La Rioja

UN COLCHÓN MULLIDO

El yayo Tasio lee que Félix Revuelta ha perdido de un plumazo 45 millones en la venta del Banco Popular y se acuerda de cuando a él se le extraviaron los mil duros que le habían prestado para comprar un par de cabritos. Revuelta declara sin despeinarse que ha dormido como un reloj. Al abuelo aún se le ponen los pelos de punta porque no pegó ni ojo una semana entera. Un vecino le fió para comprar los animales que pensaba revender casi por el doble, pero cuando llegó el día convenido para abonar la deuda se echó mano a la cartera y no encontró los billetes que le había costado juntar para cumplir el trato. El yayo se palpaba todos los bolsillos y el cuerpo se le empapaba de sudor en pleno invierno. A diferencia de Revuelta, Tasio no era (ni es) rico y jamás ha tenido (ni tendrá) el aplomo para observar un fajo de billetes con desapego. Los 45 millones de euros del presidente de Kiluva son en realidad mucho menos que aquellas 5.000 pesetas del abuelo, pero lo que realmente difiere es la relación que mantiene con el dinero quien no está acostumbrado a él. Revuelta es inversor. «He perdido y ganado mucho; ya estoy vacunado», declara. En sus palabras intuye que no hay soberbia. Ni siquiera esa prepotencia más común entre quien presume de lo que no tiene. Aunque a Tasio le chirríen y concluya que su pobreza es un virus incurable. El abuelo sólo ha conseguido dormir a pierna suelta cuando no ha debido nada a nadie y sabía que el (poco) dinero que tuviera estaba guardado debajo del colchón.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate