La Rioja

La pérdida de la inocencia

Pablo Baena, Diego Ubis, Julián San Martín y María Luisa Alonso rodean a Albert Rivera durante un mitin en Logroño en el 2015. :: s.t.
Pablo Baena, Diego Ubis, Julián San Martín y María Luisa Alonso rodean a Albert Rivera durante un mitin en Logroño en el 2015. :: s.t.
  • «Inocente es quien no necesita explicarse» albert camus

La Rioja ejerce en el panorama nacional la magra influencia que se desprende de una cifra: el número 17. Porque siendo la decimoséptima región de España por población, su peso en el conjunto del país se corresponde con tan escasa dimensión, salvo señaladas excepciones. Alguna tiene que ver con Ciudadanos: puesto que el Parlamento riojano es uno de los pocos Legislativos autonómicos donde la formación naranja se reserva un papel decisivo; y puesto que su contribución resulta clave para la gobernación de la Comunidad, en cuanto pueden Albert Rivera y demás líderes señalan hacia La Rioja como ejemplo de que sus políticas acaban siendo trascendentales para mejorar (en teoría) las condiciones de vida de los administrados. O, al menos, para dotar de solidez a los gobiernos a los que apoyan (por la vía de abstenerse). Así que La Rioja será pequeña, cierto; pero para Ciudadanos tiene su importancia.

Se entenderá por lo tanto que la cúpula del partido se viera obligada en su día a pronunciarse a cuenta de los sobresaltos ocurridos en su territorial riojana: grabaciones clandestinas, enredos burocráticos, asignaciones bajo sospecha... Un complejo lío, merecedor de la atención de los jefes nacionales, cuyo epicentro se sitúa en el Ayuntamiento de Logroño, donde la formación naranja también sostiene al Gobierno local: se ignora por qué tanto barullo no alcanza sin embargo al Parlamento. Será que la distancia observada entre sus líderes parlamentario y municipal alcanza incluso a la implantación de hábitos distintos en sus respectivas conductas: la oposición que encarna el equipo dirigido por Diego Ubis será elogiable o reprochable, pero se mantiene fuera del alcance de titulares escandalosos. Sus únicos agobios son los propios de la curiosa estrategia que sigue Ciudadanos a toda escala: eso tan raro de ser a la vez parte del Gobierno y parte de la oposición. Lo cual garantiza convulsiones como la recién vivida en el Parlamento: apoye usted un Presupuesto que debe retocarse nada más irse de La Rioja el ministro de Fomento...

En el Ayuntamiento, por el contrario, la formación naranja añade a los sofocos propios de la acción política los derivados de una larga serie de contratiempos, que habrá quien achaque con razón a las particularidades de una formación casi neonata. ¿Pecados de juventud? Tal vez. Aunque hay quien no se conforma con semejante dictamen: para un grupo de afiliados críticos con el funcionamiento del partido, los vaivenes en la gestión deben endosarse a una dirección donde detectan elevadas dosis de oscurantismo. «Eso de que todos los problemas se deben a nuestra inmadurez ya no se sostiene», alegan miembros de esta facción, disconformes con el pilotaje de sus dirigentes regionales, a quienes achacan una reciente derrota: según su versión de las elecciones a compromisarios para la asamblea que encumbra este fin de semana a Albert Rivera, la votación supuso un triunfo de las voces disconformes.

Una idea que, sin embargo, desmienten desde la cúpula regional («Los elegidos son personas independientes que quieren influir en el futuro del partido; yo no las veo como críticas, sino como leales», asegura la coordinadora regional, María Luisa Alonso) y que matizan otras fuentes, cercanas a algunos de los elegidos. Que son los siguientes: Pablo Baena, quien se llevó 51 votos; Elvira González, que obtuvo 45; Sheila Rojo (con tres menos, 42); y María López, con 32. Desde el entorno de estas tres compromisarias rechazan admitir que su elección puede interpretarse como una derrota del oficialismo, aunque debe anotarse que dos de ellas (González, concejal en Logroño, y Rojo) han presentado enmiendas a la totalidad de los Estatutos que se votarán en la asamblea de hoy. ¿En qué sentido? Por ejemplo, en reclamar más flexibilidad a la hora de convocar primarias. Un discurso que profundiza en la línea de mejorar la democracia interna, un viaje de vuelta a la esencia de Ciudadanos, que debería incluir a su juicio mejoras en el proceso de votaciones, muy en entredicho, que otros militantes cuestionan más crudamente: «Creer en el sistema informático de votación es un acto de fe porque el acceso se lo reserva la propia dirección del partido». Para este sector descontento, que preserva de sus críticas al grupo parlamentario, predominan en su partido la opacidad y los malos modos «contra quienes no estamos de acuerdo con la dirección». Y añaden: «La democracia interna es un chiste y la transparencia, otro».

Transparencia. En su nombre se agrupan en La Rioja quienes demandan ese regreso a las fuentes de donde empezó a manar la buena nueva naranja. Una idea que incluso pueden hacer suya egregios integrantes del aparato, aunque en líneas generales no observen graves problemas de funcionamiento en su partido. «No hay críticas a la dirección», subrayan desde la cúpula, «más allá de rencillas personales». Y añaden: «El que tiene poder dentro de cualquier partido siempre tiene que dar algún palo».

De hecho, para otro alto dirigente, «que existan distintas corrientes de opinión es algo saludable, razonable, siempre que se mantengan en cauces respetuosos». «Qué bueno sería que en todos los partidos hubiera el debate que tenemos nosotros», agrega este responsable, quien asegura sentirse «reconfortado» por el elevado nivel de discusión interna. «Aquí impera la libertad de opinión», proclama. «No hay línea oficial sino distintas sensibilidades», prosigue, aunque también admite algún asomo de autocrítica: entre sus planes cuando nació Ciudadanos no figuraba tropezarse con las luchas de poderes que se observan. ¿Resumen? Una apuesta por el optimismo: «Estoy seguro de que vamos a madurar». Y perdida al fin toda inocencia, prevalece el mensaje lanzado desde las áreas menos afines al oficialismo: «Sigo pensando que Ciudadanos es el partido que necesita España».

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