La Rioja

La sequía acaba con el 70% de la cosecha de cereal en La Rioja

Juan Palacios, su padre Luis, y Roberto Ortiz de Landázuri, en un campo de cereal en Bañares. En esta época debería llegar a la altura de la cintura y sin embargo la planta apenas llega a la rodilla
Juan Palacios, su padre Luis, y Roberto Ortiz de Landázuri, en un campo de cereal en Bañares. En esta época debería llegar a la altura de la cintura y sin embargo la planta apenas llega a la rodilla / Justo Rodriguez
  • La lluvia del fin de semana pasadoalivia pero no soluciona la drástica sequía. El consejero Íñigo Nagore no recuerda una situación como la actual, con Mansilla al 40% de su capacidad a primeros de junio, en los 22 años que lleva en Agricultura

  • El Gobierno estudia abastecer en cisternas los abrevaderos de la sierra para que no le falte agua al ganado que depende de algunas de las fuentes que han empezado a fallar

Llueve, pero poco. El agua caída este fin de semana sigue siendo insuficiente para solucionar el problema de fondo que La Rioja arrastra desde septiembre del 2016, el mes que marca el inicio del año hidrológico. Un año especialmente malo con meses tremendamente secos, como abril, cuando cayeron 4,7 litros por metro cuadrado frente a lo habitual que suelen ser unos 46, o diciembre, con 8,3, mientras la media histórica roza los 38.

Los embalses sufren las raquíticas precipitaciones, sobre todo el de Mansilla, que, según los datos de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), no almacena ni 30.000 hectómetros cúbicos de agua de los casi 68.000 que puede acumular. Una foto fija inédita a principios de junio, cuando lo normal es que el pantano del que más agricultores dependen para regar sus cultivos en La Rioja se presente por esta época pletórico, rebosante, rozando el 90 o incluso el 95% de su capacidad total.

Los otros dos embalses de la región no corren mejor suerte, el de Pajares no llega ni a la mitad y el de González Lacasa, por fortuna, permite ver más despejado el futuro próximo de los agricultores de la zona, aunque tampoco aquí, en la cuenca del Iregua, se descartan unas restricciones que ya han llegado al Najerilla.

La sequía preocupa al Ejecutivo riojano, especialmente al consejero Íñigo Nagore que no recuerda una situación similar en los 22 años que lleva en Agricultura. Cada mañana mira las reservas hídricas y la de Mansilla «es preocupante porque estamos con menos de 30 hectómetros cúbicos y eso implica que va a haber severas restricciones para cubrir las necesidades de regadío de todos los agricultores que dependen de este embalse y, por tanto, hay un problema importante», cuenta.

Pero las limitaciones de agua para riego ya han empezado en la margen izquierda del Najerilla. Luis Palacios, su hijo Juan, y Roberto Ruiz de Landázuri dan fe de ello. Desde esta misma semana sólo les está permitido regar cuatro horas por hectárea a la semana, un cantidad a todas luces insuficiente, aunque ya poco se puede hacer, dicen, por el maltrecho cereal. Dan por perdido entre el 60 y el 70% del trigo y la cebada. La falta de precipitaciones, las altas temperaturas e incluso la helada que congeló los cultivos durante la madrugada del pasado 28 de abril fueron los ingredientes de un cóctel casi letal para la planta de la que viven cientos de agricultores en la región. El guisante, que se recoge por San Bernabé «parece que ha librado», comenta Luis. Otra cuestión es qué ocurrirá con la patata y la remolacha, aunque las «malas» perspectivas hacen temer que correrán la misma suerte que el cereal.

Auguran que la alubia verde -el siguiente cultivo en la hoja de ruta de los agricultores una vez que han recogido el guisante-, se quede sin plantar porque necesita mucha agua y «a ver quién se arriesga a invertir en la semilla para luego no recoger nada». «Este año la pérdida está asegurada, no va a haber ni calidad ni cantidad», lamenta Luis Palacios, aunque sabe que la situación es aún más crítica en otras localidades como Foncea o Treviana, donde dependen del agua de lluvia y «si no es del cielo no tienen nada».

Tanto Juan como Luis y Roberto, que cada día miran al cielo esperando el milagro que les libre de los números rojos, creen que es urgente mentalizarse y acometer las obras necesarias para almacenar el agua que cae en invierno y no llegar a situaciones críticas como la que están viviendo. Pero, como en todo, dicen, «la gente sólo se acuerda de Santa Bárbara cuando truena».

Roberto Ortiz de Landázuri empezó a trabajar en el campo a los 18 años y no recuerda un año como este. «Venimos de un invierno que no ha sido invierno, confiamos en marzo y abril, pero tampoco». Y es que aunque cayeron 38,5 litros por metro cuadrado, algo más que la media histórica, lo cierto es que la mayor parte, en concreto 22,2, lo hicieron en un solo día, el 25, y «20 litros en una hora no sirven de nada», apunta.

«Es lamentable que sea primeros de junio y estemos así porque si esto ocurre en agosto....». De ahí que creen que las restricciones para el riego no hayan hecho más que empezar. De hecho, a partir de ahora la junta de regadío, a la que Ortiz de Landázuri pertenece en representación de Bañares, se reunirá cada semana para analizar la evolución del caudal y «mucho me temo que de seguir así todavía nos van a recortar más».

A pie de campo, mientras muestran a esta cronista que en esta época del año el cereal debería llegar a la altura de la cintura y sólo alcanza la rodilla, lamenta que esta campaña será irremediablemente de números rojos. Da el año por perdido pero confía en que «no vengan muchos años como este porque sería la ruina para la comarca».

El pimiento, otro de los cultivos emblemáticos de La Rioja, no se encontraría en la cuerda floja. Al menos de momento, asegura Jesús Martínez, presidente de la Asociación Profesional del Pimiento Najerano y de Santo Domingo. En un futuro próximo, claro que podría haber restricciones. El caudal es el que hay y lo cierto es que no tiene nada que ver con lo que había otros años.

Hace años, en la zona de Tricio hubo un proyecto de riego por tubería, pero la oposición de varias personas echó por tierra unos planes que a día de hoy hubieran puesto fin a la incertidumbre de los agricultores que siguen confiando su cosecha al cielo. «Pero es ahora cuando nos acordamos de esos proyectos que podíamos haber hecho hace muchos años». Critica que se hayan estado regando las viñas y reclama que «si hay restricciones las haya para todos».

Desde los sindicatos agrarios piden «medidas excepcionales para situaciones excepcionales» y esta es, sin duda, una de ellas. En la UAGR, su presidente, Óscar Salazar, solicita el mismo trato que a los ganaderos y si a ellos ya les han reconocidos unos daños y tendrán ayudas y préstamos para aliviar los sobrecostes para adquirir pienso y hierba para alimentar a sus animales, demanda ayudas directas primero para los cereales porque de los tres últimos años dos han sido de sequía y el precio tanto del trigo como de la cebada ha estado por debajo de los costes de producción.

En su lista de reclamaciones, pide también préstamos bonificados con coste cero para el agricultor y que se revisen los seguros que «están obsoletos». «Es necesario tener unos seguros más justos, pero mientras tanto no se puede abandonar a los agricultores de cereales, porque con los precios que tenemos la gente anda muy mal y hay que tener dinero disponible para la sementera que viene», lamenta.

Salazar, que reclama un reunión urgente con el consejero de Agricultura, para tratar la regulación de la cabecera del Oja, reconoce que esta es una zona especialmente afectada por la sequía, con los municipios de Villalobar, Bañares, Treviana, Cuzcurrita, Herramélluri y Foncea y si la falta de lluvias persiste «la sequía va a terminar con todo hasta en los pocos sitios que hay un rayo de esperanza». «Sólo si llueve y cambian un poco las temperaturas puede haber una cosecha regularcilla, tirando a mala, pero si sigue así cuatro o seis días más no va a haber cosecha en ninguna parte», sostiene.

En ARAG-ASAJA, su coordinador de política agraria, Igor Fonseca, es menos pesimista. En su opinión, la situación era más crítica hace dos semanas porque todavía no se habían producido los episodios de precipitaciones que han venido después y que «han dado oxígeno sobre todo a los cereales de secano. De creer que la cosecha estaba perdida hemos pasado a un escenario poco ilusionante pero que podría mejorar». No obstante, cree que salvo que junio sea extremadamente lluvioso, que no es lo que se prevé, la situación puede ir incluso a peor.

En cualquier caso, lo que preocupa a este sindicato agrario es lo que ocurrirá de ahora en adelante con la alubia verde y el maíz, que son cultivos de regadío que dependen de que haya suficiente dotación hídrica, y teniendo en cuenta que la comunidad de regantes del sector tercero de la margen izquierda del Najerilla ya ha comunicado restricciones para regadío no parece probable que vaya a haber agua suficiente.

Fonseca considera que un país mediterráneo, con periodos normales de sequía, que tiene sistemas para predecir si un año va a ser especialmente seco o no, debería disponer de instrumentos para prevenir restricciones, incluso que los desembalses hubieran sido menores en invierno. Todo ello sumado a que, en su opinión, debería haber más sensibilidad a la hora de impulsar infraestructuras, como la presa de Posadas o la de Enciso que permitirían regular nuestros ríos y contar con mayores recursos.

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