política bien musculada y con el radar a pleno rendimiento hubiera detectado esas amenazas y adaptado por lo tanto su discurso para que mantuviera su vigencia, habida cuenta que se trata de un caso de éxito. Pero el PSOE actual sufre graves problemas para ajustar su mensaje a una sociedad en cambio y ha conocido también mejores días en la elección de sus principales líderes.

En La Rioja, los socialistas se acaban de embarcar en un proceso de elección de su nuevo secretario general donde se observan esos mismo fenómenos, a su propia escala. En las primeras declaraciones de los dos rivales, Félix Caperos y Francisco Ocón, no se detectan serias diferencias ideológicas. Podrá alegarse, con razón, que como se trata de miembros del mismo partido resulta difícil encontrar graves divergencias, pero de ahí a que nadie pueda tropezar siquiera con un leve matiz que les separe... Lo cual no es tan insólito en esta hora extraña de la política patria: hace un par de meses, el PP riojano enfrentó también dos candidaturas opuestas en su propio congreso, que culminó sin que nadie pudiera concluir en qué se distinguía la candidatura triunfadora de la derrotada, al menos en términos ideológicos.

Caperos ha preferido ceñir su estrategia al día después de la presentación de avales. Su discurso se limita a insistir en que quiere liderar «otro» PSOE, distinto al actual. Ocón, que sí presentó su candidatura en un acto convocado a tal efecto, fue más explícito, aunque sus intenciones llegan envueltas en una calculada ambigüedad para que puedan ser compartidos por todos los militantes. Incluso por Caperos. De hecho, atendían sus palabras seguidores de las tres corrientes recién enfrentadas en las primarias federales: a los partidarios de Díaz, López y Sánchez dirigió Ocón un mensaje donde descollaban algunas ideas fuerza. Por ejemplo, su pretensión de fomentar un partido más abierto, activar la participación, mejorar la formación de sus cuadros... Ocón, que mencionó las palabras fetiche para cualquier socialista (libertad, igualdad), fue algo más original cuando se detuvo en conceptos novedosos, como el reconocimiento de que la marca PSOE cotiza últimamente a la baja y resulta difícil atraer, como ocurría antaño, a algunas de las mejores cabezas de la sociedad, con aviso incluido: «Hemos vivido momentos convulsos y todos debemos aprender. Y cuando digo todos, digo todos». «Las soluciones no son sencillas ni inmediatas», concluyó.

Un diagnóstico certero: lo complicado en política es lo siguiente, acertar con la receta. Desde luego, si el PSOE quiere algún día recuperar el papel central que le caracterizaba así en La Rioja como en el resto de España (nación de naciones), cualquier alma caritativa le aconsejaría que cesara en los vaivenes sobre su modelo de Estado, adaptado según la moda que se lleve cada temporada y de acuerdo a su tendencia a coquetear con el nacionalismo desleal. Un discurso veleta que le ayuda poco a recoger votos en los rincones del país que sólo se sienten eso: españoles. No australianos, según la última ocurrencia alumbrada en Ferraz. A lo que añade otra debilidad: cierta incapacidad para enarbolar la bandera auténtica de la socialdemocracia ahora que hasta Fátima Báñez se cree Rosa de Luxemburgo y Conrado Escobar copia a Olof Palme. Una competencia que puede animar al PSOE a radicalizarse y dejar vacío el carril central del arco político que conducía hacia el acuerdo comercial con Canadá. Ese tipo de (presunta) alta política que tanto daño hace al socialismo riojano. Porque Canadá, como Australia y Ferraz, quedan lejos de Martínez Zaporta.

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