La Rioja

El hombre que amenazó de muerte a un juez de Logroño acepta un año de cárcel

  • El condenado, que lamentó no tener un arma para «pegar un tiro en la cabeza» al magistrado, seguirá un tratamiento psiquiátrico y de desintoxicación

logroño. Un año de prisión, multa de 1.440 euros y tres años más en los programas de tratamiento psiquiátrico y de desintoxicación que comenzó el pasado mes de febrero. Esos son los términos del acuerdo que ayer suscribió E.J.P. con el Ministerio Fiscal y al que dio el visto bueno la Audiencia Provincial de La Rioja. La condena firmada ayer cierra el círculo a un proceso que no ha salido del Palacio de Justicia. En sus dependencias (en las antiguas) se cometieron los hechos; y en ellas (en las nuevas) se ha dictado sentencia.

La acusación que el Ministerio Fiscal dirigía contra E.J.P. nació durante su toma de declaración en otro proceso. Era un juicio rápido y tuvo que comparecer en diciembre del 2005 ante el magistrado Sergio Escalona, titular del Juzgado de Instrucción número 3 de Logroño y hoy juez de adscripción territorial del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña en Barcelona.

A E.J.P. le acusaban entonces de ser el autor de los delitos de acoso, amenazas y coacciones. Como casi todos los imputados, negó la mayor... pero él fue mucho más allá al hacer responsable al magistrado -que renunció a todas las acciones penales y civiles- de «no ser juez» y de estar «defendiendo a delincuentes» [en referencia a la persona que le había denunciado].

Pero esas acusaciones, visto el devenir de los hechos que ayer el acusado reconoció y dio por buenas, apenas si fueron carantoñas. Cuando el juez le informó de que tendría que comparecer 24 horas después acompañado de un abogado, el acusado le dijo que no lo haría, y que tenía previsto ir a visitar «al delegado del Gobierno» para denunciarle por «dejar libre a un delincuente [...] que se estará descojonando de él». E.J.P. le dijo que tenía dinero para hundir al juez y que si le mataban sería responsabilidad del magistrado: «Que esto quede muy claro. No me toque los cojones», dijo.

Escalona decidió que lo mejor era detenerle, que pasara la noche en el calabozo y, así, asegurar su presencia el día siguiente. Y eso fue la gota que colmó el vaso para E.J.P., que se vino arriba. Insinuó que el juez mantenía una relación sentimental con el hombre que le había denunciado y se lamentó de no tener una broca a mano para metérsela en la boca al magistrado antes de hacer referencia a preferencias y prácticas sexuales de diversa índole.

Pero lo que acabó motivando su imputación fue la última frase. Se dio la vuelta, miró a un policía y le dijo que le gustaría coger su pistola para pegarle un tiro en la cabeza al magistrado.

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