La Rioja

ANTIGUA TRADICIÓN

El 'supurao' o 'supurado' es un vino dulce de antigua tradición riojana, cuya elaboración estaba perdida, aunque por fortuna se conservó en la memoria de algunos viejos viticultores, lo que ha permitido transcribir su receta de elaboración a textos escritos y rescatarlo del olvido gracias al viticultor Miguel Martínez en la localidad de Sojuela.

El origen supurao es el colgado de racimos de uva en locales cerrados secos y ventilados para alargar su consumo como fruta después de la vendimia. La consecuencia es la deshidratación progresiva (pasificación) de los granos de uva colgados, hasta llegar a un punto donde resultaba difícil de consumir de forma directa como fruta, cosa que sucedía ya bien entrado el invierno. Pero en la economía rural de antaño, nada se desaprovechaba y así nació el vino supurado.

Bien de forma individual o más frecuentemente de forma colectiva, los viticultores reunían los racimos de uva pasificados, con granos de uva supurados o exudados de mosto, llevándolos a una prensa de husillo tradicional, donde se obtenía un mosto muy dulce, con una elevada riqueza en azúcares entre 350 a 400 gramos por litro. Con una lenta fermentación, ralentizada por el frío invernal, hasta alcanzar una graduación alcohólica moderada (unos 12 grados), de forma espontánea la fermentación se paraliza, quedando con un abundante resto de azúcares y resultando un vino dulce de singulares características sensoriales.

En aquellas duras condiciones rurales, este producto gozaba de la máxima consideración. La tradición mandaba elaborar este vino por el nacimiento de un hijo o hija y el viticultor conservaba el vino en barrica o en botella durante años. Con el casamiento, el padre obsequiaba a los invitados a la boda con este excelente vino dulce natural.

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