La Rioja

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Teresa, Teresa, Ángeles, Ana y María Paz en su día eran minoría en su profesión. / Sonia Tercero

Pioneras en un mundo de hombres

  • En la semana del Día de la Mujer, seis mujeres relatan su experiencia en sectores antaño masculinos

  • Estas mujeres prefieren seguir denominándose abogado, médico, arquitecto o ingeniero en vez de feminizarlo

Les tocó abrir puertas hasta entonces apenas traspasadas por mujeres, pero aun así no sienten que hayan hecho una cruzada por la profesión femenina, simplemente, subraya la mayor de todas, María Paz Rodrigo, «hemos demostrado con hechos que podíamos hacerlo». En una semana especialmente marcada por la celebración del Día Internacional de la Mujer, el miércoles día 8, Diario LA RIOJA se reúne con mujeres pioneras en profesiones que en sus inicios tenían un corte más masculino: abogado, arquitecto, médico, veterinario, ingeniero industrial e ingenierio agrónomo.

María Paz Rodrigo es la veterana del grupo, 87 años. Su lucidez mental deslumbra. «Estudié Leyes en Zaragoza, éramos dos chicas en clase, que seguimos teniendo contacto, aunque ella nunca llegó a ejercer», explica. Le gustaban las letras y tras muchas dudas acabó decidiéndose por el Derecho. «Mis padres lo aceptaron muy bien. A la que acosaron un poco sus amigas fue a mi madre, que le decían 'por Dios, una chica, si con esas cosas pierden la belleza». Tras la universidad llegó el momento de enfocar su carrera y prácticamente solo le quedó un camino. «En aquella época las oposiciones para áreas como Notaría, por ejemplo, estaban vedadas para las mujeres. Así que me recomendaron que ejerciese la profesión libremente y acabé poniendo mi despacho», recuerda.

Aunque en sus palabras no hay reproches por las dificultades iniciales por el hecho de ser mujer, sí que reconoce que los principios no fueron fáciles. «A la gente en general le sorprendía que una mujer fuese abogado, aunque tanto los compañeros como en la magistratura me acogieron bien. Supongo que muchas personas pensarían 'qué disparate', pero no me lo dijeron», apunta con humor. María Paz Rodrigo fue la primera mujer en el Colegio Oficial de Abogados de La Rioja y durante veinte años, la única.

Pero aun en ese mundo de hombres, en el que como recuerda no podía ni abrir una cuenta a su nombre ni ir sola al banco, «dependías de tus padres y luego pasabas a estar sometida a tu marido», ella encontró su hueco. «Siempre me ha parecido que lo mejor que podía hacer era mostrar con hechos que se podía llegar a esa igualdad; ahí demostré, a pesar de las dudas de la sociedad, que yo podía ejercer normalmente la abogacía. Esas inquietudes hacia la mujer creo que se han vencido».

Su prodigiosa memoria le permite recordar incluso el primer caso que defendió y cómo le miraban cuando se acercaba al estrado «como a una bomba de relojería, ¿qué hará esta mujer?». «Era por lo penal, que no ha sido precisamente el tipo de casos que más he atendido, y se trataba de un cliente catalán. Él tenía mucho miedo a que le defendiera, pero yo tenía más, aunque él no lo notaba. Así que, con mucho pundonor, preparé bien el asunto y acabó felicitándome el tribunal y aquello me dio ánimo; luego gané el caso», relata divertida María Paz Rodrigo.

Magisterio antes de Medicina

María Rosario Felices es una de las primeras colegiadas mujeres en el Colegio Oficial de Médicos de La Rioja. Poco dada al protagonismo, reconoce que no se sintió rechazada en la Universidad de Zaragoza cuando estudió en los sesenta, ni tampoco en el ejercicio de la profesión (radióloga), pero para poder cursar su ilusión tuvo que hacer méritos: «Mis padres me obligaron a estudiar Magisterio previamente, una carrera más habitual en mujeres, por si acaso fracasaba en Medicina».

Madre y abuela, «de lo que en el fondo estoy más orgullosa», María Rosario sigue acudiendo a su clínica de radiología algún día a la semana, «por mantenerme activa». Pero si echa la vista atrás admite que «es un hándicap ser mujer. Era mucho más duro ser profesional: la mujer es más emocional, el hombre es más pragmático; nosotras tenemos más desarrollado el sentido de la responsabilidad e intentas compaginar la vida familiar y laboral».

Misma tarifa que el hombre

Su nombre, Ana Achiaga, es el de mujer arquitecto más veterana en el Colegio Oficial de Arquitectos de La Rioja. «Sigo diciendo que soy arquitecto, no arquitecta», reconoce y el resto de las presentes le secundan en mantener la forma 'neutra' o masculina en la denominación de sus profesiones. En el caso de Ana Achiaga, a la que le gustaba el dibujo y las matemáticas, se decantó por la Arquitectura sin imaginarse la dificultad de la carrera: «Era dura, pero me la saqué». Ella insiste en que no ha visto diferencias salariales, «lo he ejercido de forma liberal, en un estudio que monté con mi marido, y las tarifas eran iguales entre hombres y mujeres». Lo que sí le tocó vivir fue la perplejidad de los presentes cuando acudía a una obra. «Se te quedaban mirando primero y luego pendientes a ver si metías la pata. Era importante hacerse respetar, tampoco ir de chula, sino seria».

Sin talla de calzado

Teresa Espada no fue la primera colegiada como veterinaria en La Rioja, según el Colegio Oficial lo fue Sabina Iglesias en 1962, ya fallecida, pero es hoy de las más antiguas a sus 61 años. Aunque también insiste en que en general no ha sentido discriminación, en sus primeros años de profesional, entonces en Cuenca, por el hecho de ser mujer le saltaban de unas listas de trabajo en las que estaba la primera. Ya en La Rioja, «en la zona de Ausejo fui la primera veterinaria; pensarían lo que pensarían, pero no me dijeron nada». Cuando ya pasó de lleno a la Administración, en la Consejería de Ganadería, le surge una anécdota: «Nos tenían que dotar de calzado especializado, éramos dos mujeres y nos trajeron unas botas varios números más grandes porque no había otras. Muestra de que no era lo habitual».

En La Rioja la presencia de la mujer en el ámbito de la Ingeniería Agrónoma está asentada y ya se tiene peso en el sector enológico, pero cuando Ángeles Escudero, de Grávalos, la estudió, no hace tanto, en 1982, era menos frecuente. «He vivido el campo muy de cerca; soy la pequeña de la familia y la única que he ido a la universidad. Precisamente fue en casa donde me animaron a estudiar esta carrera», apunta. Después su vida laboral se ha desarrollado en la empresa familiar, Bodegas Benito Escudero, y a pesar de tener solo 52 años es la más antigua de su colegio profesional...

La más veterana con 59 años

Otra muestra de la diferente evolución de las carreras es el caso de Teresa Angulo, la colegiada más antigua del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales, con 59 años. «Quizás es una carrera que siempre se ha asociado a industria, a actividades menos atractivas aparentemente... Pero en realidad es de amplio espectro, yo por ejemplo siempre he trabajado en empresas de servicios», subraya quien en la actualidad trabaja en la Dirección General de las Tecnologías de la Información y Comunicación (DGTIC) de La Rioja.

¿Ha tenido que abrir puertas? «A veces es más lo que piensa el resto del mundo que lo que es», asegura Teresa, y las demás asienten. Sin embargo, aclara: «Sí es cierto que siempre tenemos que demostrar más que valemos y que hay ocasiones un poco curiosas, como en las prácticas de la carrera, en la que estábamos dos chicas por 78 chicos, y se generó expectación por vernos en buzo. También viví en una empresa el temor de que una mujer (era la primera en esa división) les desestabilizara».

Y tras una animada conversación una reflexión la cierra: el gran reto es la figura de la mujer ejecutiva, en puestos de responsabilidad. «Se necesita apoyo social, que todos, hombres y mujeres, nos lo planteemos».

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