La Rioja

El partido partido

En la larga temporada de Manuel Fraga como máximo jefe del Gobierno gallego, condición que compaginaba con su jefatura del PP de esa región, tuvo que acostumbrarse a mil equilibrios para que el interior del partido se viera presidido por una cierta calma: convivían en su seno dos almas, dos corrientes que se detestaban con esa clase de belicosidad que sólo se reserva para el correligionario. Aquel pulso acabó por adquirir el aspecto de un duelo entre los dirigentes urbanitas (con un tal Mariano Rajoy al frente) y los enrocados en el interior de Galicia. La prensa, siempre tan ingeniosa, denominó ese pulso como una batalla entre los del birrete y los de la boina.

Alguna similitud presenta aquel panorama (que por cierto desembocó en la victoria del PSOE en las autonómicas en perjuicio de un PP chapoteando en el cainismo) con el aspecto que ofrecen las andanzas de José Ignacio Ceniceros y Cuca Gamarra en las vísperas congresuales. Desde luego, su partido también está partido. Como pudo evidenciarse el sábado: quien acudiera desde el hotel logroñés donde la alcaldesa reunió a los suyos hasta el recinto de Albelda donde se congregaron los afines al presidente, observaría que así como en el primer caso era muy visible la presencia de la militancia urbana, las bases de La Rioja rural copaban la mayoría de sillas alrededor de su candidato. Ambas partes sostienen que en realidad cuentan con un apoyo extendido cual mancha de aceite: Gamarra también dispone, en efecto, de apoyos surgidos del interior de la región y algún respaldo sumará por supuesto Ceniceros entre la militancia de Logroño y las cabeceras de comarca, pero el reparto de papeles obedece a esa misma lógica que tanto dañó al PP gallego: un partido, dos almas. A las que resulta difícil poner de acuerdo.

Lo sabía bien Pedro Sanz cuando, procedente del mundo rural de La Rioja, se hizo con los mandos del partido. En Logroño nunca fue el todavía presidente la referencia que sí conseguía ser cuando abandonaba la capital: por esa razón se rodeó de un grupo de lugartenientes cuya configuración fue variando con el paso del tiempo pero que siempre le garantizaban un perfil logroñés, donde reside la mitad de la población y más o menos la mitad de la afiliación. Porque liderar el PP sin contar con Logroño es una proeza tan complicada como su envés.

Y gobernar La Rioja con un partido partido parece casi imposible.

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