La Rioja

Somos de plástico

Somos de plástico
  • Los españoles usan por primera vez más las tarjetas de crédito que el dinero en efectivo

Somos de plástico. Igual que somos del Madrid, o del Barça: los españoles nos hemos decantado finalmente, y ya hemos entregado nuestro «amor» financiero (o al menos, el consumista) a la tarjeta de crédito.

El año definitivo de nuestro cambio ha sido el 2016. En el año pasado, por primera vez los españoles pagamos más dinero con tarjeta de crédito en las tiendas (124.400 millones) que el dinero que sacamos en efectivo en los cajeros (118.000 millones).

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Curiosamente, no es que hayamos sacado menos dinero en los cajeros: en el 2015 fueron 114.000 millones. pero sí ha aumentado mucho el uso de la tarjeta: ha pasado de 114.000 millones a los 124.000 mencionados antes.

Y nos ha costado. Los números indican que España sigue por detrás de otras economías occidentales en el uso de los medios electrónicos de pago, así que el 'sorpasso' se ha hecho esperar hasta este 2016, con el repunte del consumo interno que ha empezado a empujar por fin a nuestra economía por el aparente buen camino.

De hecho, el Banco de España señala que el uso de las tarjetas de crédito en compras ha subido por encima del 10%, algo que no se veía desde el 207, justo antes del estallido definitivo de la crisis. Quizá también influya la comodidad: en las calles españolas cada vez hay menos cajeros, porque las entidades han cerrado unos 50.000 desde el estallido de la burbuja.

Pero puestos a usar la tarjeta (cada vez más, y la tendencia continuará) mejor usarla con cabeza. Y recordar algunas normas que no por evidentes siempre tenemos en cuenta.

El contrato. Como en prácticamente todas las transacciones económicas, tenemos que tener negro sobre blanco a qué nos comprometemos y en qué condiciones. En lo referente a las tarjetas de crédito, es muy importante tener claros unos cuantos puntos: el límite de crédito que tenemos; las cuotas a pagar (muchas veces se puede pactar una cuota fija) y, si están sujetas o no a interés; el tipo de interés (TAE) al que está sujeto el uso de la tarjeta.

Las comisiones. las tarjetas cuestan dinero por los intereses que cobran (las que lo cobran) pero también por las comisiones que suponen. En especial, en España ha crecido mucho en los últimos años el coste de sacar dinero en cajeros ajenos a la red del banco emisor. Conocer esas comisiones evitará sustos.

El riesgo. Encadenar créditos impagados de tarjetas, en ocasiones pagando deuda de una tarjeta con el saldo de otra es una receta más común de lo que parece para el desastre financiero. En este caso, como en casi todos, es recomendable tener un presupuesto mensual de lo que se puede gastar con una tarjeta, y atenerse a él. Por economía, pero también por pura lógica: los intereses por descubierto son los más altos de entre los ordinarios. Mucho ojito.

Seguridad. No la pierda de vista. Lo mejor es que para pagar la inserte usted mismo en el terminal, pero si no es posible, que toda la operación se desarrolle delante de usted. No pida ni acepte ayuda de extraños en los cajeros. Una obviedad que mucha gente olvida: memorice el PIN y, por lo que más quiera, no lo lleve en un papelito en la misma cartera. Eso sí que es dar facilidades. Muchos bancos incluyen entre sus servicios que el cliente reciba un mensaje en su teléfono cada vez que se use su tarjeta, o cuando se supere una cierta cantidad.

Y si me la roban o la pierdo. Lo principal es llamar pronto. No espere al día siguiente para ir a su oficina, o le costará dinero. Desde el momento en que usted da aviso a su banco (o a la entidad emisora, como Visa, MasterCard.) es el banco quien tiene que correr con los costes de lo que roben usando su tarjeta. Hasta ese momento, le tocará a usted pagar. Eso sí, con un límite de 150 euros.

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