La Rioja

«Cuando no tengo nada y parece que no hay salida, Cáritas siempre está ahí»

  • Dos usuarias de Cáritas relatan las circunstancias que les llevaron (y siguen llevándolas) a solicitar el abanico de ayudas que presta la entidad riojana

María (nombre ficticio) se casó con 14 años y sólo dos después tuvo su primer hijo. Sin saber leer ni escribir, un buen día las cosas se torcieron y todo se oscureció. «Hubo un momento en que lo pasé mal; muy mal», reconoce rememorando su separación, la falta de empleo y las necesidades de su familia que se vio obligada a afrontar sola sin saber muy bien a dónde acudir hasta que recurrió a Cáritas. Ahí no sólo encontró ayuda de urgencia en forma de alimentos, sino unas manos amigas para guiarle en su formación que incluyó cursos de alfabetización y su paso por el Plus Ultra. «Logré el curso de manipulador de alimentos, aprendía por fin a leer y escribir, hice curso de costura...», recapitula para concluir: «El apoyo no sólo ha sido material, sino que ha permitido desarrollarme y avanzar como persona».

Su caso es el ejemplo de cómo las dificultades también se heredan. Y cómo la actuación de Cáritas tiene un carácter transversal e intergeneracional cuando así se requiere. La hija de María también ha recibido apoyo para estudiar un módulo de peluquería y esteticien. Su hijo ha disfrutado del fondo de solidaridad de la institución formando parte de un taller de muebles. Así, entre trabajos alternos y ayudas puntuales, la familia completa va vadeando las dificultades sin descuidar el agradecimiento a Cáritas. «Sin ellos, no sé qué hubiera sido de nosotros», dice.

Farah (nombre ficticio) también derrocha gratitud a la institución en la que recaló hace seis años. «Acudí a la iglesia que estaba al lado de casa y en un primer momento me facilitaron ropa y comida», explica esta mujer marroquí que más tarde volvió a agarrarse al mismo asidero cuando el matrimonio con el que su familia compartía un piso se desentendió del pago y se llevaron todos los muebles. «De pronto nos vimos sin nada, con un desahucio encima; Cáritas primero nos facilitó desde un frigorífico o una lavadora, después una ayuda del fondo de solidaridad, más tarde una vivienda temporal e incluso ayuda para que mi marido participara un curso de riesgos laborales en la construcción». Farah repasa su propia historia y extrae una conclusión: «Cuando no tenemos nada y parece que no hay salida, Cáritas siempre está ahí».

Entre trabajos precarios y trabas en el camino, ambas van forjando su propia trayectoria sabiendo que siempre habrá una puerta abierta cuando las oportunidades se cierren.

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