La Rioja

La penitencia en San Vicente

La tradición de los picaos volvió a reunir en la Sonsierra riojana a miles de personas entre fieles, turistas o simples curiosos. :: Justo Rodríguez
La tradición de los picaos volvió a reunir en la Sonsierra riojana a miles de personas entre fieles, turistas o simples curiosos. :: Justo Rodríguez
  • Miles de personas se acercaron para ver una tradición de sangre que la Vera Cruz ha preservado durante siglos

  • Los picaos volvieron a procesionar conservando el rito de la disciplina

San Vicente de la Sonsierra. A lo largo de la calle Zumalacárregui se fue acumulando el público casi una hora antes de empezar la procesión. Es en ese punto, a la altura de Casa Toni, cuando los picaos empiezan a flagelar su espalda. Con la cara cubierta para mantener el anonimato, el dorso descubierto y una madeja en la mano cumplen con el rito de la disciplina, el único de sangre que se mantiene en España.

Ya en el siglo XVI, según reza en los estatutos de la cofradía de la Santa Vera Cruz, el origen de esta tradición se remonta a tiempos inmemoriales. Teorías sobre su introducción en España hay varias. Don Ramiro, que dicen que participó en las Cruzadas, pudo traer un trozo de la Cruz de Cristo a San Vicente de la Sonsierra y se custodió en Santa María de la Piscina.

Lo cierto es que la disciplina de sangre se ha mantenido a los pies de la sierra de Cantabria durante cientos de años. Pese a prohibiciones y cambios políticos, han sido fieles a una tradición que llevan muy dentro. Va unido a la forma de ser de un pueblo que vive la Semana Santa de manera íntima aunque estén rodeados de gente.

A las puertas de Santa María de la Mayor se fueron colocando los cofrades y amigos de la Vera Cruz junto a los pasos para dar inicio a la procesión de la Santa Cena. Detrás de la Virgen se distinguía a varios disciplinantes que vestían la capucha blanca y llevaban sobre sus hombros la capa marrón con la cruz blanca, acompañados de cofrades. Descalzos, algunos con cadenas, seguían el recorrido de la procesión ante la atenta y sorprendida mirada de los visitantes.

Detrás de ellos también iban las Marías, mujeres vestidas de negro con la cara tapada y descalzas que practican su particular penitencia durante todo el recorrido de la procesión, acompañadas también por mujeres cofrades.

Al inicio del recorrido, por primera vez se pudo ver el mural que el Ayuntamiento de San Vicente de la Sonsierra ha encargado a José Uríszar y que recordará para siempre la procesión de los Picaos, declarada Bien de Interés Cultural Inmaterial.

Y a la altura de Casa Toni, los primeros disciplinantes comenzaron a arrodillarse para ponerse bajo la protección de alguno de los pasos o de la Cruz que salen en procesión. El ayudante les descubrió la espalda y comenzaron con el rito de la disciplina. Golpes secos que resuenan, golpes que van enrojeciendo la espalda, golpes que son auténticos actos de fe. Cerca de un millar de veces se flagelaron hasta que el práctico les picó seis veces en la espalda para que brotara la sangre. Una veintena de golpes más culminaron con la penitencia particular de cada uno.

Los cofrades les pusieron la capa, según iba finalizando cada disciplinante, y les acompañaban a la sede de la Vera Cruz, la ermita de San Juan de la Cerca, para curar las heridas con agua de romero.

La presencia de los picaos en la procesión fue constante y se fueron incorporando durante todo el recorrido. Unos iban y otros venían, sorprendiendo de nuevo a la gente cuando recorrían las calles para salir o entrar a la procesión. Gente que móvil en mano grababa o sacaba fotos para inmortalizar el momento. Gente que responde con reacciones muy dispares al rito de la penitencia.

Con las primeras luces llegaban al castillo para poner fin a la primera de las procesiones de esta Semana Santa. Por la noche, en la Hora Santa volvieron a disciplinarse dentro de la iglesia. Y hoy realizarán el recorrido del Calvario en el Vía Crucis y el mismo de ayer en la procesión de la Santa Cena.

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