La Rioja

El juego de las diferencias

  • Frente a la teatral puesta en escena de Gamarra, el presidente exprime su perfil bajo incluso para oficializar su candidatura

En los corrillos de periodistas florecía el viernes por Santa Coloma un runrún: cómo contragolpeará José Ignacio Ceniceros al anuncio que Cuca Gamarra oficilizaba esa mañana. ¿Convocaría a la prensa al día siguiente, de modo que se asegurase la portada del domingo, el día de la semana con mayor impacto en los quioscos? ¿Optaría por formalizar su anuncio en un rincón de La Rioja de tan alto poder simbólico como el elegido por Cuca Gamarra? ¿San Millán, por ejemplo? ¿Cameros, tal vez? ¿Y apuraría Ceniceros los límites fijados por el calendario, que concedía hasta ayer plazo para presentarse?

Adicto al hermetismo, el recién proclamado aspirante a la presidencia del PP siguió también en este caso los dictados de su propio perfil, tan refractario a la sorpresa. Aunque algo de sorprendente sí tuvo su anuncio, porque lo desveló en un acto de Gobierno. Él, el mismo Ceniceros que hace unos días había avisado que semejantes declaraciones no invadirían nunca el cauce por donde discurren las aguas del partido. Y porque esa confidencia que se permitió con los periodistas en La Fombera llegó apenas unos minutos después de que fuera desmentido que hubiera lugar a cualquier pronunciamiento: desde su entorno habían alertado a los periodistas, a medida que llegaban al Centro Tecnológico, de que no esperasen declaraciones de su jefe sobre otro particular que no fuera el asunto que le llevaba hasta allí, la presentación de la Agenda Digital.

En esos detalles Ceniceros sí se salió del guión, como huyó de lo previsible en su peculiar decisión de hacer pública su candidatura de tapadillo. Una presentación semiclandestina que choca con la teatralizada puesta en escena de su rival: Gamarra convocó a los medios de comunicación en la cuna del riojanismo, pronunció una solemne declaración, atendió luego a las preguntas de la prensa... No es la única diferencia observada entre uno y otro anuncio: mientras los afines a la alcaldesa pugnan estos días por contener esa cierta euforia que les domina, los seguidores de Ceniceros confesaban ayer su asombro por el modo en que se habían enterado de que su jefe no sólo veía llena la piscina, sino que ya llevaba unos días chapoteando en ella. Fantaseando con la pretensión de suceder a Pedro Sanz: el mismo Sanz que sólo unos minutos después de ese sorprendente anuncio de Ceniceros se ponía bajo los focos públicos para reclamar su propia cuota de protagonismo. Para entonar su adiós.

De hecho, la noticia de que Ceniceros se postulaba para encabezar al PP riojano aterrizó en la sede de Duquesa de la Victoria mientras los periodistas se acomodaban, aguardaban a que Sanz despachara el cafelito y atacara esa despedida programada en varios actos: un adiós por etapas, cuya línea de meta se adivina hacia el 1 de abril. Hasta entonces, queda tiempo para que Ceniceros revele lo que ayer se resistió a oficializar: para qué quiere presidir su partido. Qué modelo del PP promete, sobre qué piezas construirá su proyecto, qué clase de porvenir atisba si finalmente los militantes le conceden su apoyo. Se ignora. Ese tipo de información expresa siempre puede esperar: es preferible embarcar a la prensa en ese divertido juego de interpretar silencios, traducir tics o buscar significados misteriosos a las palabras, ese pasatiempo donde reside otra de las diferencias entre candidatos. Entre quienes explicitan sus ambiciones y quienes prefieren que sus intenciones se deduzcan de sus discursos una vez desencriptados.

Así que el descodificador de guardia tiene trabajo. Debe releer la intervención que Ceniceros pronunció en La Fombera. Repasar sus renglones detectando alguna idea subliminal y concluir que tal vez, mientras en teoría hablaba sobre la Agenda Digital, dirigía un mensaje oculto a sus potenciales votantes del PP. Por ejemplo, cuando confesaba su anhelo por «nuevos entornos colaborativos». O cuando alertaba de la inminente llegada de un futuro donde será preciso permanecer «en vigilancia permanente», un escenario donde «por delante siempre estarán las personas». Incluyendo, se supone, a esas personas del PP a quienes pretende pedir el voto pero evita de momento comunicarlo. Porque en eso también Ceniceros es diferente.